
El 30 de octubre se realizaron las elecciones generales convocadas por el gobierno militar, que ganó el Dr. Raul Alfonsín.
En esa época, como ya lo conté antes, era amigo y socio en el estudio de abogados que integraba con Horacio Domingorena, desde el año 1971, político de la Unión Cívica Radical, que luego militó en la UCRI creada por Arturo Frondizi y finalmente participó en la campaña electoral de la UCR, por la candidatura de Raul Alfonsín, en su provincia de origen, Entre Ríos y en Santa Fe, desde una línea interna que se llamó “Línea Popular”, integrada por radicales de origen “frondicista” y extrapartidarios.
Desde principios de septiembre, Alfonsín venía a nuestro estudio, miércoles por medio para informase de la campaña y ponderar las posibilidades. Debo decir que Alfonsín tenía una convicción absoluta de que ganaría la elección.
La última vez que vino al estudio, se despidió diciendo, “el 30 brindaremos por el triunfo de la UCR”. Nosotros nos quedamos conversando sobre su optimismo, y el comentario general fue “Pobre Raul cree que va a ganar…”
Yo, por el contrario, participé en la elección por la UCD, trabajando por la candidatura a diputado nacional de Álvaro Alsogaray que resultó electo junto con José Juan Manny.
Allá por mitad de noviembre, Alfonsín le ofreció a Domingorena la presidencia de Hidronor, mientras que yo tenía la información que un tal Garcia Puente, sería designado presidente de Aerolíneas Argentinas.
Domingorena rechazó tal oferta argumentando que no podía formar equipo y Afonsín, siempre según la versión del propio Domingorena, le dice, menos los ministerios que ya los tengo cubiertos, decime desde donde te interesaría trabajar conmigo, “necesito gente de confianza”, le acotó.
Tuvimos una larga conversación y al final, le sugerí que le pidiera gestionar a Austral, empresa en la cual conocía mucha gente y cuya situación económica no era floreciente, pero la hacía privatizable.
Creo que Alfonsín, no tenía idea de qué era Austral y, amistosamente —escuché esa conversación— le respondió “es tuya, ya se lo comunico a Roque», por Roque Carranza.
No recuerdo bien la secuencia de días, pero creo que esa charla fue el lunes 21 de noviembre, días de intenso calor.
El miércoles 23 a eso de las 10 de la mañana, recibimos, en el estudio un llamado del propio Carranza que citaba a Domingorena para las tres de la tarde, en una dirección de la calle Bolívar o Defensa, casi Avenida Belgrano.
Fuimos juntos por una razón obvia, Domingorena no tenía idea del tema, y al llegar nos abre la puerta Aldo Depetris, a quien conocía desde hacía más de quince años, cuando integraba una consultora sobres Trasnporte aéreo con Juan Carlos Pellegrini y Nieto, no recuerdo su nombre de pila.
Ellos fueron los que crearon la llamada “tarifa económicamente retributiva” (TER), concretada en 1971 en la ley 19.030.
Allá a fines de la década del 60 yo había escrito dos notas, una sobre el régimen jurídico del subsidio aéreo, plasmado creo que en el artículo 138 del Código Aeronáutico sancionado en 1967, en la Revista nacional de Aeronáutica y luego otra en el diario Correo de la Tarde que dirigía Francisco Manrique, a quien llegué por medio de su hijo “Pampa” casado con una amiga de la familia, Ana Borzone.
Traje a cuento esas dos notas, porque a raíz de ellas conocí a Depetris, que me llamó sobre el tema tarifario, también conocí en ese momento a Pellegrini. para conversar, no asi a Nieto.
Retomando el hilo, mientras Domingorena, se reunía con Carranza, nosotros, Aldo y yo nos quedamos conversando, durante unos diez minutos sobre Aerolíneas Argentinas y la política aérea, y luego nos sumamos a la reunión con el futuro ministro.

Carranza dirigiéndose de modo directo a mí, me dice: «ya lo hablé con Horacio, prepáreme, en no más de una carilla, lo que piensan proponer para Austral, pero en cuanto asuma Alfonsín, se harán cargo».
