Lockheed U-2

De aquellas notas de un cuaderno Rivadavia a «Operaciones Aéreas y Actividades Espaciales de la Guerra Fría en Argentina»

El 29 de septiembre de 1987 faltaba todavía un día para que yo cumpliera dieciséis años, por lo que técnicamente todavía tenía quince.

La fecha quedó registrada en el margen superior izquierdo del cuaderno anillado de tapas duras en el que iba registrando, obviamente a mano, las entrevistas con aquellas personas del ambiente aeronáutico que accedían a brindarme información dada mi condición de director de la revista Aviación Argentina, una publicación de temas aeronáuticos que con mucho orgullo producíamos desde Mendoza con mi amigo Guido Ghiretti.

Demás está decir que por entonces yo me sentía todo un investigador de campo, un auténtico detective de hechos y datos aeronáuticos, aunque hoy podría hacer un verdadero catálogo de todas mis carencias, empezando por la falta de grabador, lo que procuraba suplir con aquel cuaderno anillado de tapas duras.

Tapa
Portada de la obra.

La realidad es que era un chico muy limitado desde todo punto de vista, aunque tenía a mi favor dos características (y apenas dos), que en definitiva iban a ser cruciales en los años por venir.

La primera de esas características era la curiosidad: Tenía un apetito voraz de información, quería conocer y entender todo lo que tuviera que ver con la aeronáutica y, lógicamente, me movía en consecuencia.

Eso explica, por ejemplo, que hubiera dedicado la tarde de aquel 29 de septiembre de 1987 a entrevistar en su domicilio a José Roque Varetto, un suboficial mayor retirado de la Fuerza Aérea Argentina que había accedido a brindarme parte de su tiempo libre sencillamente porque, un par de días antes, percibió al teléfono mi interés por conocer el pasado de la IV Brigada Aérea: sus aviones, su organización, su gente, sus hechos… en definitiva, todo.

Aclaro que aquella curiosidad incendiaria, que era un claro punto a mi favor, ya por entonces me había metido en problemas importantes.

Por ejemplo, cuando comencé a preguntar en el seno de cierto grupo filo-militar por qué razón la Argentina había perdido la Guerra de Malvinas: Era una pregunta tan curiosa de formular como incómoda de responder, porque obligaba a la reflexión y al análisis autocrítico.

Era más fácil quedarse en el relato autocomplaciente relativo a la incuestionable valentía de nuestros pilotos (o, peor, en la simplificación infantil según la cual los ingleses eran piratas muy malos).

Precisamente allí se quedaron todos mis interlocutores, algunos de uniforme, mientras que yo fui eyectado en forma instantánea de aquel círculo áulico del saber.

Fue la primera puerta que se me cerró en la cara (no sería la última) por hacer preguntas curiosas en tiempos en que todavía no se había hecho público el Informe Rattenbach [1] ni se habían firmado tampoco los Acuerdos de Madrid [2].

La segunda característica que, como proto-investigador, yo tenía objetivamente a mi favor era la buena fe (que los investigadores de verdad ya entonces llamaban “honestidad intelectual”).

Juventud
De izquierda a derecha: Carlos Ay, Pablo Cepero, Vladimiro Cettolo, Gustavo Marón, Jackson Flores Jr., Enrique Argento y Jorge López de Vita fotografiados en agosto de 1987 en el Centro de Exposiciones de Palermo durante la exposición conmemorativa del 75 Aniversario de la Fuerza Aérea Argentina. La entrevista que da inicio a esta reseña tuvo lugar un mes después (foto: Guido Ghiretti).

Yo no pretendía escribir una historia de la IV Brigada Aérea conforme a mis inclinaciones o preconceptos, en buena medida porque no los tenía.

Yo simplemente quería mostrar las cosas tales y como habían pasado, tomadas de boca de los protagonistas, y precisamente por eso aquella tarde caminaba presuroso a la casa de Varetto.

Mi buena fe era tal, que en la intrascendente revista juvenil que yo dirigía no se publicaba lo que yo quería decir, sino lo que otros querían expresar, aunque el contenido no coincidiera con mis perspectivas, mis gustos o mis temas de exclusivo interés.

Fueron precisamente esas dos características de origen, la curiosidad y la buena fe, lo que me llevaron directo al libro que hoy tengo la oportunidad de presentar aquí.

HASP
Para otorgar cobertura a sus vuelos de espionaje, a principios de 1957 la NACA, la CIA y la USAF urdieron en conjunto el High Altitude Sampling Project, una pantalla de investigación atmosférica de gran altitud. La experiencia sería llevada a cabo por aviones U-2 modificados para la captación de partículas radiactivas, como este WU-2A (serial 56-6953) cuyos “botellones de muestreo” pueden verse perfectamente debajo de la tomas de aire del motor. Nótese que este avión en concreto carece del freno aerodinámico derecho (foto: USAF).

