
Aeródromo de Ablitas, 30 de diciembre 2020. El invierno deja su estampa característica en la zona en la que se ubica el Aeródromo de Ablitas. El sol va deshaciendo lentamente la escarcha y al fondo la cumbre nevada del Moncayo preside la escena. Desde el Oeste las nubes van cubriendo el cielo empujadas por el Cierzo que hace que la sensación térmica sea de prácticamente cero grados. Son las 1000L y mientras en la plataforma del Ala 31 el briefing ha acabado y todo el personal se dirige al avión, un todo terreno del Escuadrón de Apoyo al Despliegue Aéreo (EADA) avanza por la pista no asfaltada del aeródromo y se detiene en el punto que habitualmente ocupan los CCTs (Controladores de Combate). Varios integrantes del EADA bajan del vehículo y comienzan a balizar la zona de lanzamiento con la característica letra “A” visible desde muchos pies de altura. Da la impresión de ser una jornada como otra cualquiera, sin embargo algo es diferente, el epílogo de la historia del C-130 Hércules en España se escribe hoy. El día 31 de diciembre el Hércules causa baja en el inventario del Ejército del Aire y dejará de surcar los cielos con la Cruz de San Andrés. El EADA va a tener el honor de realizar el último salto paracaidista desde este mítico avión de transporte táctico. Esta será la última misión operativa del Ala 31 con el C-130 Hércules, la última vez que sobrevolarán los cielos de España con el indicativo de radio “Dumbo” y la escarapela rojigualda. Los días previos han estado llenos de nervios e incertidumbre pero finalmente la meteorología ha dado un giro imprevisto y la suerte ha jugado a favor, el viento amaina y las condiciones están dentro de los límites de seguridad.
El silencio se interrumpe por la radio de los CCTs, el “Cobra de Dumbo” del comandante de la aeronave resuena y de repente todo cobra vida. En el horizonte se recorta la inconfundible silueta del Hércules junto al perfil de El Buste, los CCTs rápidamente comunican los datos meteorológicos al T-10 y en la radio se anuncia “un minuto para lanzamiento”. La primera rotación es de seis saltadores en configuración automática, el Hércules vuela nivelado a poco más de 1.000 pies AGL y al sobrevolar el punto de lanzamiento uno a uno van saltando por la puerta lateral del avión, el Hércules deja un vistoso reguero de campanas de color caqui a su paso. Hoy el Hércules no vuela sólo sobre Ablitas, un Aviocar con un equipo de la Oficina de Comunicación del Gabinete del JEMA acompaña a los protagonistas de la jornada inmortalizando el momento. Los saltadores van tomando tierra, rápidamente recogen su equipo y se dirigen a presentar novedades, todo ha ido perfecto. Es un salto más, especial por su carga emotiva pero un salto al fin y al cabo, la profesionalidad no permite distinciones cuando se trata de saltar desde un avión.
El Hércules comienza una maniobra ascendente para subir a 5.500 pies AGL y realizar el lanzamiento de los manualistas. El techo de nubes ha ido empeorando con el paso de la mañana y ha faltado poco para cancelar los saltos APM, el salto se realizará en el límite de altura inferior. La radio resuena de nuevo “Cobra de Dumbo, un minuto para lanzamiento” y los CCTs marcan la zona de impacto con humo de color rojo para facilitar las tomas. El viento amaina y sobre el punto de lanzamiento comienzan a saltar del avión uno tras otro los trece saltadores equipados con paracaídas tácticos. El carrusel de campanas se recorta sobre el cielo de Ablitas y los saltadores van tomando suavemente y con precisión en la zona balizada. El contraluz mezclado con el humo rojo crea una atmósfera especial, la visión del cielo lleno de paracaídas tácticos impresiona.
Pocos minutos después el Dumbo vuelve a anunciar “un minuto para el salto” y enfila la zona impacto con rumbo 300, los cuatro últimos paracaidistas que van a saltar desde un Hércules español se preparan en la rampa trasera, por última vez se asomarán al vacío desde el vientre del que ha sido referente del transporte aéreo militar en España durante casi cincuenta años. Tras miles de horas de vuelo y miles de saltos, hoy estos cuatro suboficiales del EADA pasarán a sellar la historia del Hércules y de las unidades paracaidistas de España. Hoy el EADA y el Ala 31 representan a todos aquellos que han pasado por la Escuela Militar de Paracidismo del Ejército del Aire y que han lucido su insignia en los uniformes de los tres ejércitos y fuerzas de seguridad del estado.
