Profundizando la experiencia «low cost» con SKY Airline en la ruta Santiago de Chile-Buenos Aires

La necesidad de tomar un pequeño descanso para visitar a la familia y atender intereses personales en Buenos Aires me llevó a planificar una escapada hasta la «Reina del Plata» para fines del verano austral. Promediando enero, tal como vengo haciendo al menos hace un par de años, comencé la planificación evaluando las ofertas disponibles en los sitios web de las cinco transportadoras que cubrían la ruta entre las capitales chilena y argentina: LATAM, KLM, Aerolíneas Argentinas, SKY Airline y JetSMART.

La filial chilena del grupo Índigo Partners fue la primera descartada porque sus itinerarios operan sólo en El Palomar y mi viaje me exigía entrar, o en su defecto salir, de Buenos Aires por Ezeiza/Ministro Pistarini. Tras no pocas interacciones concurrentes en las cuatro empresas restantes, llegué a la que parecía una evaluación relativamente comparable entre los servicios (viaje ida y vuelta vía Ezeiza con al menos una pieza de equipaje en bodega) y precios ofrecidos por los competidores.

En un fenómeno que he observado varias veces en el pasado, la mejor tarifa provino de la aerolínea holandesa controlada por Air France, que ofrecía el tramo a un precio total de US $ 194. El segundo lugar quedó con la chilena SKY, que cotizaba US $ 209, y el tercero con Aerolíneas Argentinas, que ofrecía llegar por Ezeiza y volver vía Aeroparque a un costo de US $ 239. LATAM Chile, quien había derrotado a casi todos sus competidores en experiencias precedentes, quedó cuarta y última en US $ 310.

Si bien la alternativa holandesa era claramente la más ventajosa en relación costo/beneficio, mi elección recayó en la única alternativa «low cost» porque los horarios de sus vuelos se ajustaban más a mis intereses y no me obligaban a presentarme en Ministro Pistarini para el check-in y pre-embarque en el vuelo de regreso de la firma holandesa un domingo a las 05:55 hs. de la madrugada. El único detalle que se me pasó por alto fue que hice la comparación de tarifas y compra de pasajes con una fecha de partida errónea (sábado 16 en vez de viernes 15). Pero, enterado que se trataba de mi primera experiencia en su compañía, un diligente ejecutivo del call center de SKY acudió en mi ayuda y cambió la fecha de partida sin cobrarme la multa de US $ 22 correspondiente…

Para ambas etapas de mi viaje, realicé sin mayores contratiempos los pre-chequeos web y los pre-embarques en counters de la empresa. A tono con la estrategia de SKY Airline, esos procesos demostraron ser íntegramente funcionales aunque faltos de cualquier «glamour»: El pre-chequeo web concluye con la clásica impresión de la tarjeta de embarque en papel blanco (la empresa no cuenta con una aplicación móvil en la cual el pasajero pueda administrar los detalles y documentos de sus viajes, aunque sí puede almacenar un PDF en su teléfono móvil). La única desviación del «credo low cost» es la alianza que la aerolínea mantiene con mi banco, lo que garantiza al cliente una fila preferente para el pre-embarque, re-asignación gratuita de asiento premium y una valija de 23 kg. en bodega.

¿Hacia una bitácora «low cost»?

El vuelo de ida (H2 501), programado para el viernes 15/03/2019, se realizó en el Airbus A319 CC-AIY, tripulado por el capitán Andrés Blanco, el primer oficial Gerardo Morales y tres azafatas en cabina. Contra un ETA de 01:45 hs., el vuelo aterrizó en Ezeiza tras 01:36 hs. de vuelo. Como dato anecdótico, vale indicar que el comandante de la aeronave sería «un viejo conocido mío», ya que mi bitácora dice que era el comandante de dos vuelos en Airbus A318/319 que realicé con LAN Chile rumbo a Concepción entre 2006 y 2007.

El vuelo de regreso (H2 508) tuvo lugar el sábado 23/03 en el Airbus A320neo CC-AZF, comandado por el capitán Fernando Santiagos, el primer oficial Ortiz y otras tres azafatas. Contra un ETA de 01:50 hs., llegamos a Pudahuel en 01:54 hs. las principales novedades de este tramo fueron la aeronave propiamente dicha, ya que el «Alfa Zulu Fox» se constituyó en el primer A320neo que registra una entrada en mi bitácora, y el hecho que la cabina de pasajeros mostraba cuatro clusters de publicidad sobre las paredes del fuselaje y las puertas de los compartimentos de equipaje.

Ambas máquinas se presentaban en la más pura de las configuraciones low cost: 156 asientos de clase única para el A319 y 186 para el A320neo, sin ningún tipo de sistema de entretenimiento abordo (ni siquiera música ambiental durante el embarque). Cortesía de la alianza entre mi banco y la aerolínea, en ambos vuelos pude instalarme en el asiento 1A, lo que en el A319 es algo incómodo ya que la primera fila del avión literalmente comienza en el marco posterior de la puerta de acceso al fuselaje. A pesar de su relativa modernidad (se terminó de fabricar en 09/2018), el interior del A320neo no se diferenciaba mucho de sus predecesores clásicos y su único rasgo novedoso (pero chocante) fue que ninguno de sus casi 200 asientos se podían reclinar… ¡la jefa de cabina se rió mucho al ver mi cara de sorpresa cuando ella confirmó mi «descubrimiento»!

