
Vivimos una circunstancia extraña, el gobierno de Javier Milei carece de una política para el transporte, lo que lleva a unos a preocuparse por el transporte aéreo, a otros por el vial y otros por la necesidad de reactivar servicios ferroviarios y fluviales, sin considerar la cuestión en general.
Argentina es un país muy extenso, que necesita una política de transporte integral y coordinada que priorice la intermodalidad y la equidad territorial; sin ella las decisiones sectoriales (aéreo, vial, ferroviario, fluvial) generan ineficiencias y costes sociales y económicos evitables.

El estado actual de la infraestructura de transporte terrestre es de regular para abajo, con carreteras de alta densidad de tránsito en un estado calamitoso, que hace riesgosa la circulación y encarece la logística.
El transporte terrestre: Ferrocarril

El servicio ferroviario de cargas ofrece una velocidad de circulación alrededor de 20 Km/h en promedio, lo que pone en evidencia una infraestructura en el límite de su capacidad (ver El camión le gana al avión).
Los pocos servicios de transporte de pasajeros son impresentables, 32 horas entre Tucumán y Retiro, 20 horas entre Córdoba y Retiro, seis horas entre mar del Plata y Constitución y cinco horas Rosario Retiro (ver tablas en: ¿Alguien piensa en el futuro del transporte de viajeros en Argentina?).
A partir de 1983 el gobierno de Raul Alfonsín se limitó, en un cuadro de crisis económica y financiera, a mantener el sistema vigente de trasnporte como se podía.
Con el gobierno de Carlos Menem se comenzó con aquel eslogan famoso, “ramal que para, ramal que cierra” que fue más un argumento de política gremial que de transporte.
Se justificaba la supresión de servicios por las pérdidas que se originaban en su funcionamiento, se decía que los ferrocarriles perdían un millón de dólares por día, pero no se analizaban las causas de esas pérdidas ni las consecuencias de su supresión.

Se ensayaron privatizaciones, que terminaron en casos de grosera corrupción, que culminó con el accidente de Once que generó 52 muertos y decenas de heridos. Se hizo realidad aquello tan temido de que la “corrupción” también mata.
El transporte terrestre: Carreteras
El deterioro de la infraestructura vial y la corrupción del sistema que funcionaba alrededor de la Dirección Nacional de Vialidad, nos llevó a la paralización actual, no se hace nada. La inacción hasta podría ser una forma de corrupción.

Con este gobierno se paralizó la obra pública sin tener en cuenta “los costos hundidos” que generó la suspensión abrupta, no solo de obras sino del mantenimiento.
La crisis del transporte no solo se refiere a servicios de larga distancia en una competencia ilógica entre el ómnibus y el avión, sino la conectividad interna de provincias y regiones.

La constitución reformada en 1994 habilitó la posibilidad para que las provincias conformen regiones. El art. 124 dispone que; “Las provincias podrán crear regiones para el desarrollo económico y social y establecer órganos con facultades para el cumplimiento de sus fines y podrán también celebrar convenios internacionales en tanto no sean incompatibles con la política exterior de la Nación y no afecten las facultades delegadas al Gobierno federal o el crédito público de la Nación; con conocimiento del Congreso Nacional. La ciudad de Buenos Aires tendrá el régimen que se establezca a tal efecto…”
Es decir, la falencia no solo es del gobierno nacional sino también de las provincias que ahora disponen de modo expreso de la posibilidad descripta.
Esa conectividad interna de las provincias y regional, como es el caso de la Patagonia, de las provincias de la Mesopotamia, la zona de Cuyo, por mencionar algunas y obviamente ese conglomerado compuesto por la CABA y el gran Buenos Aires que exige una armonización de políticas para el transporte que también compromete al gobierno nacional.

Un país extenso
Otra cuestión que se debe analizar es el mercado del transporte en zonas de poblaciones escasas y alejadas entre sí, que lo vuelven más costoso. Esto implica que por lo menos en un inicio, quizás diez años, sea necesario implantar una política de subsidios.

La Argentina en materia de transporte es un país difícil, ya que el 35% de la población está concentrada entre la CABA y el conurbano. A su vez es el octavo país del mundo por extensión de superficie.
¿El transporte aéreo es la solución?
Hoy por hoy, en lo inmediato el transporte aéreo, podría ser parte de la solución de esta cuestión, pero en un esquema de una política integral para el transporte, pero va de suyo que la nación y las provincias deberán diseñar un sistema de financiamiento que necesariamente tendrá costo fiscal.
Así es. Dénse una vuelta por La Pampa. Cada vez menos vuelos a BUE (con Macri teníamos vuelo diario, el gobierno de Fdez nos sacó dos y cambió los horarios, y ahora quitaron otra frecuencia). Las rutas, tanto nacionales como provinciales, más allá de los tramos que están en pésimas condiciones, son de dos carriles. Somos la única provincia sin un solo km de autovía.
sin respuestas. Este señor atrasa 50 años
No le respondás a Potenze Fernando, pero proponele a Gaceta Aeronáutica un texto donde hagás presente tu visión estratégica para resolver los problemas del transporte aéreo argentino. Tu experiencia y prolongada trayectoria en el ambiente seguramente te otorga credenciales para opinar y proponer nuevas ideas.
https://www.linkedin.com/in/fernando-dozo-a93ba815/details/experience/