EADA, SEADA, EZAPAC, BRIPAC y tantas y tantas unidades que han compartido misiones con este gigante de los cielos. Todo ello no habría sido posible sin los hombres y mujeres que hicieron que los Hércules del Ejército del Aire surcasen los cielos, todas esas personas que han escrito la historia del Ala 31 desde aquellos lejanos años 70. Los cuatro paracaidistas se aproximan al borde de la rampa, saludan y sin dudar saltan al vacío, el Dumbo se aleja en el cielo y las cuatro campanas con los colores de la bandera de España se van abriendo una tras otra. Desde el suelo el resto de personal del EADA y del Aeródromo de Ablitas tienen el privilegio de ver el último salto paracaidista de la historia del Hércules en España. Los cuatro saltadores van equipados con paracaídas Foil de precisión y rápidamente toman tierra sin novedad.
Abrazos, emoción, recuerdos por los compañeros que ya no están, todas esas sensaciones se agolpan mientras los paracaidistas van recogiendo el equipo para presentar las novedades. Desde el este el Dumbo sobrevuela por última vez el aeródromo de Ablitas y con una pasada en vuelo rasante sobre la zona de lanzamiento el Ala 31 rinde homenaje al paracaidismo español y escribe la línea final de la historia del Hércules en el Ejército del Aire. Una imagen que quedará grabada para siempre en el Ala 31 y el EADA.
La tripulación del Hércules se despide por radio de los CCTs y pone rumbo a Zaragoza. Por última vez el controlador de aproximación de Zaragoza autorizará la entrada a la Base desde el punto Norte a un Hércules del Ejército del Aire. Estas semanas han sido testigo de un esfuerzo enorme al Ala 31 para poder organizar los actos de despedida del Hércules, vídeos, entrevistas, artículos de prensa, autoridades, publicaciones en redes sociales y otros eventos han dado visibilidad a este capítulo final. Sin embargo, y como no podía ser de otra manera, el verdadero final se ha escrito hoy, 30 de Diciembre de 2020, sin luz ni taquígrafos, únicamente con el trabajo incansable y profesional de todos aquellos que sirven en el Ala 31, pilar del transporte aéreo militar en España.
Agradecimientos:
Gaceta Aeronáutica quiere agradecer a todo el personal del Aeródromo Militar de Ablitas, al EADA, al Ala 31 y a la Oficina de Comunicación del Ejército del Aire la colaboración prestada durante la realización de este artículo. Queremos agradecer en particular al Coronel Domínguez y al Teniente Pacheco del Ala 31, al Coronel Briones y al Sgto 1º Oladokun del ACAR Bardenas la ayuda y el apoyo que nos han prestado, sin ellos no habría sido posible ser testigos de este momento histórico del Ejército del Aire. Agradecer también al Cabo 1º Sergio Ruiz González las imágenes durante el embarque y desde el interior del Hércules.
Buenas tardes Francisco Núñez Arcos.
Muchas gracias por tus comentarios, 3.500 horas de vuelo son una increible experiencia. Con el artículo he querido reflejar el trabajo de todos los integrantes del Ejército del Aire.
Saludos
Buen trabajo Miguel Ángel. He tenido ocasión, como periodista y a la vez más de 3.500 horas tripulante del Hércules en el Ala 31, de tener el privilegio de ser partícipe de múltiples misiones de todo tipo y además con la posibilidad de contarlas en distintos medios de comunicación. Los lanzamientos de paracaidistas y los de cargas de todo tipo siempre han tenido una especial atracción por las condiciones de precisión y, cómo no, de riesgo que han supuesto para todos, solventados tanto una como otro con la profesionalidad reconocida de las tripulaciones y los miembros intervinientes en los lanzamientos, tanto en tierra como en vuelo.
Que bien que vendrían esos Hercules para el Ejército y la Fuerza Aérea.