La presentación de seguridad fue al más puro «estilo vintage». A falta de medios audiovisuales modernos, aquella corre enteramente por cuenta de la tripulación de cabina. Además de repartir los papeles migratorios y aduaneros de exigidos por las autoridades de la nación destino del vuelo y fumigar la cabina con insecticida antes de los aterrizajes, durante el vuelo las azafatas circularon por el pasillo comercializando sándwiches, snacks, pasteles y bebidas del menú de comida de abordo. En el vuelo de regreso, por ejemplo, un Nescafé Capuccino y un rollo de canela de sabor y textura pasables me costaron US $ 2,50, lo que parece un precio razonable a 30,000 pies de altitud.

En la cabina de pasajeros también estaba disponible la revista de abordo de SKY, una publicación con la calidad y diseño gráfico y los contenidos que se pueden esperar de cualquier medio como ese. Los comandantes también entretuvieron al pasaje brindando información sobre las condiciones del clima en ruta, anticipar distintas etapas del vuelo (cruce de la Cordillera de los Andes, aproximación final, etc.) o bien promocionando una «vista privilegiada» del Cerro Aconcagua en el tramo de regreso.

A diferencia de la mayoría de mis vuelos en la ruta, la ida estuvo algo agitada por turbulencia media a raíz de un frente de tormenta que cubría casi todo el territorio argentino entre Mendoza y el Gran Buenos Aires. El regreso, por el contrario, fue absolutamente tranquilo y la ruta se presentó clara y soleada en todo su recorrido. Común a ambos vuelos es que ninguno de ellos tuvo ocupación completa: Si bien no alcancé a percibir cifras en el A319, el A320neo voló con un 68% de ocupación (127 almas abordo).

En resumen, mi primera experiencia «full low-cost» estuvo a la altura de la expectativas que el pasajero puede construir alrededor de un servicio de su clase: Volar de un punto a otro en horario, con seguridad y pagando estrictamente lo que se consume. Después del asiento, casi todo lo demás es opcional y hay que pagarlo. Lo más destacable (y probablemente más rescatable) de esta clase de viajes es la «liviandad» que caracteriza a la operación: El embarque, desembarque y el servicio a bordo son sumamente rápidos y ágiles, lo que comprobamos en los «turn arounds» en Ezeiza (1:20 hs. para el vuelo de ida y 1:02 hs. para el de vuelta).

Registro spotter

Como sucede siempre que este corresponsal sale de viaje, las actividades spotters estuvieron a la orden del día de inicio a fin. La gran novedad de estos vuelos fue mi debut en la nueva Terminal C «Rapa Nui» del Aeropuerto Arturo Merino Benítez de Santiago de Chile. Este espigón es el primero de cuatro que está construyendo Nuevo Pudahuel para llevar su capacidad hasta los 30.000.000 de pasajeros anuales. Si bien el edificio es amplio, moderno y funcionalmente completo, se hace merecedor de nuestro «Premio a la Terminal Anti-Spotter» porque su diseño arquitectónico parece estar destinado a impedir completamente nuestra actividad: La amplia sala de espera, desde la cual se accede a cinco puertas de embarque de dos puentes cada una, está rodeada por un profundo foso de tres a cinco metros de ancho que impide acercarse a los ventanales externos y estos han sido opacados con placas grises que hacen prácticamente inviable la toma de fotografías de las aeronaves que estacionan fuera del edificio…

Comparadas con la nueva terminal de la capital chilena, las terminales del mayor aeropuerto de la capital argentina recuperan puntuación en nuestro ranking de facilidades para la práctica del hobby: Si bien la Terminal A sigue siendo complicada por el doble vidrio que rodea casi todo su contorno exterior, las nuevas terminales B y C de Ezeiza/Ministro Pistarini cuentan con ventanales inclinados que permiten lograr una buena visión de la actividad de vuelo tanto en plataforma como en la pista 11-29. Pero sus vidrios están polarizados (excepto en las salidas de emergencia), lo que exige post-producir las fotografías para eliminar el efecto de ese filtro luminoso.

A la par de la «frustración fotográfica» de la Terminal C de Santiago, la toma de fotografías desde el asiento 1A de los Airbuses de SKY fue una experiencia sumamente decepcionante y de escasa productividad. Ya sea por el desgaste natural de los vidrios (particularmente los exteriores, que se rayan al contacto con las mangas de embarque de los aeropuertos) o la condensación de humedad ambiente entre ambos paneles, las fotografías que pude tomar salieron mayoritariamente sucias, borrosas o brumosas y tuvieron que ser editadas profundamente para rescatar imágenes ilustrativas para este reporte.

A pesar de todas esas complicaciones, el viaje fue sumamente provechoso en el campo spotter. Además de los registros logrados desde las terminales aéreas de partida y llegada, el viernes 15/03/2019 tuve oportunidad de recorrer los contornos del Aeropuerto Internacional de Ezeiza y captar fotografías en varios de los puntos donde nuestros colegas locales suelen apostarse para captar aproximaciones o aterrizajes a la pista 11, los talleres de Aerolíneas Argentinas, la terminal ejecutiva, la plataforma «Chivatos» y el cementerio de fuselajes en que se ha transformado la antigua Base Aeronaval Ezeiza. Los resultados de esta provechosa están a la vista y se muestran, con comentarios ad-hoc, en las galerías fotográficas que ilustran este relato.


Fuentes consultadas en Internet: Airfleets, Clarín, EMOL, FlightRadar24, Historias Individuales y Nuevo Pudahuel.

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