La central de comunicaciones Cables and Wireless durante la Guerra de Malvinas (2/4): La llegada a Malvinas

El C-130 Hercules TC-68 en el aeródromo de Puerto Argentino (foto: archivo).

El día 2 de abril a la madrugada embarcamos en el primer avión C-130 que despegó con destino
a Puerto Argentinos. Además del Estado Mayor, iba el GOE y el Grupo de 1 de Comunicaciones. El
vuelo fue en silencio, íbamos ubicados al costado de dos vehículos del Ejército. Fue más largo de lo
habitual, ya aterrizados y mientras íbamos carreteando hacia la plataforma el personal del GOE se fue
tirando del avión. Cuando se nos dio la orden de descender del avión, mientras íbamos tomando posición hacia la torre de control se sentían disparos aislados y se veían tambores de 200 litros obstruyendo la pista de aterrizaje.

No había pasado un minuto que ya desde nuestro lugar de operación, debajo de la torre de
control, con el equipo portátil de HF estábamos comunicados con el continente. El personal de
operaciones ya estaba autorizando aterrizajes y despegues y coordinando los vuelos con helicópteros de la Armada a través de nuestro VHF portátil.

Todo funcionaba tal cual lo habíamos pensados, los operadores enviando y recibiendo mensajes
con total naturalidad. Comenzamos a instalar los equipos fijos y también a estudiar donde se debían pasar los cables para habilitar una pequeña central telefónica para el Estado Mayor.

A pesar del movimiento intenso que había en el Aeropuerto, las versiones que circulaban, y que los disparos seguían en un extremo del aeropuerto, el personal de comunicaciones (que ya habían sido
bautizados por el Primer teniente Zanardi como los ganchos salvajes), estaban calentando el agua para
tomar mate. Todos los que fueron estaban muy entrenados, trabajaban rápidamente y en silencio.
El apodo de ganchos, se debió a que todos eran suboficiales de comunicaciones y es común en nuestra Fuerza expresarse en forma lunfarda, cuando se está hablando de Suboficiales, y el de salvajes fue porque en aquella época tuvo mucho éxito la película de guerra Los gansos salvajes y por similitud al
desempeño de un bravo pelotón de soldados norteamericanos los comenzamos a definir como los
Ganchos Salvajes.

Recuerdo de esos momentos dos anécdotas, la primera era que desde el continente todos los aviones que participaban en esta invasión tenían los indicativos Litro más un número.

De pronto un avión argentino que se identificó con un indicativo diferente a Litro, pedía autorización para aterrizar. Rompió con la rutina, era algo fuera de la planificación y creó el mismo nerviosismo que si un avión ingles pedía autorización para aterrizar, era un F-28 de la Armada. Por no estar previsto se le negó la autorización y viendo que el comandante de aeronave insistía se le ordeno al GOE colocar tambores de 200 litros como obstáculos en la pista para evitarlo. Fue un momento muy tenso, me impactó la decisión con que actuaba el joven Estado Mayor, en el avión venia el Comandante de Operaciones Navales. El avión tuvo que regresar.

Otra anécdota interesante fue la evacuación de heridos, un grupo de cuatro o cinco hombres de la
Armada que habían participado en la Toma de la Casa del Gobernador habían sido heridos por armas
largas, los habían llevados en helicópteros para operarlos en uno de los barcos que hacía de hospital, pero dado la gravedad optaron por enviarlos al continente por modo aéreo. A través de nuestro sistema de coordinación médica pudimos comunicarles a los médicos del Hospital de YPF el diagnóstico exacto que tenía cada paciente, que curaciones se le pudieron hacer en el barco y que tipo de cirugía se debía realizar a cada uno de ellos. Los heridos fueron trasladados desde el barco al aeropuerto en helicópteros y desde allí en F-28 al continente. En Comodoro Rivadavia siempre nos agradecieron el poder saber con
antelación el tipo de tratamiento que había recibido cada uno de los heridos para poder prever a los
especialistas, y gracias a esa coordinación pudimos salvar más de una vida.

A todo esto, con los Ganchos Salvajes ya estábamos viendo cual era el mejor lugar para acobacharse, ya que teníamos un refrigerio para pasar el primer día de combate y lo principal era prever el lugar de descanso.