Porque resulta que en determinado momento de la entrevista con Varetto aquella tarde de naciente primavera, ese hombre entrado en años (que también había empezado a entrar en confianza), tuvo la generosidad de contarme, en voz baja, que además de todo lo que me había compartido respecto a la IV Brigada Aérea, había algo más que yo debía saber…

Una revelación increíble…

Ese algo más era que la Base Aérea Militar “El Plumerillo” no sólo había sido asiento de la IV Brigada Aérea (sobre la que yo había ido a preguntar), sino de una unidad secreta norteamericana que operaba con aviones espías

El tono con que me lo expresó Varetto, la voz baja mirándome a los ojos, la indudable confidencia que entrañaba el asunto, me resultaron tan impactantes entonces como me resultan impactantes en el recuerdo de hoy.

Como era de esperarse, mi birome azul comenzó a moverse a toda velocidad sobre los renglones cuadriculados del cuaderno anillado, para que (a falta de grabador) nada se perdiera de aquel testimonio.

Mapa
Mapa en proyección geodésica de los vuelos del Proyecto HASP a cargo de la USAF. La Fase I comenzó en octubre de 1957 en Plattsburg AFB (New York), le siguió la Fase II el mismo año en Ramey AFB (Puerto Rico) y la Fase III en Ezeiza a partir de septiembre de 1958. La operación duró en total siete años, insumió 45.000 horas de vuelo y realizó misiones en una docena de lugares distribuidos alrededor del mundo. El primer destino extranjero del Proyecto HASP fue la Argentina. El mapa fue elaborado por la empresa Isotopes, Inc y publicado en el reporte DASA 1300.1 (ilustración: DASA).

Varetto hablaba, yo anotaba y la historia se me empezó a figurar increíble, es decir «no creíble», excepto porque la relataba con la misma precisión y nivel de detalle con los que había descripto horas antes a Calquines, FIATs, Huanqueros, Moranes y Sabres, todos aviones con los que había trabajado.

Cuando empezó a contarme de los Lockheed U-2 de espionaje yo creí encontrar una falla, una fisura en la veracidad de aquel relato asombroso, porque en sus ojos entornados los recordaba claramente plateados, “metal pulido a espejo, como los Sabre”, cuando en todas las fotos que yo había visto publicadas, los U-2 eran absolutamente negros.

Comencé a pensar entonces que Varetto desvariaba, que algún error debía haber en todo aquello, que probablemente estaba confundido o que, peor aún, había entrado en alguna variante mentirosa en el contexto de la cual me estaba tomando el pelo.

La base secreta norteamericana no me cerraba por ningún lado porque no entendía qué podían haber estado espiando los U-2 durante años en nuestro país o bien desde nuestro país.

Varetto tampoco lo sabía, y hasta la preocupaba no saberlo a juzgar por su tono, como si todo aquello pudiera comprometer en algún punto a los intereses de la Fuerza Aérea (que amaba con el alma) o de la Argentina (por la que sentía auténtica devoción).

Salí de la casa de Varetto pasadas las ocho de la tarde de aquel día primaveral, cuando ya era oscuro.

Los testimonios manuscritos que llevaba en el cuaderno fueron de mucha utilidad en la investigación que había motivado el encuentro (y en otras muchas que siguieron), pero todo lo relativo a los U-2 quedó en una especie de cápsula de reserva de veracidad a la espera de futuras confirmaciones o hallazgos.

Y así hubieran podido permanecer aquellos registros manuscritos, en forma indefinida, de no ser porque el 11 de enero de 2010 el poderoso investigador Pablo Luciano Potenze publicó precisamente aquí, en Gaceta Aeronáutica, un atrapante trabajo que comenzaba con la foto de un Lockheed U-2 captado en Ezeiza [3]: El U-2 no era negro, sino plateado, exactamente como me lo había descripto Varetto en la entrevista mantenida en su casa veintidós años atrás.

Busqué el cuaderno que había registrado la entrevista y lo encontré, lo que confirma que todo archivo de investigación comienza por llevar un orden de los papeles guardados a despecho de los avatares de la vida, las purgas y las mudanzas.

Pasé frenético las hojas, ya viejas, hasta dar con la entrada del 29 de septiembre de 1987: Estaba donde debía estar, todavía escrita con el trazo azul de una birome ya desaparecida y con las desprolijidades propias de mi pésima caligrafía (todavía no desaparecida).

