El transporte aéreo que he vivido (4/8)

El logo de APLA se mantiene inmutable desde la fundación del sindicato.

A partir de mayo de 1973 se inició un lapso que tuvo dos etapas, la primera hasta marzo de 1976 y la segunda hasta el 10 de diciembre de 1983.

En ese “primer tiempo o lapso” la relación entre APLA y Aerolíneas Argentinas estaba bastante deteriorada no solo por el dictado del Laudo 1/73, sino además por una velada amenaza sobre una posible suspensión de la personería gremial de APLA, si no se lo acataba.

Con el gobierno que asumió el 25 de mayo de 1973 asumen la conducción de Aerolíneas Argentinas dos pilotos, uno de Austral Martorano, como presidente y Cesar Ojeda como Administrador general. Esas designaciones fueron bien recibidas en APLA.

Al poco tiempo, dentro de las reuniones paritarias para la renovación del convenio colectivo de trabajo, se llegó a un acuerdo salarial que ratificaba el laudo 1/73, en cuanto disponía que debía tenerse en cuenta en un futuro la jerarquización salarial de los pilotos y se convenía un incremento porcentual sobre los índices de inflación, que en verdad reconocía la pérdida de meses anteriores.

Sin embargo, y de modo sorpresivo, Aerolíneas Argentinas desconoció la validez de ese acuerdo y se generó un nuevo conflicto, que se solucionó mediante otro acuerdo sometido a la consideración de una asamblea extraordinaria, que finalmente aprobó por mayoría de unos pocos votos.

Sin embargo, la “pax gremial” duró poco ya que en junio de 1975 se produjo el llamado “rodrigazo”, que devaluó la moneda un 100% y los precios de la energía aumentaron más de un 150%; los salarios virtualmente se congelaron con un incremento del 40%, que fue rechazado de plano por la CGT en general y por APLA en particular, que no la integraba.

La comisión directiva de APLA decretó un paro que se inició de inmediato en Austral y, al día siguiente, en Aerolíneas Argentinas.

Austral, en una reunión que se hizo el mismo día del paro a eso de las seis de la tarde, ofreció un incremento adicional de otro 40%, que fue aceptado. Fue el primer paro de pilotos en la historia de Austral.

El paro del sector Aerolíneas Argentinas, fue suspendido y se llegó a un acuerdo temporario que finalmente se extendió con incrementos mensuales hasta marzo de 1976.

En ese momento, el 24 de marzo, se produjo el golpe militar que derrocó a Maria Estela Martínez de Perón —Isabelita— y unos dos meses después, APLA fue intervenida designándose como tal al oficial de la fuerza aérea Ernesto Dubourg, el “Conejo”.

El desembarco del interventor en APLA fue amistoso, si bien la comisión directiva, fue formalmente disuelta, siguió funcionando de modo velado. Tampoco se vio alterado el funcionamiento del gremio y el interventor daba curso a los reclamos que se generaban.

El único hecho que causó revuelo fue la detención del Dr. Ibero Berenguer, ya alejado del asesoramiento gremial, pero que mantenía varios juicios en trámite contra Aerolíneas Argentinas. Fue puesto en libertad a los pocos días y nunca se supo el motivo de su detención.

El doctor Juan Carlos Pellegrini, esta vez fue designado presidente de la empresa y si bien llevó una gestión amistosa con los gremios aeronáuticos despidió a Hugo Sánchez, invocando una ley que legalizaba despidos por simples sospechas de actividad subversivas; en este caso, se invocó que usaba pelo largo y barba. (sic)

Los Jumbos llegaron a la flota de Aerolíneas Argentinas durante el gobierno militar. (imagen PLP).

Me tocó promover el respectivo juicio laboral, como abogado del gremio “intervenido” y obviamente el juicio se ganó en las dos instancias y el gremio pidió la reincorporación, pero Sánchez ya había decidido cambiar el curso de su vida y no aceptó el regreso.

En lo personal. a raíz de un reclamo hecho a Austral, por la situación de un piloto, marino retirado, cuyo ascenso había sido rechazado de modo arbitrario, Dubourg una tarde me convocó a una reunión, por una denuncia que me había hecho un directivo de Austral ante la Fuerza Aérea. El interventor se encargó en aclarar que él me había autorizado expresamente para defender el caso. Finalmente, el piloto fue ascendido a comandante y como tal se jubiló años después.

Es conveniente aclarar que algunos hacían uso abusivo del “clima de época”, para resolver cuestiones y enemistades personales, algunas de las cuales lamentablemente eran oídas.

En 1980, consideré cumplido mi ciclo en ese segmento del transporte aéreo y decidí renunciar a la asesoría legal de APLA, cuando estaba por cumplir los casi catorce años ininterrumpidos.

A partir de mi renuncia me dediqué “full time” a la atención del estudio en el que estaba asociado con el doctor Horacio Domingorena a quien había conocido allá por agosto de 1958, en los tiempos de “laica o libre”, cuando integraba un movimiento de estudiantes llamado MARES, a favor de la libertad de enseñanza. Quienes no recuerden o no hayan vivido esa época, pueden darse una vuelta “gugleando”.


 

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