Aeródromo de Ablitas, Septiembre 2020. Son las 1000L y un vehículo todo terreno del Escuadrón de Apoyo al Despliegue Aéreo (EADA) se adentra velozmente en la pista no asfaltada del aeródromo. El viento del norte pone en servicio la pista 31, una franja de tierra compactada de 1.800 m en la que el Ejército del Aire prepara a sus unidades más punteras en condiciones lo más cercanas posibles a un escenario real. Varios integrantes del EADA bajan del vehículo y rápidamente balizan la “caja” donde los aviones tomarán tierra durante los ejercicios programados para la jornada. Se suben al vehículo y velozmente llegan al otro extremo de la pista, donde balizan el último tramo. Se trata de un ejercicio diurno y las balizas son elementos de alta visibilidad que permiten a las tripulaciones de los aviones trabajar con total seguridad en el aeródromo. El equipo del EADA está formado por los CCTs, Equipos de Control de Combate (Combat Control Team). Ellos son los primeros en llegar, localizan, identifican y señalizan las zonas de lanzamiento y aterrizaje, elementos imprescindibles para que el resto de la fuerza pueda desplegarse. En tiempo record están capacitados para poner en estado operativo un aeródromo donde antes únicamente había tierra y maleza.
Los ejercicios programados para hoy incluyen saltos paracaidistas en configuración manual y automática, así como tomas de alto rendimiento de los aviones de transporte participantes. Los CCT además de configurar físicamente el aeródromo también se encargan de asistir, como controladores aéreos, a las tripulaciones de las aeronaves que operarán en el mismo. Para ello realizan una toma de datos meteorológicos tales como visibilidad horizontal y vertical, techo de nubes, viento en altura, viento en superficie, etc. En función del tipo de salto que vaya a realizarse las limitaciones operativas son diferentes y es esencial que el equipo de CCTs tome los datos para asegurar siempre que todas las actividades se realizan siempre dentro de los más estrictos parámetros de seguridad. Si bien el ejercicio de hoy se realiza en una pista semipreparada como la de Ablitas, los CCTs del EADA están entrenados para llevar su trabajo al límite, realizando inserciones mediante un salto paracaidista tras las líneas enemigas o configurando como pista de aterrizaje una calle de un poblado afgano.
En poco menos de media hora la pista está configurada, las zonas de impacto para paracaidistas balizadas y el equipo de CCTs en posición. A los pocos minutos la radio despierta “Cobra de Buho, cambio!” y la actividad comienza. A lo largo de hoy hay programadas tres rotaciones en las que se realizará, por este orden, salto en configuración automática, salto en configuración manual y finalmente toma de alto rendimiento para recoger a los paracaidistas y retornar a la base de Zaragoza. La primera pasada del Buho (código radio para los T-19 ,CN-235, de la Base de Matacán) sirve para lanzar un “derivo”, un sencillo dispositivo que permite a los CCTs determinar con precisión la dirección e intensidad del viento. Una vez confirmada esta última verificación el Buho corrige rumbo y procede al primer lanzamiento, en apenas cinco segundos saltan del avión varios paracaidistas en modo automático. El día está calmado y caen con precisión en las inmediaciones de la zona de limpacto. Para el siguiente lanzamiento el Buho va ganando altura durante varios minutos hasta llegar al nivel de vuelo requerido para el salto manual. A duras penas se ven varios puntos negros saliendo del avión, los manualistas ya están en el aire. A los pocos segundos se van abriendo las campanas (el sonido de la apertura puede escucharse desde la superficie si el día está en calma), los CCTs van contando y confirman “Buho de Cobra, cuatro campanas en el aire”. Los saltos manuales se realizan con diversos modelos de paracaídas que permiten “volar” a grandes distancias en función del modelo, de la altura del salto y de las condiciones meteorológicas. A los pocos minutos los paracaidistas van llegando milimétricamente al punto de impacto, la experiencia que atesoran estos saltadores queda reflejada una y otra vez.
Una vez en tierra el último paracaidista, los CCTs autorizan al Buho a realizar la toma. El T-19 inicia un descenso táctico sobre la pista haciendo un sacacorchos descendente desde el nivel de vuelo que tenía asignado para el salto manual. El avión toma tierra levantando polvo y piedras, durante años el T-19 se ha mostrado como una plataforma fiable y eficaz. Mientras tanto los paracaidistas recogen su equipo y se agrupan para presentar novedades a los CCTs. Hoy es un día sin contratiempos pero no siempre tienen esa suerte, techos bajos de nubes, rachas de viento al límite, saltos nocturnos, rachas cambiantes en superficie y muchas otras eventualidades hacen que este oficio sea siempre exigente y no permita tomarse ninguna confianza, “train as you fight and fight as you train”. El T-19 hace un “backtrack” por la pista del aeródromo y estaciona justo delante de la zona de lanzamiento, mientras el jefe de salto observa desde la rampa los CCTs supervisan el embarque en la aeronave y autorizan el despegue de vuelta a la Base de Zaragoza, “Buho de Cobra, viento calma, pista en servicio tres-uno, autorizado a despegar”. El T-19 suelta frenos y en medio de una nube de polvo se va al aire ganando altura rápidamente, abandona el rumbo de pista por la derecha y pone rumbo a Zaragoza siguiendo el camino que marca el río Ebro.
Esta secuencia se repite varias veces a lo largo del día con personal del EADA y aeronaves T-21 del Ala 35 y T-19 del Grupo de Escuelas de Matacán (GRUEMA). La radio resuena una y otra vez, Cobra, Buho y Tucán hasta que el sol desaparece por debajo del horizonte. Comienzan los saltos nocturnos pero, eso ya es otra historia….
Agradecimientos:
Gaceta Aeronáutica quiere agradecer a todo el personal del EADA, a la Jefatura de la Base Aérea de Zaragoza, al Acuartelamiento de Bardenas y a la Oficina de Comunicación del Ejército del Aire la colaboración prestada durante la realización de este artículo.