
Unos 750 km al Oeste de la famosa playa de Kitty Hawk, se encuentra el museo aeronáutico más occidental del Estado de Carolina del Norte. Ubicado en el extremo sudoeste del aeródromo civil de Hendersonville, el Western North Carolina Air Museum (WNCAM) busca ser reconocido como un “lugar para mostrarles a los jóvenes cómo debe ser un avión propiamente dicho: Con tela tensada sobre estructura de madera, con una hélice única en la nariz y patín de cola o una pequeña rueda debajo de la cola”.
Fiel a la tradición conservadora que domina la región, el museo muestra con orgullo el testimonio de una visita que George W. Bush realizó al aeródromo el 5 de septiembre de 1992 en plena campaña para su reelección a la presidencia de los EE.UU. Según los testimonios de la época, Bush compartió algunos minutos con Bill Schreier (presidente del museo) y su esposa Caroline y luego pasó casi 15 minutos recordando sus años como alumno aviador naval mientras inspeccionaba un Stearman N2S-4 que integraba el núcleo inicial de la colección del museo.
La institución es una organización sin fines de lucro creada en abril de 1989 por tres aviadores de la comunidad local, Dennis Dunlap, Bill Schreier y Ken Stubbs, y se distingue por alojar, ya sea en forma permanente o en tránsito, “una colección única de aviones que celebran la edad de oro de la aviación, las décadas que rodearon a la II Guerra Mundial, cuando volar atraía la atención del mundo y un avión estaba en el futuro de todos”.
El museo cuenta con dos hangares, uno inaugurado en enero de 1993 y otro a principios de 2008. El primero de ellos contiene la muestra estática de aeronaves, oficinas del museo, biblioteca, área de mantenimiento y “museum shop”. El segundo se emplea para alojar aeronaves pertenecientes a miembros de la organización o para recaudar fondos que contribuyan al sostén financiero/económico del proyecto.
A diferencia de otros museos que hemos podido visitar en distintas regiones de los EE.UU., el WNCAM no muestra aeronaves militares o comerciales rutilantes sino que se focaliza en diversos exponentes representativos de la era de oro de la aviación deportiva, general o, simplemente… «romántica». Por eso, no deja de llamar la atención la presencia de tres ejemplares de la dinastía Piper Cub (un Taylorcraft E-2, un J-2 y un J-5A), dos Cessnas clásicos (un 170 y un 190), un Fairchild 24, un Curtiss Robin y un biplano WACO.
También exhibe varias réplicas recreacionales de cazas de las I y II guerras mundiales (algunas de ellas aún en condición de vuelo) y su hangar número dos sirve de alojamiento para un hermoso Boeing D75N1 (en el que se pueden realizar vuelos de 15′ de duración a un costo de US $ 100), un llamativo Ercoupé pintado de amarillo, un acrobático Skybolt rojo o un brillante Piper Comanche. En nuestra visita de fines de enero de 2020, además, pudimos comprobar la reciente llegada del primer ejemplar del hidroplano Thurston TSC-1A/1 Teal al museo.

Mitchell Enríquez participó del trabajo de campo que llevó a la elaboración de este relato. Fuentes y referencias consultadas: Federal Aviation Administration, The Ejection Site, Wikipedia y Western North Carolina Air Museum.