
Inspirada (muy a grandes rasgos) en la novela homónima de William Brinkley (Viking Press/Ballantine Books, EE.UU., 1988), sus primeras cuatro temporadas cuentan la historia del USS “Nathan James” (DDG-151), un destructor norteamericano clase Arleigh Burke que salva a la humanidad de una epidemia viral que mata al 80% de la población mundial y de la subsecuente hambruna que afecta al planeta en una fecha imprecisa del Siglo XXI.
Sus personajes principales son el capitán norteamericano Tom Chandler (protagonizado por Eric Dane) quien comanda el buque hasta la cuarta temporada, su oficial ejecutivo Mike Slattery (Adam Baldwin), el suboficial encargado del buque, Russell Jeter (Charles Parnell), los oficiales Danny Green (Travis van Winkle) y Kara Foster (Marissa Neitling) y la agente de la CIA, Sasha Cooper (Bridget Regan).

El primer episodio de la quinta temporada comienza tres años después de superadas las hecatombes globales de las cuales nos rescataron el “Nathan James” y su tripulación, el mundo aparenta vivir una nueva era de paz y las naciones recuperan el ritmo de desarrollo socio-económico que propone el “nuevo orden mundial” postapocalíptico.
Pearl Harbor… ¿otra vez?
Pero, sorprendentemente, es en propio continente americano que se dispara el hilo dramático que dará sustento al resto de la temporada 5: Sudamérica se ha unificado en una nueva nación, la “República de la Gran Colombia”, y el presidente Gustavo “Tavo” Barros (Maurice Compte) anuncia a su pueblo que ha llegado “la hora de tomar nuestro lugar en el orden mundial y de hacer de nuestro continente una nación gloriosa y libre”.
Y, precisamente en el momento en que EE.UU. celebra la reconstitución de su primera flota naval postapocalíptica, las fuerzas armadas gran colombianas que lidera un incómodo general Héctor Martínez (Rigo Sánchez) lanzan un sorpresivo doble ataque sobre la que sería la heredera natural de la actual Cuarta Flota del Comando Sur de los EE.UU.

Gran Colombia neutraliza primero los sistemas informáticos y satélites militares de los EE.UU. con un ataque cibernético lanzado con un pendrive desde un cibercafé colombiano (¿puede ser tan “berreta” la ciberseguridad militar postapocalíptica norteamericana como para ser incapaz de impedir un ataque tan amateur como este?) e, inmediatamente a continuación, dos escuadrillas de aviones IA-58 Pucará la emprenden contra la flota anclada en la base naval de Mayport, en las afueras de Jacksonville (Estado de Florida).
El efecto del ataque es devastador ya que se ejecuta a plena luz del día mientras en tierra se desarrolla una jornada de puertas abiertas en la que la población civil confraterniza con los marinos de la renacida Cuarta Flota, destruyendo o dañando al buque de desembarco y cuatro de los cinco destructores de la renacida flota, más dos AV-8 Harrier y tres H-60 Seahawk que se exponen en el primero de ellos.
Los atacantes baten los principales blancos navales con lo que parecen ser bombas rompepistas “adaptadas” Durandal (francesas), bombas planeadoras LS-6 (chinas) o misiles aire-tierra Brimstone (británicos) disparados desde lanzadores triples subalares y luego rematan blancos menores con cañones 20 mm y/o ametralladoras 12,70 mm.