WU-2A en Ezeiza
Un Lockheed WU-2A de la la 4080th Strategic Reconnaissance Wing de la USAF recibe mantenimiento en el hangar principal de Aerolíneas Argentinas en Ezeiza en 1959. Esta foto de Oscar Luis Rodríguez, publicada por Pablo Potenze en Gaceta Aeronáutica, llevó al libro que hoy se presenta (foto: Oscar Luis Rodríguez vía Pablo Potenze).

Aquel encuentro agitado fue el inicio formal de la investigación que habría de llevarme a lo que hoy es un libro recién publicado.

En lugar de volver a empezar por donde había dejado (es decir, regresando a la casa de Varetto para entrevistarlo de nuevo) tomé la decisión de empezar a indagar por fuentes bibliográficas que me permitieran obtener más información de contexto.

Fue un doble error (yerros propios de una rata de biblioteca), no sólo porque nada encontré relativo al tema en los muchos libros que fui peinando sistemáticamente durante años, sino porque cuando volví a buscar a Varetto, me encontré con que ya no estaba, pues había fallecido el 15 de julio de 2015.

Pero su testimonio de 1987 estaba vivo, todavía latiendo en el cuaderno de tapas de cartón que había registrado nuestra entrevista de 1987.

Perfil
Para presentar sus operaciones en Argentina, la USAF facilitó a la Fuerza Aérea esta foto, que fue publicada en diciembre de 1958 en la Revista Nacional de Aeronáutica. La imagen correspondía al ejemplar matrícula 56-6696 (pintada 66696), el primer avión entregado a la 4080th Strategic Reconnaissance Wing el 11 de junio de 1957, y fue cuidadosamente seleccionada para no mostrar la toma de aire de partículas radiactivas (foto: USAF).

Me consolé a mí mismo diciéndome que difícilmente aquel hombre me hubiera podido suministrar antes de su muerte más datos que aquellos brindados 27 años atrás.

Retomando la investigación

Lo que siguió fue un trabajo de campo duro y áspero, que debí suspender varias veces y que estuve tentado de abandonar otras tantas, de no ser porque sentía el deber moral de expiar la culpa que experimentaba por haber dudado tantos años de un hombre decente que simplemente me había dicho la verdad.

Conforme fui avanzando en la investigación, todos los hechos fueron cerrando exactamente como los había descripto aquel viejo suboficial de la Fuerza Aérea, pero para mi sorpresa hubo más.

Porque resultó que en Mendoza no sólo habían volado los aviones Lockheed U-2 citados por Varetto, sino muchos otros modelos de espionaje, al punto que los emblemáticos U-2 fueron apenas una excepción, la presencia menos frecuente en el destacamento permanente que la United States Air Force operó en el Hangar 7 de la IV Brigada Aérea, de forma ininterrumpida, entre 1966 y 1974.

WU-2A
Sólo seis U-2 fueron convertidos a la versión de muestreo atmosférico WU-2A, pero fue suficiente para producir una verdadera revolución. Los aviones no sólo sirvieron de tapadera para las misiones fotográficas de sus gemelos operados por la USAF y la CIA, sino que determinaron la capacidad de producción nuclear soviética en plena Guerra Fría y permitieron precisar la mortandad a nivel global por lluvia radiactiva en caso de una guerra nuclear (foto: USAF).

El grueso de la flota de espionaje estaba formada por flamantes Martin/General Dynamics RB-57F First Chip y por no menos flamantes Boeing WC-135B Constant Phoenix, KC-135R Garlic Salt y RC-135 Pacer Swan.

Y eso no es todo, porque entre 1958 y 1966 también habían operado en Ezeiza y Tandil aviones Lockheed U-2, bombarderos medianos Martin NB-57B y hasta grandes Boeing NC-135A Early Day, todos modificados para espionaje nuclear.

Es más, resultó que las misiones secretas desplegadas por los Estados Unidos en nuestro país se remontaban al origen mismo de la Guerra Fría, al punto que hallé respaldo documental fotográfico de aviones de transporte Douglas C-47 Skytrain y C-54 Skymaster de la USAF empleados discretamente en misiones de soporte a tareas de espionaje.

Igualmente discretos pero mucho más efectivos fueron los Boeing WB-29 Superfortress que llegaron a nuestras latitudes con idéntico fin.

Buscando Kryptón-85
Durante todo 1958 y 1959 la USAF procuró mostrar al U-2 como un avión de investigación científica que tenía por misión investigar los fenómenos meteorológicos de alta atmósfera. Pero el objetivo real era detectar partículas de Kryptón-85 y otros isotopos radiactivos derivados de explosiones nucleares. La imagen muestra a un WU-2A, fácilmente reconocible por el “botellón” presurizado adosado a la parte delantera de su fuselaje (foto: USAF vía Guido Ghiretti).

