
La industria aeronáutica de Argentina y Brasil, como muchas experiencias industriales comparadas, tienen muchas semejanzas pero también muchísimas diferencias. A pesar de que a priori puede considerarse que los diferentes contextos históricos se presentan como un obstáculo para extraer conclusiones, precisamente lo enriquecedor y complementario de indagar en los casos es este último punto. Por eso, es central enfocar la discusión de los acontecimientos principales de las trayectorias de la FMA hasta el momento de su privatización (1927-1995) y de EMBRAER no en clave cronológica, sino en función de un conjunto de intereses que orientaron los dos procesos y de los desafíos similares que enfrentaron.
Al respecto, entre las principales dificultades a resolver, que exceden lo propiamente aeronáutico y que se vinculan a las debilidades de la estructura productiva de los países no industrializados pueden señalarse, aunque no en una enunciación exhaustiva: las capacidades científico-técnicas; el tamaño del mercado, esto es, la escala de producción; la excesiva dependencia de las compras del gobierno; la limitada capacidad financiera del empresariado nacional; la restringida capacidad de crédito y financiamiento estatal y la falta de una legislación específica de fomento.
Por otra parte, un punto de partida es que desde una perspectiva histórica, estos países compartieron hasta 1930 un esquema económico sustentado en la exportación de productos primarios. Sin embargo, con la Primera Guerra Mundial se empezaron a evidenciar sus limitaciones. Poco más de una década después, producto de las restricciones de carácter estructural que impuso la crisis de 1930, se generaron las condiciones que dieron inicio al ciclo de industrialización y desarrollo que se extendió en el primer país hasta mediados de los años setenta y en el segundo hasta los años noventa. En aquellos tiempos, emergieron sectores industrialistas en la sociedad y en el seno de las instituciones militares que identificaron al desarrollo industrial y al desarrollo científico-tecnológico no sólo como una cuestión estratégica, sino como el único camino que hace posible el pasaje de la sociedad tradicional a la moderna con los consecuentes efectos sobre la calidad de vida.

De todas maneras, una de las diferencias esenciales es que en el caso brasileño los sectores liberales se subordinaron y, en consecuencia, los actores políticos y sociales relevantes abrazaron la idea de un país industrial, aglutinándose alrededor de los objetivos de la industrialización. En el caso argentino, la corriente liberal, para la cual Argentina debe ser un país casi exclusivamente exportador de productos primarios y que, por cierto, había predominado en la conducción del Estado hasta 1930, fue adaptándose, incluso a la estrategia de industrialización por sustitución de importaciones (ISI). Como no podía ser de otro modo, estas corrientes se vieron reflejadas al interior de las instituciones militares. Ello implicó que los sectores proindustriales solo gobernaran durante algunos breves períodos o permanecieran aislados en ciertos sectores (como el nuclear). Evidentemente, esto perjudicó y condicionó el desarrollo industrial en general y el de la aeronáutica en particular.
En tal virtud, en estos apuntes abordaremos de manera muy sintética un conjunto de dimensiones relacionadas con las trayectorias de la FMA y de Embraer. Entre ellas, el origen compartido, el rol del Estado y los instrumentos institucionales específicos generados para este tipo de industrias, las características que asumieron la organización industrial y la estrategia de producción.

Un origen compartido
En la Argentina y en Brasil, la idea de conformar una industria aeronáutica encuentra sus primeros antecedentes al final del siglo XIX. En el primer país, se reconoce a Jorge Newbery entre sus primeros ilustres protagonistas y al Aero Club Argentino como la primera institución aeronáutica organizada. En el segundo, Henrique Santos Dumont ha sido uno de sus pioneros. De este modo, tanto la FMA como EMBRAER constituyen la concreción de proyectos estratégicos vinculados a la Defensa Nacional que fueron impulsados por un sector de las Fuerzas Armadas. En efecto, originariamente son expresión de las particularidades históricas del siglo XX (en especial las dos guerras mundiales) y de la visión de sus fundadores.
En el caso de la FMA, la finalización de la Primera Guerra Mundial en 1918 fue uno de los acontecimientos decisivos en la concreción del proyecto de una fábrica propia en función de la importancia que cobró el arma aérea en el conflicto. Este escenario de la primera postguerra enmarcó la materialización de algunas iniciativas de carácter militar-industrial impulsadas por lo que identificamos como la corriente industrialista de las Fuerzas Armadas. Por eso, Argentina fue pionera en América Latina y, como podrá inferirse de esta serie de breves apuntes, representó uno de los modelos que influyó la experiencia brasilera, tanto por sus aspectos positivos como por los negativos.
El comienzo de Embraer, por otro lado, no puede comprenderse en profundidad sino se lo encuadra en las enseñanzas que emergieron de un conjunto de experiencias de la industria aeronáutica de Brasil previas al año 1969, momento en el cual se creó la empresa. Desde 1930 con la conformación de la Comisión de Estudios para la Instalación de una Fábrica de Aviones (CEIFA) hasta su creación pueden mencionarse variadas experiencias como las de la Fábrica Brasilera de Aviones y la Compañía Nacional de Navegación Aérea, la Compañía Aeronáutica Paulista o la Fábrica do Galeão, por nombrar algunas. Fueron emprendimientos privados y estatales que procuraron desenvolver al sector. Si bien la mayoría de ellos, sino fracasaron, al menos enfrentaron grandes dificultades para poder sobrevivir, también representaron un aprendizaje obligado para quienes impulsaron a esta industria. Así, se fueron comprendiendo los desafíos pero también las condiciones básicas y necesarias para que pueda desarrollarse.

Una vez más, pese a la interpretación particular de cada uno y a sus trayectorias específicas, lo que debe quedar en claro es que las motivaciones que orientaron su creación, esto es, las ideas de industrialización, autonomía tecnológica y Defensa Nacional, son la base de ambos orígenes. Una de sus influencias fue el escenario internacional de las primeras décadas del siglo XX que generó el surgimiento de perspectivas a favor del impulso de industrias nacionales que se expresaron en diversos espacios, tanto políticos y económicos como militares. Ahora bien, es fundamental precisar que la evolución posterior presenta sustanciales diferencias que se tradujeron en dos caminos distintos en la construcción del sector.
En Argentina, la fábrica fue acompañando el proceso de creación del arma aérea. Fue gracias a su impulso que se fue organizando un conjunto de instituciones y resolviendo ciertos aspectos de esta actividad industrial (la carrera de ingeniería aeronáutica en la UNC primero y las Escuelas de Aprendices y de Ingeniería después, por citar algunos ejemplos). Sin embargo, la falta de una política industrial aeronáutica planificada de largo plazo, enmarcada en una estrategia nacional de desarrollo la marcó en diversas dimensiones.
En Brasil, la historia fue al revés. Primero surgieron las principales instituciones (Ministerio de Aeronáutica, CTA e ITA) y se dedicaron esfuerzos a la formación de recursos humanos y, al compás de las lecciones aprendidas a partir de los intentos fallidos, se configuró la empresa.
Como señala Alejandro Artopoulos, “el tipo de consenso ideológico logrado en cada uno de los casos determinó objetivos diferentes de las organizaciones”. En definitiva, se puede hablar de un “camino argentino” y de un “camino brasilero” respectivamente.