Primer acto oficial del izamiento de la bandera argentina en Puerto Argentino Aproximadamente a eso de las 10 de la mañana del 2 de abril, el Brigadier Castellano me ordenó que con un Suboficial de Comunicaciones me dirija a la ciudad para un acto, donde por primera vez se iba a izar la bandera argentina después de la usurpación inglesa. Fácil es decirlo, pero muy difícil de concretarlo, ya que nosotros no teníamos vehículos, nuestra misión era solo estar en la Isla 48 horas y brindar las comunicaciones para un óptimo funcionamiento del aeropuerto, no teníamos previsto ningún
vehículo en nuestros planes.

El izamiento de la bandera argentina en Puerto Argentino Aproximadamente a eso de las 10 de la mañana del 2 de abril (foto: archivo).

Mientras analizábamos como llegar al centro de la ciudad, que creo que estaba a unos seis o siete
kilómetros, se acerca una lancha anfibia de la Armada a conocer la zona del aeropuerto. Tenía unas
ruedas muy grandes tipo tractor, con frente (capot) similar a una lancha. Le pedimos si nos podían llevar
hasta la casa del Gobernador, aceptaron y nos llevaron hasta ese sitio.
Fuimos sentados sobre la carrocería, el camino estaba vacío, se veían banderas argentinas
colgadas de algunos alambrados. Fue un viaje incomodo, pero lleno de emoción.

Cuando llegamos a la ciudad me dio la impresión de estar deshabitada, el chofer sufrió el primer
impacto al ver que los escasos vehículos circulaban por el lado opuesto a lo que estábamos
acostumbrados.
Al llegar a las inmediaciones de la casa del Gobernador, mi primera sorpresa fue encontrarme
alrededor del mástil al Vicecomodoro Alegría, estaba vestido de combate con una gorra de servicio, junto
a él estaba el Vicecomodoro Gilobert vestido con ropas civiles y en su cabeza una gorra de servicio,
también estaba el Vicecomodoro Gamen vestido de civil con su familia.
El mástil de la casa del Gobernador, estaba en un pequeño jardín en desnivel en el costado de la
residencia y terminaba en la calle principal que bordeaba el mar. A pocos metros de allí, había muerto el
Cap. Giachino.
Se ordenó realizar la formación en frente del mástil. La Armada y el Ejercito tenían una sección
con bandera de guerra y escolta, el lugar de ubicación de ellos era de espaldas al mar, o sea mirando a la casa del Gobernador. A mí criterio la Fuerza Aérea no estaba prevista en esta ceremonia.

Nosotros no teníamos ningún tipo de bandera, ni tampoco tropa para participar en esta formación. A
cargo de la sección del Grupo especial del Ejército estaba el Teniente Coronel Seneldin. En un costado donde se colocan los invitados, estaba la Fuerza Aérea representada por el Brigadier Castellano, los Vicecomodoros Alegría, Gilobert, y Gamen, un suboficial de comunicaciones y yo, también estaba la familia Gamen. En ese acto había tantos periodistas y camarógrafos como militares.

Se ató en el mástil una bandera argentina muy grande, la persona seleccionada para izarla era el
General García. Para obtener buenas fotografías y facilitarles el trabajo a los camarógrafos, el izamiento era realizado muy lentamente, el viento era fuerte y soplaba a nuestras espaldas, la bandera desde el primer momento flameaba inquieta. Cuando pasó la mitad del mástil, se desató el extremo inferior, segundos después el superior y la bandera se voló del mástil ante el asombro de los presentes. Todos quedamos inmóviles y sin reaccionar.

Para los que estábamos en la ceremonia fue una premonición de lo que iba a ser la guerra. Fue tal el nerviosismo de los que izaban la bandera, que el general soltó la cuerda del mástil y por el propio peso y la acción del viento se desenhebró de la roldana. No solo se había volado la bandera, sino que la cuerda estaba en el suelo. Tomó la iniciativa el Teniente Coronel Seneldin y le ordenó a uno de sus hombres que se subiera al mástil y que enhebrara la cuerda en la roldana del mástil. Después de varios intentos al estilo marinero, lo consiguió y se repitió la ceremonia. Ya no era lo mismo, no tenía la emoción de la primera vez. Cuando nos desconcentramos y hablábamos de nuestras experiencias vividas, yo pensaba en que podíamos volver al aeropuerto.

