
Con esta nota, a la que seguirán varias del mismo autor, abrimos un espacio dedicado a las memorias de los protagonistas de nuestra aviación, que no tienen otro objetivo que entender mejor el presente.
Me costó encontrar el título a esta saga de notas, que hoy comienza, pero recorriendo mi biblioteca vi el lomo de un libro que leí dos veces, La historia que he vivido de Carlos Ibarguren, y se me ocurrió que era el adecuado para contar estos testimonios a partir de 1966 a la fecha.
Conocí a su hijo Federico, que me regaló su libro Así fue Mayo, quizás el comienzo serio del revisionismo histórico. Cometí el tremendo error de prestar ese ejemplar, dedicado, y así lo perdí.
Es posible que a algunas fechas les yerre por meses o semanas, pero los hechos que relato aquí los viví.
Me vinculé con pilotos de Aerolíneas Argentinas, a fines de 1967, en especial con pilotos de la Línea Avro 748 que fue mi puerta de ingreso a la actividad del transporte aéreo.
En esa época, la flota de Aerolíneas Argentinas la integraban, además de los Avro, algunos DC-4 que hacían vuelos directos desde Aeroparque a Bariloche, Río Gallegos, Mendoza, que son los destinos que recuerdo, los Caravelle que, si no me equivoco, tenían un radio de acción de más o menos 2.200 kilómetros que, en los hechos era menos por las alternativas posibles, y los Comet IV, que empezaban a ser reemplazados por los legendarios 707 de la Boeing.
En el año 1966 hice el curso del INDAE, ya me había recibido de abogado, y uno de mis profesores, el doctor Federico Videla Escalada, me sugirió que estudiara los servicios de protección al vuelo y su responsabilidad civil. Escribí un artículo que incluyó en la bibliografía de sus cinco tomos de “Derecho aeronáutico” que había presentado en las terceras jornadas de la “especialidad”. Ese artículo mereció el elogio de Federico Ortiz de Guinea, que para mí fue de incalculable valor, por eso aprovecho para recordarlo.
Personalmente no creo en el llamado derecho aeronáutico como rama autónoma del derecho, tema de conversación frecuente que tenía con Videla Escalada y con el doctor Hector Perucchi, otro de mis profesores.
Aclaro que, siguiendo a Rafael Bielsa, creo que el derecho tiene dos ramas, el público y el privado, lo demás son especialidades. Muchas de ellas, como me explicaba el dueño de una de las más famosas editoriales de libros de derecho, se convertían en “ramas” con fines comerciales. “Es mi negocio” me solía decir con sana ironía. Un secreto que conservé hasta el momento de escribir esta nota.
El hecho de estar cursando “la especialidad” en el INDAE, me sirvió como carta de presentación ante Jorge Kier, que era presidente de la Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas comerciales y regulares (APLA), con sede en Lezica 4031, pleno barrio de Almagro.
APLA era un desprendimiento de la Asociación Argentina de Aeronavegantes (AAA) que, desde 1953, representaba a los tripulantes de vuelo según una clasificación del decreto ley 16.130/46, Estatuto profesional para el personal navegante de aviación civil, curiosamente vigente, pero abrogado de hecho; se puede consultar en el portal Infoleg, en la solapa “Decretos ley”. Su legendarios dirigente era el señor Jesper sucedido por Ansaldi. No puedo memorizar sus nombres pero los recuerdo con real afecto,
El artículo 6 disponía que “ningún tripulante de una aeronave en vuelo, que transporte más de doce pasajeros, podrá desempeñar más de una función a bordo. A tal efecto, se entenderán como funciones específicas e inconciliables las siguientes: piloto, comandante, copiloto, mecánico, navegante, radiotelegrafista y comisario de a bordo.
Esta nómina de funciones, constituían lo que hoy llamamos “personal aeronáutico” que, a partir de 1953, constituyeron su propio gremio de aeronavegantes.
La primera escisión ocurrió a los pocos años, según me contaron pilotos de la época.
Uno de ellos, Vidal, comandante de hidroavión y jefe de flota de los Sandringham, que operaban desde el puerto de Buenos Aires hacia destinos de la Mesopotamia y Montevideo. Si mal no recuerdo en algún momento hubo un intento para hacer vuelos regulares hacia Bariloche, operando en el lago Nahuel Huapi.
Otra de mis fuentes, fue Barchieli que voló hasta los 70 años, se jubiló como comandante de Avro. Le sigue en esta lista el “Caco” Edgardo Dursi.
A partir de 1957, resultó incompatible la convivencia gremial entre pilotos y tripulantes de cabina de pasajeros, e incluso entre los tripulantes del cockpit.
Los pilotos crearon APLA que funcionaba en una pequeña oficina de la calle Alsina y que era financiada por los propios pilotos que pagaban mensualmente una cuota, creo que era el 2% del sueldo, de modo directo; no existía la figura de la retención, por lo menos para los gremios sin la respectiva personería, que APLA logró alrededor de 1963.
Agustin Peso, comandante de Avro, fue quien me presentó a Jorge Kier, presidente de APLA y a Hilario Valinotti, el comandante más joven de 707, que era candidato a presidente del gremio en las elecciones que ocurrieron a fines de ese año o principios del 68. Con Hilario, el “Chiro”, construimos una sólida amistad que perduró hasta su muerte en un accidente de aviación en Sunchales. Su hermano también había muerto en la década del 70 piloteando un avión del diario Crónica.
Empecé a trabajar con Jorge Kier y Valinotti, luego de ganar la elección, me contrató como abogado de APLA, función en la que permanecí hasta 1980, año en que decidí dar por terminada esa época profesional de mi vida.
En APLA comprobé la insuficiencia profesional del curso del INDAE, me encontré con otra realidad, como lo había empezado a sospechar al hacer la investigación para mi artículo sobre los sistemas de protección al vuelo.
Luis Alejandro Rizzi
Luis Alejandro Rizzi estudió en el Colegio Nacional de Buenos Aires y es abogado de la UBA, habiendo hecho postgrados diversos, varios de ellos sobre temas aeronáuticos.
Ha desarrollado una importante actividad profesional desde 1965, habiendo sido representante legal y apoderado de diversas empresas aerocomerciales y de la Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas. Entre 1983 y 1984 fue gerente general de Aerolíneas Argentinas.
Paralelamente, desde 1985, mantiene una intensa actividad periodística, habiendo actuado en Radio Mitre, Radio Nahuel de Mendoza, Radio del Plata, AviaGlobal, Aviación Digital Global, Portal de América y Urgente24.