Poniendo orden en mi biblioteca y varios depósitos donde almaceno imágenes, libros, revistas y otros documentos de interés histórico aeronáutico, la última primavera rescaté lo que considero una «perlita» digna de compartir con los lectores de Gaceta Aeronáutica.
Se trata del Jane’s Pocket Book of Major Combat Aircraft que John W. R. Taylor y Kenneth Munson compilaron en 1973 para su publicación en EE.UU. y que Taylor logró actualizar en no menos de cinco ediciones que extendieron su vigencia hasta 1979, año del cual proviene el ejemplar que revisamos en esta nota.
En la presentación de la obra, Taylor la define como una guía rápida para el reconocimiento de aeronaves, más liviana, pero no por ello menos informada que su hermano mayor, el clásico, gigantesco y carísimo anuario Jane’s All The World’s Aircraft.
En ella, afirman los autores, buscaban entregar «las mejores fotografías, reproducirlas tan grande y claramente como fuese posible y apoyarlas con diagramas de tres vistas de alta calidad» y un texto descriptivo de los principales del modelo en consideración.
Y, si bien la obra puede considerarse actualmente pueril o algo liviana, el principal atractivo que nos propone es un muestrario o catálogo de lo que los autores (y los investigadores que los secundaban en esa tradicional firma británica de periodismo e inteligencia militar) consideraban los principales aviones de combate del mundo de esa era.
En el repaso de ese inventario hay muchas cosas que hoy nos sorprenderían, comenzando por la gran cantidad de modelos en servicio y la amplia oferta de fabricantes que competían para abastecer a las fuerzas armadas de la OTAN, el Pacto de Varsovia y muchas otras naciones periféricas.
Así se pelearía la Guerra Fría

En ese entonces, la oferta de cazas de concepción especializada era absolutamente increíble para los estándares de hoy y el libro detalla una larga lista de modelos que se mantenían operativos en distintas parte del mundo: G91 italiano, Bucaneer, Hunter y Lighting británicos, A-4 Skyhawk, RA-5 Vigilante, A-6 Intruder, A-7 Corsair II, Northrop F-5, F-4 Phantom II, F-8 Crusader, F-86 Sabre, F-100 Super Sabre, F-101 Voodoo, F-102 Delta Dagger, F-104 Starfighter, F-105 Thunderchief y F-106 Delta Dart norteamericanos, Vautour, Mystere, Super Mystere, Etendard y Mirage III/5 franceses, HF-24 Marut indio (con raíces argentinas, véase esta ficha del I.A. 43 Pulqui III en el archivo histórico de Aeromilitaria Argentina), MiG-17 Fresco, MiG-19 Farmer, MiG-21 Fishbed y MiG-25 Foxbat soviéticos, SAAB 32 Lansen, 35 Draken y 37 Viggen suecos, SEPECAT Jaguar anglo-francés y J-1 Jastreb yugoeslavo.
También se aprecian en la obra los distintos senderos que la industria exploraba en la década de 1970 para consolidar su oferta de aviones de combate multipropósito, transitando la madurez de los diseños de alas de geometría variable con los F/FB-111 y F-14 Tomcat norteamericanos , los MiG-23 Flogger, Su-7 Fitter, Su-9 Fishpot, Su-11 Flagon rusos y el paneuropeo Panavia MRCA (mejor conocido actualmente como Tornado) y presentando las primeras manifestaciones de los que hoy conocemos como cazas de III y IV generación: Mirage F1 francés, F-15 Eagle, General Dynamics YF-16 y Northrop YF-17 norteamericanos y Yak-25 a Yak-28 rusos.
Infaltable en una publicación de ese origen, aparecen los cazas de despegue vertical British Aerospace Harrier de primera generación: Mark 1 a 3 británicos y AV-8A de la infantería de marina norteamericana y todos los exponentes de las fuerzas de bombardeo estratégico de la época: Rockwell B-1 (en aquel entonces en pleno desarrollo) y B-52 Stratofortress norteamericanos, Mirage IV-A francés y Mya-4 Bison, Su-22 Backfire (geometría variable), T-16 Badger, Tu-22 Blinder, Tu-28 Fiddler y Tu-95 Bear rusos.
También aparecen bombarderos tácticos tales como los A-3/B-66 Skywarrior/Destroyer norteamericanos, Canberra y Vulcan británicos e Il-28 Beagle ruso y otros tantos jets livianos de ataque y entrenamiento de los que apenas unos pocos perduran en operación hasta nuestros días: MB-326 italiano, Gnat, Vampire, Venom y Strikemaster/Jet Provost británicos, Cessna A/T-37 norteamericanos y SAAB 105 sueco.
Hoy anecdóticamente, destacan también varios modelos de alas rotativas que en aquel entonces hacían sus primeras armas en las fuerzas armadas del mundo: El SA-330 Puma francés, el AH-1 Cobra norteamericano y el Westland Lynx británico; más una rareza italiana que no pasó de la etapa de ensayos en vuelo: El Agusta A106.
Más establecidos en ese segmento del mercado, también aparecen helicópteros maduros tales como los Alouette y Super Frelon franceses, UH-1 Iroquois (¡cuándo todavía no los rebautizaban Huey!), H-2 Seasprite, H-46 Sea Knight, CH-47 Chinook y Sikorsky S-58, S-61, S-64 y S-65 estadounidenses, Ka-25 Hormone Mi- Hound, Mi-6 Hook y Mi-8 Hip rusos y Scout y Wasp británicos.
En los segmentos más especializados, no faltan aeronaves de alerta temprana E-2 Hawkeye y E-3A norteamericanos, Shackleton británico y Tu-114 Moss ruso, cisternas KC-97 Stratofreighter y KC-135 Stratotanker norteamericanas y Victor británicas, patrulleros maritimos y antisubmarinos Alizé y Atlantic franceses, Beriev Be-12 ruso, CP-107 Argus canadiense, Gannet y Nimrod británicos, S-2 Tracker, S-3 Viking, P-2 Neptune y P-3 Orion norteamericanos e Il-38 May, modelos especializados de vigilancia y/o ataque A-1 Skyraider, A-10 Thunderbolt II, OV-1 Mohawk y OV-10 Bronco norteamericanos, P-2 Kraguj yuegoeslavo e IA-58 Pucará argentino, el hidroavión de rescate japonés Shin Meiwa PS-1 y el siempre impresionante espía estratégico trisónico SR-71 Blackbird.
En definitiva, «Jane’s Pocket Book of Major Combat Aircraft» nos ofrece una económica ventana para vislumbrar cómo se apreciaba la aviación militar del planeta de hace casi 40 años.