La estación de comunicaciones Cables & Wireless

Al costado de la casa del Gobernador estaba la planta de comunicaciones de la Empresa Cables
and Wireless. Cuando pasamos caminando vimos que había un soldado del ejército de guardia, quien no
nos impidió la entrada al vernos de uniforme. Recorrí la planta, era un edificio sencillo, con grandes
ventanales y que en su interior tenía un equipamiento muy similar al que poseía la Fuerza Aérea en las
cabeceras de comunicaciones del Tránsito Aéreo.

Mientras íbamos caminando hacia la oficina de LADE, el Vicemodoro Alegría me pregunta si
podía hacer funcionar la estación, le respondí que sí. Me volvió a recalcar y le insistí que sí, que me sentía capacitado. Tengo la certeza que el Vicemodoro me creyó, ya que me conocía de haber trabajado juntos en la IV Brigada Aérea.

Le insistí que estaba en condiciones de hacerla funcionar. Me pidió que vaya caminando a la estación y lo espere en la puerta. El Brigadier Castellano y el Vicecomodoro Alegría iban a la primera reunión conjunta que se realizaba en la Isla y entre los temas tratados surgió el de la estación de comunicaciones de la Isla.

El Ejército había desembarcado en la Isla con el apoyo de una Unidad de comunicaciones con
asiento en Bahía Blanca y su Jefe consideraba que el sistema instalado era muy moderno y complejo
como para poderlo operar; por lo tanto, aconsejaba cerrarla.

La estacion de comunicaciones Cable & Wireless (foto: archivo).

Como habíamos conseguido un vehículo que nos iba a llevar de regreso al Aeropuerto junto con
el Brigadier Castellano debimos esperar que finalice la reunión. Finalizada la misma el Brigadier y el Vicecomodoro, con cinco o seis oficiales de las distintas armas fueron caminando hasta la estación de comunicaciones donde yo los estaba esperando con el suboficial que me había acompañado al acto.
El Brigadier me dio a entender con gestos que la estación la iba a operar la Fuerza Aérea, y que
yo debía de rendir mi primer examen.

Antes que ellos llegarán, yo había entrado por segunda vez a la planta y la recorrí con mayor detenimiento las instalaciones, cada segundo que pasaba sabía que estaba capacitado para operarla sin
ningún problema, conocía la tecnología y la operación de la planta.

Todos ingresamos a la planta, fui caminando con seguridad al puesto de operador principal y
seguí la secuencia lógica para prender los equipos de esta potencia, coloqué las frecuencias que me habían dado en ese momento y que habían sido ordenadas desde Buenos Aires, seleccioné las antenas, y esperé que el sistema automático de adaptación de antena estuviera listo. Enfrente mío, había dos grupos, unos que necesitaban que yo triunfara y otros que apostaban a la derrota.

Los equipos necesitaban unos 3 minutos para estar operables, para muchos fue una eternidad.
Cuando por medio de luces el ciclo de puesta en servicio finalizó, con seguridad me coloque enfrente del micrófono y llame al Centro Internacional Buenos Aires.

Con muchísima alegría y en forma inmediata contestó Buenos Aires, la repuesta salió muy clara
y fuerte en los parlantes. Vi en muchos rostros una cara impresionante de asombro. Habíamos aprobado el examen, las comunicaciones internacionales y nacionales de la Islas nos pertenecían. Todos los que estábamos presentes estábamos emocionados. Creo que una parte importante de este trabajo lo hicieron el Vicecomodoro Alegría que lo convenció al Brigadier que asumiera la responsabilidad de hacer la prueba y el Brigadier Castellano que jugo una apuesta fuerte en un oficial que no conocía.
Volvimos al Aeropuerto, las comunicaciones operativas funcionaban muy bien, la cantidad de
gente que había ya era mucho mayor. Seguimos analizando como operar la estación de comunicaciones
de la Isla. Decidimos que unos dos suboficiales me acompañaran y apoyarnos con el personal kelper de la empresa. A partir de ese momento mi responsabilidad fue la de operar la estación de comunicaciones, al principio con personal de Fuerza Aérea, luego se sumaron personal de la empresa inglesa, los cuales solo realizaban trabajos administrativos.