En cuanto llegamos al estudio, serían las cuatro y media, redacté esa “página” y se la mandé a la oficina donde estaban trabajando hasta la asunción del cargo.
El domingo siguiente, a la noche, me llama Domingorena a mi casa y me dice que Carranza nos espera el día siguiente —lunes— a las dos y media en las oficinas del centro.
Al llegar, Depetris se reúne conmigo y me anticipa, que habían decidido proponerle a Alfonsín que Domingorena se quedara con Aerolíneas Argentinas y Garcia Puente pasaría a Hidronor.
Ese trueque dependía que yo fuera como “gerente general”.
No puedo negar que la propuesta me agradaba, pero al mismo tiempo, eso significaba dejar el estudio que era lo que nos daba de comer.
Estuvimos conversando casi una hora y al final Depetris me dice, más o menos, “mirá, Luis, este trueque entre Domingorena y Garcia Puente, se lo propuse a Carranza, dando por sentado que vos serías el administrador general, si no aceptás se me desarma todo…”
Seguí poniendo mis objeciones, le dije: «mirá, yo soy afiliado a la UCD, por una cuestión de respeto, antes quiero hablar con Álvaro y con el propio Horacio, es cierto soy su amigo y socio, pero este procedimiento me parece desprolijo”. «Respóndeme mañana antes de las seis de la tarde», me dijo Aldo, con fastidio.
El regreso al estudio fue raro, hablamos de cualquier cosa en el taxi, y al llegar al estudio me fui directo a mi oficina y lo llamé a Alsogaray, que me citó para el día siguiente martes a las 9 de la mañana, en su departamento de la calle Rio Bamba, entre Juncal y Arenales.
Ese martes llegue al estudio luego de reunirme con Alsogaray, serían las once y media y Domingorena, me reprochó, lo que él consideraba una maniobra desleal de mi parte usufructuando mi relación con Aldo Depetris.
En ese momento Carranza nos volvía a pedir que fuéramos a hablar con él y otra vez a las tres de la tarde fuimos a las oficinas.
Estuvimos reunidos los cuatro y Depetris, explicó el motivo del trueque entre él y García Puente; nos explicó el directorio que se había designado, con José Chalen, a quien conocía y Pérez, a quien también conocía, Perez Amiama y un tal Mogni, a quienes no conocía y quedaba una vacante que llenaría Alfonsín, según sus compromisos. (sic)
Carranza me preguntó a cuentas personas pensamos llevar y le respondí que a una sola que sería el gerente administrativo financiero y que me arreglaría con gente de la empresa.
Asi fue como le anticipe que Hilario Valinotti sería el gerente de operaciones y Ernesto Ziedlockzec (no se si lo escribí bien) sería el gerente comercial. También le dije que concretaría algunos ascensos de gente que venía postergada, como el caso del Dr. Santiago Pizarro y que convertiría en subgerencia lo que era jefatura de atención a los pasajeros. Asimismo, que me juntaría con Austral para armonizar horarios y unificar el uso de billetes aéreo, tema que arregle con las autoridades que venía del gobierno anterior, el gerente comercial Horacio Penetre, que continuó —hoy en Andes— y un tal Bontá, que fue reemplazado por un tal Jaras de Bahía Blanca.
Carranza escuchó interesado y me dio una única instrucción. “Ingresos corrientes contra egresos corrientes tiene que arreglarse con la facturación de Aerolíneas, no espere un solo peso del “gobierno”.
Si bien renuncié, en verdad fui despedido, luego de una fuerte discusión con Domingorena y Chalen. A ello se agregó una injuriosa columna escrita por Iglesias Rouco, en el diario “La Prensa”, con información falsa, suministrada, según me entere “desde adentro”
Con el tiempo reanudé mi relación con José Chalen, por intermedio de Martin Barrantes, que nos invitó un almuerzo en Happening, la que se mantuvo hasta su fallecimiento.