A pesar del efecto sorpresa, el ataque no es enteramente gratuito para la fuerza aérea gran colombiana. Como en toda película de acción norteamericana que se respete, los protagonistas de la serie se cobran dos bajas entre los Pucaráes atacantes: Con sus blancos uniformes de gala enmugrecidos en el fragor del combate, Slattery derriba un Pucará disparando una ametralladora antiaérea y Chandler hace lo propio con un misil tierra-aire portátil FIM-92 Stinger.
¿La «Primera Guerra del Patio Trasero»?
Dejando de lado los golpes bajos gratuitos de los guionistas, tales como el ridículo saludo militar de las fuerzas gran colombianas o mostrar que la estrategia política de “Tavo” es conducida por las cartas del tarot de su esposa, la serie propone una hipótesis de conflicto que nunca antes vimos en este tipo de ficciones: ¡EE.UU. admite que podría entrar en guerra con una América Latina unificada!
Y la idea es, por decir lo menos, sorprendente porque no proviene de una escuela de pensamiento de línea dura tercermundista y anti-imperialista, como la que hoy encarnan por ejemplo el presidente venezolano Nicolás Maduro o los comentarios que varios de nuestros lectores seguramente dejarán al pie de esta nota, sino de productoras bien norteamericanos o un canal de cable re-conocidamente liberal…

La serie fue producida por Michael Bay, Hank Steinberg y Steven Kane (los últimos dos son, además, sus guionistas) bajo contrato con TNT, el canal de cable del grupo Turner que transmite a buena parte del globo, incluyendo América Latina.
Evidentemente, el guión plasma un escenario geopolítico que no puede ser mero resultado de la fantasía de los guionistas: La serie tiene buena llegada con la armada norteamericana, que no solo ha facilitado sus destructores USS “Halsey” y “Dewey” o el museo del USS “Iowa” para filmar en escenarios realistas; sino que también la condecoró con una medalla al servicio público distinguido por, como indicó Ray Mabus, Secretario de Marina en junio de 2016, “mostrar a la armada correctamente” y bien podría haberles facilitado algo más que «algunas ideas» para dar estructura al relato…
Y, visto que la serie sólo se transmite o comercializa en los EE.UU. y Europa, es fácil concluir que el radical cambio de rumbo del guión que llegó a la pantalla chica este otoño boreal parece querer explotar el atractivo que la historia puede tener ante una audiencia doméstica norteamericana que muestra no poca simpatía por discursos xenófobos como el de un presidente que durante su campaña electoral no deja de culpar a América Latina de varios de los males que aquejan a su país…

Infelizmente, nuestras elucubraciones quedarán sólo en eso porque nuestros mensajes pidiendo entrevistas para contrastar ideas con los creativos detrás de la serie nunca fueron respondidos (escribimos a los community managers de la serie y a uno de sus guionistas/productores también por Facebook Messenger y a Turner Corporation y su filial regional TNT para Latinoamérica por correo electrónico).
Véala en cualquier parte… ¡excepto su canal de cable amigo!
Habiendo debutado el 22 de junio de 2014, la serie completará próximamente cinco temporadas y 56 episodios. Su quinta y última temporada debutó el 9 de septiembre de 2018 y consta de diez episodios que terminarán de emitirse el próximo domingo 11 de noviembre.
Como dijimos un par de párrafos más arriba, la serie sólo se transmite por las frecuencias que TNT emite en el Hemisferio Norte (EE.UU. y Europa); pero no por su señal latinoamericana. Tampoco es posible comprarla por distribuidores digitales de alta definición tales como Amazon o iTunes, quienes exigen pagar sus descargas con tarjetas de crédito domiciliadas en los EE.UU.

Pero tampoco hay que llegar al extremo de incursionar por BitTorrent o en la “deep web” para poder verla: Basta con buscar con algo de dedicación en Dailymotion o YouTube para rescatar versiones de no tan alta definición de varios de sus episodios.
Aunque, más allá de las secuencias donde aparecen los IA-58 en el primer y tercer episodio, la serie no vale mucho la pena porque es una mala extrapolación del género que le dio origen, está repleta de iconos patrioteros y lugares comunes prejuiciosos y su guión es demasiado predecible…
¡Que Tom Clancy se apiade de ellos!
Reconocimientos: Guillermo Acerbi, Eduardo Cancino-Román, Facundo Rovira y Javier “Javo” Ruberto colaboraron en la elaboración e ilustración de esta nota. Fuentes consultadas en Internet: IMDB, Latin Times, The Last Ship (Twitter y Facebook), United States Navy y Wikipedia.