Con el tiempo me di cuenta que las cuarenta y ocho horas que iba a durar la invasión era una utopía, ya comenzaban los rumores de que se enviaba un gobernador.

Nuestro trabajo

Nosotros por medio de esa estación nos podíamos comunicar con todo el mundo. El sistema
funcionaba desde la Isla hasta el continente utilizando frecuencias de HF, duplicadas y diferentes tanto
para recibir como para transmitir. Se recibían en la estación receptora de ENTEL en Don Bosco y se transmitía por la planta transmisora de Pacheco. Desde ambas plantas se comunicaban con microondas al Centro Internacional Buenos Aires, que por medio de la red nacional o por satélite nos comunicaba con el mundo.

Central Radiofónica de Radio Pacheco (foto: Ministerio de Comunicaciones)

La estación comenzó a funcionar en forma inmediata, se autorizó a hablar por teléfono al
personal militar de todas las jerarquías, a medida que pasaba el tiempo era mayor la cantidad de personas que hablaban. Los kelper tuvieron restricciones para hacer uso del sistema.

Para colaborar con nosotros y para cumplir compromisos internacionales de comunicaciones
antárticas unos días después se destacaron cuatro especialistas civiles de comunicaciones del correo
argentino. Dos de ellos (Lares y Pietra) habilitaron la estación costera que presta apoyo a los buques de
ultramar en el sur y dos (Vitaliano y Pugliese) se encargaron de la planta transmisora y en poner en
funcionamiento el TOR ARQ (sistema que permitía enviar telegramas vía HF) con la República
Argentina.

La Fuerza Aérea designo dos empleados civiles de inteligencia (D´Odorico y el Pirincho Freyre). También fue muy importante la colaboración de tres soldados del Ejército argentino que tuvimos
a nuestro mando.

Cuando se hizo cargo el Gobernador de la Isla, la estación de comunicaciones comenzó a depender del Coronel Machinandiarena quien cumplía la función de Secretario de Comunicaciones del gobierno de las Islas Malvinas.

Durante todos los días hasta la rendición la estación cumplió en forma silenciosa una extraordinaria labor, gracias a todo el personal que trabajo en la isla y a la de las operadoras del centro internacional Buenos Aires, que era de la Empresa Nacional de Telecomunicaciones.

En la mayoría de los libros que se escribieron sobre la batalla de Malvinas, nuestro selecto y reducido grupo siempre tuvo un párrafo donde se resaltó el trabajo realizado.

Uno de los personajes discutidos que usaba nuestra estación para hablar con los medios fue el
Padre Fernández, un capellán del Ejército que por medio de las radios de todo el mundo quiso mandar
tranquilidad a los parientes de los soldados. En un principio fue visto muy bien, pero luego que se fue
complicando la situación bélica su aparición fue más esporádica, debido a que sus informaciones eran
aprovechadas por los servicios de inteligencia británicos.

Tuvo la oportunidad de hablar por medio de nuestra estación con las radios más lejanas y raras
del mundo, inclusive hablo con la BBC de Londres.

Entre las anécdotas más interesantes está la de la escucha en forma diaria de las comunicaciones
entre los aviones de reconocimiento de la Fuerza Aérea Argentina sobre el Atlántico, próximo a Ascensión y de los comentarios con el personal que venía a hablar por teléfono. Lo que ellos observaban
a pocos les interesaba, nadie nos creía cual era la dimensión de la flota.

Los Boeing 707 realizaron vuelos de exploración de largo alcance (foto: Pablo Luciano Potenze).

Mientras tanto seguíamos vendiendo por medio del Correo televisores en cuotas con normas Pal
N para poder ver el programa emitido por el primer canal de TV instalado con un equipo donado por un
pueblo de Misiones. Unos ingenieros realizaban estudio de cómo ampliar la costanera y otro grupo
analizaba donde se iba a instalar el barrio con las 200 casas para funcionarios argentinos que se iban a
construir.
Había un sector que vivía un mundo irreal, se demoraban en descargar los barcos porque se los
usaba como alojamiento, no existía restricción de combustible, muchos estaban convencidos que la guerra nunca iba a comenzar.


Próximas entregas: 


 

Deja un comentario sobre esta nota

Descubre más desde Gaceta Aeronautica

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo