La paquidérmica lentitud de la defensa europea

Radar Indra LANZA 3D-LRR y grúa articulada HIAB 700E-6 para su mantenimiento, ambos de diseño y producción europea en el Escuadrón de Vigilancia Aérea Nº2 de Villatobas del Ejercito del Aire (foto: Twitter – Estado Mayor de la Defensa).

La reciente Conferencia de Seguridad de Múnich, celebrada el pasado febrero de 2026, sirvió como un punto de inflexión, confirmando una transformación en la naturaleza de la conversación europea sobre la defensa. El contexto global, marcado por el cuarto año de la guerra en Ucrania, el recrudecimiento de la rivalidad entre grandes potencias y la instrumentalización creciente de la economía, los aranceles y la tecnología como nuevas palancas de poder, ha llevado a una convergencia de diagnósticos entre decisores públicos, responsables de defensa y líderes de la industria. La conclusión es ineludible: el continente europeo debe asumir una responsabilidad y un papel mucho más proactivo en la gestión de su propia seguridad.

En este escenario de redefinición estratégica, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, articuló uno de los mensajes más contundentes del encuentro, elevando la defensa mutua dentro de la Unión a la categoría de necesidad imperiosa. Su afirmación de que la defensa mutua “no es opcional, sino una obligación” cristaliza la aceleración política e industrial que está remodelando el concepto de autonomía estratégica en el ámbito comunitario. La discusión se ha desplazado de una mera preocupación por el volumen del gasto militar hacia su traducción práctica y tangible en la capacidad industrial y tecnológica del continente.

Este cambio de enfoque, que se ha ido consolidando progresivamente, quedó firmemente institucionalizado en 2024 con la presentación de la European Defence Industrial Strategy (EDIS) y el European Defence Investment Programme (EDIP). Estos instrumentos están específicamente diseñados para alcanzar varios objetivos interconectados: reforzar la base tecnológica e industrial de la defensa europea (EDTIB), fomentar y aumentar significativamente las adquisiciones conjuntas entre Estados miembros y, crucialmente, reducir las dependencias externas en áreas críticas.

La EDIS establece metas concretas y ambiciosas para 2030, orientadas a la soberanía industrial: que al menos el 50% de las adquisiciones de defensa se realicen dentro de la Unión y que el comercio intracomunitario represente el 35% del mercado de defensa de la UE. El objetivo subyacente es claro: lograr una capacidad de producción más rápida, a mayor escala y con una dependencia menor de terceros actores. A estos programas se suma el European Defence Fund (EDF), dotado con aproximadamente 8.000 millones de euros en el actual marco financiero plurianual hasta 2027, cuyo propósito es financiar el desarrollo de tecnologías críticas, cubriendo el ciclo completo desde la investigación fundamental hasta su aplicación operativa y militar.

Cuando la industria europea se asocia es capaz de producir grandes productos, aunque la industrialización acarrea grandes complejidades (foto: Miguel Ángel Blázquez Yubero).

Gastar más ya no es suficiente, la clave es la capacidad industrial

En esta nueva óptica, la seguridad europea se articula fundamentalmente en clave industrial y tecnológica. Según los datos de la European Defense Agency (EDA), el gasto en defensa de los Estados miembros alcanzó los 343.000 millones de euros en 2024, con previsiones de un incremento hasta los 381.000 millones en 2025, situándose en torno al 2,1% del Producto Interno Bruto (PIB) de la Unión. Si bien este aumento del gasto cumple con las expectativas aliadas, el verdadero desafío pendiente y el salto cualitativo reside en la capacidad de transformar este esfuerzo financiero en una capacidad industrial propia, autosostenida, moderna y escalable.

El poder militar contemporáneo se cimenta en una base tecnológica sofisticada que abarca sensores avanzados, sistemas de comunicaciones seguras, capacidades espaciales robustas, guerra electrónica, plataformas no tripuladas (drones) e inteligencia artificial. Todas estas capacidades dependen, en última instancia, del acceso a semiconductores y tecnologías fotónicas cada vez más complejos y de vanguardia. Consciente de esta dependencia estratégica, la European Chips Act de 2023 estableció la meta de que la Unión alcanzara el 20% de la producción mundial de semiconductores para el año 2030. Sin embargo, en la actualidad, esta cuota se mantiene por debajo del 10%, y más del 75% de la capacidad de fabricación avanzada de chips se concentra en Asia, principalmente en Taiwán y Corea del Sur. La revisión de la Chips Act que la Comisión prevé presentar a lo largo de este año 2026, por tanto, no debería limitarse a la simple atracción de proyectos individuales (como la inversión de grandes fabricantes), sino que debe pivotar hacia el refuerzo de la fabricación avanzada, la integración estratégica de la cadena de valor y, fundamentalmente, la agregación de la demanda a escala europea en estas tecnologías críticas para la defensa.

La dependencia tecnológica y la incapacidad de industrialización

A pesar de que Europa mantiene un liderazgo indiscutible en la investigación de numerosos campos tecnológicos, la transición exitosa del laboratorio a la escala industrial sigue siendo desigual y constituye una «brecha de industrialización» significativa, que varía enormemente según la tecnología y la cadena de valor específica. Esta brecha entre la investigación puntera y la capacidad de fabricación masiva representa uno de los principales límites y vulnerabilidades a la autonomía estratégica europea. En este contexto, la política de defensa y la política industrial han dejado de ser esferas separadas para fusionarse en un único eje de seguridad nacional y comunitario.

Este nuevo enfoque no se circunscribe únicamente a Bruselas. En España, las Administraciones públicas, tanto a nivel nacional como autonómico, están identificando y abriendo oportunidades significativas en tecnologías de doble uso como los semiconductores compuestos y la fotónica integrada. El reto ahora es dotar a estas iniciativas de instrumentos financieros estables y, crucialmente, de previsibilidad de la demanda a largo plazo que permita a la industria invertir con seguridad.

Otro proyecto europeo es el vehículo minador automatizado polaco Baobab-K. Basado en un chasis de camión Jelcz 8×8 incorpora una grúa para la recarga rápida de contenedores lanzaminas (foto: www.portalmilitarny.pl).

Ante este panorama, la protección de los sectores estratégicos no puede limitarse a mecanismos regulatorios o al simple control de las inversiones extranjeras (como los mecanismos de screening). Se requiere una política activa de fortalecimiento industrial donde las tecnologías críticas, como los semiconductores y la fotónica, se entiendan como verdaderos activos de seguridad. No se trata únicamente de proteger compañías específicas, sino de garantizar la capacidad productiva en tecnologías habilitadoras esenciales para la defensa. En este sentido, las foundries de acceso abierto (instalaciones de fabricación de semiconductores) permiten conectar de manera fluida la investigación, el diseño y la producción, facilitando la escalada rápida de soluciones innovadoras dentro de Europa. Sin acceso a estas capacidades productivas avanzadas, la innovación financiada con fondos europeos corre el riesgo de depender de terceros países para su industrialización y despliegue militar.

La burocracia europea se pone en marcha

Por su parte, el Parlamento Europeo, en un movimiento que a menudo se percibe con una paquidérmica lentitud, adoptó el pasado 11 de marzo de 2026 dos propuestas legislativas cruciales con el objetivo declarado de “construir un verdadero mercado único de la UE para la defensa y cerrar brechas críticas en la capacidad de defensa de la UE”. Estas propuestas fueron aprobadas mediante dos informes con amplia mayoría absoluta.

El primer informe, titulado “Informe sobre la lucha contra los obstáculos al mercado único de defensa”, expone la visión de los eurodiputados para un mercado único de defensa de la UE más fuerte, profundo e integrado, con el doble propósito de construir una disuasión creíble y fortalecer la ya mencionada Base Tecnológica e Industrial Europea de Defensa (EDTIB).

Este informe fue aprobado con 393 votos a favor, 169 en contra y 67 abstenciones, lo que refleja un amplio consenso. La iniciativa exige una mayor financiación de la UE y, a largo plazo, promueve “adquisiciones comunes y gestión del ciclo de vida, regulaciones simplificadas e incentivos para la integración transfronteriza para reducir la dependencia de proveedores no pertenecientes a la UE”.

El informe sostiene que la integración del mercado resultará en un uso más eficiente y rentable del gasto en defensa, una mayor competitividad de la industria europea y una mayor soberanía y resiliencia estratégicas para la Unión. Para derribar las barreras existentes, los eurodiputados proponen un enfoque de “comprar productos europeos” en las políticas de adquisiciones de defensa, buscando fortalecer la EDTIB, hacer que la demanda sea predecible para la industria, impulsar la inversión en Investigación y Desarrollo (I+D) y, en última instancia, aumentar la producción.

Un punto destacado del informe es la recomendación de que Ucrania sea tratada como una parte integral del mercado de defensa de la UE. También subraya la necesidad urgente de reformar las normas de contratación de defensa, mejorar la implementación de las directivas ya existentes y simplificar las transferencias de productos de defensa dentro de la UE mediante la armonización de las licencias, la certificación y el reconocimiento mutuo de las autorizaciones de seguridad. El texto, no obstante, también pone el acento en la necesidad de salvaguardar la competencia leal y evitar subsidios nacionales excesivos que podrían fragmentar el mercado único, perjudicando especialmente a las pequeñas y medianas empresas (PYMEs) y a los Estados miembros más pequeños.

SILAM (Sistema Lanzador de Alta Movilidad)​ es un proyecto español de lanzacohetes múltiple móvil que actualmente está siendo desarrollado por las empresas españolas Expal y Escribano para el Ejército de Tierra (foto: Fernando Puppio).

Carencias críticas en sistemas antimisil, munición y drones

El segundo informe adoptado por el Parlamento, aprobado con 448 votos a favor, 122 en contra y 38 abstenciones, se centra en la identificación de las graves y persistentes lagunas de capacidad que enfrentan los Estados miembros de la UE, abordando la necesidad de impulsar «proyectos emblemáticos de defensa europeos de interés común».

El informe identifica carencias críticas y específicas en:

  • Defensa aérea y antimisiles (una lección clave de la guerra en Ucrania).
  • Artillería, misiles y municiones.
  • Drones y sistemas antidrones.
  • Habilitadores estratégicos (incluidos el espacio y la infraestructura crítica).
  • Movilidad militar.
  • Cibernética.
  • Inteligencia artificial y guerra electrónica.
  • Combate terrestre y marítimo.

Estas brechas, según exponen los eurodiputados, no solo representan un riesgo abstracto, sino que debilitan significativamente la capacidad de la UE para disuadir amenazas y, en caso de conflicto, para sostener operaciones militares prolongadas y a gran escala, en un contexto de riesgos crecientes de guerra híbrida y convencional. La solución pasa por abordar estas deficiencias críticas mediante una mayor cooperación europea en cuestiones estratégicas e industriales, una planificación coordinada de las necesidades y una inversión dirigida y específica para garantizar la preparación defensiva. El informe, no obstante, también reconoce y valora los esfuerzos que ya están realizando las partes interesadas dentro de la base tecnológica e industrial de defensa europea.

Conclusión

En este nuevo orden mundial dominado por las grandes potencias, un mercado único europeo de defensa no es un ideal ambicioso: es una necesidad urgente. Solo explotando plenamente el potencial del mercado único podremos crear un sistema de defensa en el que cada euro invertido proporcione la máxima innovación, seguridad y rentabilidad. La autonomía de Europa comienza con un mercado único de defensa

En este panorama de urgencia y redefinición, las iniciativas tecnológicas novedosas deben interpretarse no simplemente como proyectos industriales de nicho, sino como capacidades estratégicas fundamentales para la soberanía tecnológica europea.

La máxima de “fabricar en Europa lo que Europa necesita para defenderse” ha dejado de ser una opción de política industrial deseable para convertirse en una condición indispensable. Es la llave para que la autonomía estratégica trascienda el ámbito teórico y se convierta en una capacidad de defensa real, efectiva y creíble ante los desafíos de la nueva era geopolítica.


 

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