El libro que hoy tengo el privilegio de presentar en esta columna, no sólo se ocupa de los aviones citados y sus unidades de origen, sino del contexto geoestratégico, político y diplomático dentro del cual se produjo su operación en Argentina junto a muchos otros ejemplares icónicos de la USAF, como los bombarderos Boeing B-47 Stratojet, Boeing B-52 Stratofortress y Douglas B-66 Destroyer, por sólo citar algunos de los más importantes modelos que visitaron nuestro país en le contexto de la Guerra Fría que los Estados Unidos disputaron hasta 1991 con la Unión Soviética.

Hoy, 35 años después de la fecha en la cual comenzó la investigación, puedo decir que busqué y escribí con la misma curiosidad y con la misma buena fe con la que comencé a dar mis primeros pasos allá por 1987.

Partí de una posición de triple desventaja considerando que era un civil metiendo la nariz en temas militares, considerando que todo el asunto bajo investigación había sido clasificado de ultra-secreto por el gobierno de los Estados Unidos, y considerando finalmente que la USAF hizo todo lo posible para ponerme palos en la rueda.

Eso explica que este libro que hoy presento haya sido una auténtica carrera de obstáculos.

Pero aquí estoy, sentado en la meta… ¡dirá el lector si el esfuerzo valió la pena!

Lockheed U-2
Avión espía norteamericano Lockheed WU-2C 56-6707 afectado a la operación «Skin Diver» mientras operaba desde El Plumerillo en 1968. Interesantemente, el aparato sobrevivía preservado a la entrada de Laughlin Air Force Base (Texas) al menos hasta 12/2017 (foto vía Emmanuel Tula).

Ficha técnica

Título: «Destellos en la Oscuridad. Operaciones aéreas y actividades espaciales de la Guerra Fría en Argentina, 1945-1991». Autor: Gustavo Marón. EditorialGrupo AbiertoDimensiones: 375 páginas, 210 x 290 mm, encuadernación en lomo de 198 mm. Introducción, catorce capítulos y un epílogo. Citas bibliográficas al pie de cada página. Especificaciones técnicas: Impresión de tapa color en papel mate de 300 grs. Impresión interior en papel ilustración mate de 90 grs. 24 páginas color. Terminación: tapas con solapas y cobertura de polipropileno mate. Ilustraciones: 48 perfiles laterales y 8 emblemas de unidades elaborados por Christian Zambruno. 400 fotos blanco y negro, 13 color. Contacto para ventas y entregas en todo el país y el exterior: «Libros de Aviones» (librosdeaviones@gmail.com, +54 9 11 6057-0707). No se distribuye en librerías. Contacto con el autor: dr.gustavo.maron@gmail.com.


[1] Informe Final de la Comisión de Análisis y Evaluación de las Responsabilidades del Conflicto del Atlántico Sur, creada por el Decreto Secreto N° 15/82 del 2 de diciembre de 1982, presidida por el Teniente General (R) Benjamín Rattenbach. Se publicó por primera vez en 1988 (Ediciones Espartaco), luego en 2000 (Ediciones Fin de Siglo) y finalmente en 2008 y 2014 (H. Garetto Editor). Hoy no es ningún secreto por qué se perdió la Guerra de Malvinas.

[2] Declaraciones conjuntas realizadas por Argentina y el Reino Unido el 19 de octubre de 1989 y el 15 de febrero de 1990 en la capital española, por las cuales cesaron las hostilidades luego de la Guerra de las Malvinas y se restablecieron las relaciones diplomáticas entre ambos países.

[3] Batallas aéreas de la Guerra Fría libradas en Argentina. Siento por Pablo Potenze una admiración rayana en el temor reverencial. Para poner las cosas en contexto basta decir que en 1987, el mismo año en que yo salí a entrevistar a Varetto, Pablo publicaba su libro Aviación Comercial Argentina, 1945-1980, un auténtico texto de referencia obligada, de 388 páginas, editado por un gran diario de tirada nacional, El Cronista Comercial, lo que puede dar una idea de las órbitas lejanas que él ya dominaba cuando yo no había logrado separarme ni un metro del piso.


Un comentario sobre “De aquellas notas de un cuaderno Rivadavia a <b>«Operaciones Aéreas y Actividades Espaciales de la Guerra Fría en Argentina»</b>

  1. La nota está muy buena . Comentarle que yo aporte la información de tandil …fotos U2 buscando largo tiempo en los libros históricos.

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