
A pesar de ser relativamente pequeña (aproximadamente 41.000 habitantes), la ciudad de Hickory cuenta con un aeropuerto regional que se encuentra ubicado en el límite Sur de la ciudad, comparte terreno con la localidad de Long View (5.000 habitantes) y destaca al mantenerse independientemente gracias a los ingresos que le generan residentes tales como un destacamento de lucha contra incendios forestales y varios empresas y propietarios privados. Si bien no cuenta con servicios de transporte aerocomercial regular ya que está demasiado cerca del aeropuerto internacional de la ciudad de Charlotte, Hickory Regional (código KHKY en nomenclatura de la OACI) registra más de 100 operaciones aéreas diarias (promedio) y cuenta con dos edificios terminales: La del aeropuerto propiamente dicha (construida en 1960) y la de Cannon Aviation, una terminal aérea para vuelos ejecutivos.
A pesar de la aparente monotonía que propone un típico aeródromo de aviación general como este, Hickory Regional resalta por la presencia de un pequeño pero atractivo museo aeronáutico creado por vecinos de la localidad y su zona de influencia. Designado Hickory Aviation Museum (HAM), este se encuentra ubicado en el extremo sudoeste de la terminal principal, se declara dedicada a «preservar hechos y artefactos de la edad de oro de la aviación [ofreciendo] una oportunidad única para que todas las generaciones aprendan y aprecien la historia de la aviación» y se sustenta económicamente en la legislación norteamericana de organizaciones sin fines de lucro que propone exenciones tributarias a las donaciones benéficas de empresas y particulares.
El ingreso al museo, que no tiene costo alguno para el visitante, se puede realizar tanto por la entrada principal a la terminal como por una puerta secundaria que luce el escudo de la institución. El museo propiamente dicho se encuentra ubicado en el lado sudoeste del edificio y allí se muestran artefactos y recuerdos que van desde la Segunda Guerra Mundial hasta la actualidad. Allí, impresiona distintivamente una exhibición sobre los hermanos Bill y George Preddy, pilotos nativos de Carolina del Norte caídos en combate mientras tripulaban cazas P-51 Mustang en Europa entre 1944 y 1945. Pero también se pueden encontrar otras muestras de su colección en el propio hall de entrada, algunas oficinas en desuso o el bar de la terminal. La antigua sala de retiro de equipajes, por su parte, aloja el «Anexo de la Aviación Naval», donde se aprecian un pod de cameras de F-14, cañones Vulcan calibre 20 mm, varios misiles aire-aire y uniformes de la Armada y los Infantes de Marina.
Saliendo del museo por una puerta vidriada se accede a su «Línea de Vuelo», un sector de 100 m x 50 m de la plataforma de vuelo del aeropuerto que el museo emplea para la exhibición estática de 14 aeronaves de su colección. Las aeronaves en exhibición van cambiando a lo largo del tiempo a medida que les llega la hora de pasar por tareas de mantenimiento, aunque en al menos una ocasión varias aeronaves tuvieron que se retiradas de la muestra y puestos en reserva por los daños sufridos durante un fenómeno meteorológico. Esto sucedió después que, el 23 de octubre de 2017, un tornado de grado 2 (con vientos entre 179–218 km/m) provocara el desplazamiento accidental del, y daños más o menos considerables al Fokker F-27 MK.500 N705FE, el Vampire T.11 N70877/WD187 y el HA200D Saeta N4551W.
El museo también hace acto de presencia en otras partes del aeródromo. Al Sudoeste de la aeroestación, cruzando la pista 01/19, se encuentra el área de restauración y mantenimiento. Conocido internamente como «Blast Wall» («muro de arenado»), este es el sector donde los voluntarios del museo realizan tareas de mantenimiento, restauración y repintado de las aeronaves de la institución. De allí han salido, relucientes, aeronaves tales como el F-105B Thunderchief 54-0107/FH-107 o la sección delantera del F-14A Tomcat 158627/AD-101 que se exhiben estáticamente en la línea de vuelo. Este sector, al igual que un rincón y un hangar de otra plataforma de vuelo ubicada al Sur de la terminal cruzando la pista 06/24, sirven también para alojar células aéreas (completas o incompletas) y otros artefactos que no se encuentran en condiciones aptas para su exhibición al público.
Principales atracciones
Cortesía de Bill Baker, uno de los voluntarios más activos del museo, a fines de enero de 2020 pudimos efectuar un completo inventario de las aeronaves en exhibición o reserva y encontramos varios ítems dignos de destacar. El más llamativo de ellos es, sin discusión, el P-3C Orion 156515/LL-515, al que se puede acceder en la línea de vuelo mediante toures guiados por voluntarios del museo y en el cual se puede observar cada puesto de la tripulación en condiciones muy cercanas a la realidad operativa de la máquina. Si no tienen oportunidad de visitar el museo pero quieren experimentar informáticamente la experiencia de abordar este mítico patrullero marítimo de la Guerra Fría, pueden hacerlo mediante este tour virtual e interactivo creado por el fotógrafo y veterano de guerra, Ken Oots.
En la línea de vuelo también resaltan el Curtiss XF15C-1 01215/»215″, prototipo de un experimento representativo de fines de la década de 1940, cuando la Armada de EE.UU. aún no se atrevía a dar completo el salto a la «era del jet», el F-14A Tomcat 158627/AD-101, cuya sección delantera fue montada sobre un trailer para transformarlo en una muestra itinerante donde tiene que llamar mucho la atención por su decoración como ex-integrante del escuadrón VF-1 Wolf Pack, el EA-6B Prowler 163033/CB-01, con el vistoso decorado que recibió al momento de ser retirado del servicio y cedido al HAM en mayo de 2016, el F-5E Tiger II 741540/»09 Rojo», decorado con marcas soviéticas indicativas de su empleo como caza «agressor», y varios ejemplares de caza, ataque o entrenamiento que ilustran los vistosos esquemas de pintura empleados por la aviación militar norteamericana antes del advenimiento de la monótona era de #GrisLowViz.
Fuera de exhibición también nos esperaban varias sorpresas. En la «Blast Wall», por ejemplo, se estaba trabajando en el pulido completo del F-4B Phantom II 148400 y la cabina del F/A-18A Hornet 163144. Una vez terminados, el Hornet reviviría en una configuración de demostración rodante parecida a la del F-14A Tomcat y el Phantom lo hará con las marcas que lucía en 1962 cuando, empleando la designación F4H-1, operó con el escuadrón VF-102 «Diamondbacks» a bordo del portaaviones USS Enterprise (CVAN-65) para el histórico viaje espacial de John Glenn, Jr. en febrero de 1962 y durante la Crisis de los Misiles Cubanos entre octubre y diciembre de 1962. Alrededor del área de restauración también se conservan el F-27 Mk.500 Friendship N705FE de Federal Express, el GH-3 Nightingale 44947, el HA200D Saeta N4551W más varias secciones delanteras y timones de aviones navales norteamericanos e, incluso algunos misiles chinos de procedencia desconocida.
Al momento de nuestra visita a fines de enero, un hangar corporativo privado en el sector Sur del aeródromo alojaba al AH-1W Super Cobra 161017/HF-71, helicóptero de ataque que llegó en vuelo al museo a inicios de enero y debería haberse incorporado a la línea de vuelo el 22 de febrero pasado. En el mismo sector, pero al aire libre, también pudimos confirmar la existencia del Vampire dañado en el tornado de 2017 y descubrir otras dos células de reciente incorporación: Un T-2C Buckeye y un YV-22A Osprey. Este último resultó ser la sorpresa más llamativa de nuestra visita ya que se trataría nada más ni nada menos que del primer prototipo del famoso convertiplano construido por Bell y Boeing (Bureau Number 163911). A menos que nuestras verificaciones sean incorrectas, el prototipo habría terminado su carrera en vuelo con la Infantería de Marina, fue convertido en simulador consolidado de mantenimiento eléctrico para la Fuerza Aérea (aceptado por esta en septiembre de 2004) y terminó sus días en Hickory.
Tratándose de una institución sin fines de lucro, el museo no puede darse el lujo de contar con personal contratado, pero cuenta con un programa de voluntarios que convoca a civiles (con o sin experiencia aeronáutica) y veteranos de guerra que quieran «orientar al público visitante, restaurar y reparar aviones, trabajar en las redes sociales y realizar recorridos para escolares e invitados» y conseguir una gratificación en «satisfacción, diversión y orgullo». Y realmente los necesitan tanto como a los benefactores que donan recursos económicos o materiales para mantenerse vivo y vigente e implementar iniciativas tales como incrementar la cantidad de aeronaves en su acervo, construir un hangar en la actual cabecera 19 cuando la pista 01/19 sea clausurada o integrarse a un circuito de turismo y entretenimiento doméstico cuya construcción comenzó en enero de este año y conectará distintos parques, lagos y senderos de la localidad.

Mitchell Enríquez participó del trabajo de campo que llevó a la elaboración de este relato y Andy Marden colaboró con antecedentes sobre el museo y su flota de aeronaves preservadas. Fuentes y referencias consultadas: Federal Aviation Administration, Hickory Aviation Museum, Scramble, The Fury, The Preddy Memorial Foundation, Scramble, US Naval History and Heritage Command y Wikipedia.