Hasta mediados de enero de este año, Chile era una nación relativamente acostumbrada a, y preparada para, luchar contra los incendios forestales que usualmente se registran durante el verano austral (diciembre a marzo). Su territorio es terreno fértil para que ocurran incendios de bosques y pastizales dado que la combinación de una topografía compleja, altas temperaturas y sequías prolongadas (ambas atribuibles al calentamiento global) y amplias masas forestales nativas y cultivadas ofrece materia prima abundante para fuegos que se inician natural, accidental o intencionalmente.
Hasta ese momento, la nación estaba relativamente confiada de contar con una «institucionalidad sólida» a cargo de los incendios forestales, algo que los eventos de ese verano demostraron no era más que un letárgico (y cada vez menos efectivo) canto de sirenas de las autoridades chilenas. Al menos en los papeles, la Corporación Nacional Forestal (CONAF), una organización pública privada encargada de administrar reservas y parques forestales del país, dispone de medios terrestres y aéreos, tanto internos como contratados al sector privado, para combatir esos eventos.
Si las cosas se ponen «más oscuras» y los incendios escalan a nivel de desastre nacional, entra en juego la Organización Nacional de Emergencias (ONEMI), dependencia del Ministerio del Interior que cuenta con medios económicos y facultades políticas para resolver catástrofes de mayor envergadura. La institución puede convocar o contratar, y debe coordinar, esos recursos, ya sean contratistas privados, los Bomberos Voluntarios de Chile, otros ministerios y organismos del gobierno o las fuerzas armadas y de orden.
Se desata la tragedia
Pero a mediados de enero pasado, esas instituciones en particular y el gobierno en general se vieron sobrepasados por lo que las estadísticas demuestran fueron los incendios forestales más grandes de la historia de Chile. A lo largo de poco más de tres o cuatro semanas, se quemaron casi 550.000 hectáreas y más de 1.000 viviendas, incluyendo el pueblo de Santa Olga (localidad de 2.600 habitantes en la Región del Maule) completo.
A las pérdidas materiales, valoradas en no menos de US $ 700.000.000, se agrega la siempre lamentable muerte de unas 15 personas, incluyendo brigadistas de CONAF, bomberos voluntarios, carabineros y ciudadanos de a pie. Para dar perspectiva a la tragedia (y tal vez justificar la tardía reacción de los responsables de gestionar sus efectos), debemos destacar que la superficie quemada en esas fatídicas semanas equivalen a casi una vez y media el área total quemada en todo Chile entre 2011 y 2015…
La crisis comenzó a escalar fuera de toda proporción conocida a partir del domingo 15, cuando los incendios se expandieron, con velocidad creciente y de Norte a Sur, por las regiones Metropolitana, de O’Higgins (VI) y del Maule (VII). Una semana más tarde, el fuego seguía su derrotero hacia el Sur irrumpiendo en las regiones de Bío Bío (VIII), la Araucanía (IX) y Los Lagos (X).
Inicialmente, las autoridades insistieron en resolver la crisis con medios, métodos y paradigmas bien establecidos y conocidos. Para el lunes 23, sin embargo, la situación estaba prácticamente fuera de control y el sistema establecido aparecía a todas luces superado por las circunstancias. Fue así que el gobierno, que trastabillaba aturdido por la magnitud de la catástrofe, decidió finalmente aceptar todas las formas de ayuda que se le ofrecieron (públicas o privadas, nacionales o extranjeras, solicitadas o no)… ¡y convocar a las fuerzas armadas!
¡Llamen a la caballería… aérea!
Según comunicados del Ministerio de Defensa Nacional de Chile que dirige el radical socialdemócrata José A. Gómez U., los militares fueron movilizados poco después que tres regiones (Metropolitana, O’Higgins y Maule) fueron declaradas bajo un «estado de catástrofe» el viernes 20 de enero. Además de brigadas forestales militares, unidades fundamentales de emergencias y muchos otros medios terrestres que superaron los 8.000 hombres y mujeres, el despliegue incluyó una buena cantidad de aeronaves militares, comenzando con 19 el lunes 23, escalando hasta 30 el martes 31 y descendiendo hasta 26 el viernes 10 de febrero (última fecha informada por el ministerio).
Vale la pena agregar que una movilización de menor magnitud se desarrolló también a inicios de enero en la Región de Valparaíso después que un incendio acabó con un asentamiento irregular en el sector de Aguas Negras, arrasando con al menos 100 casas pero sin causar bajas humanas. Allí también se desarrollaron operaciones aéreas limitadas, tanto de vigilancia del fuego como de seguridad policial.
Si bien la imagen es aún incompleta, la revisión de distintos medios y fuentes y el trabajo en terreno dan cuenta de la participación confirmada de 16 aeronaves militares chilenas identificadas y ocho no identificadas; con otras seis identificadas pero cuya intervención debe ser confirmada. También identificamos una decena de aeronaves militares, estatales o charteadas por gobiernos extranjeros para acudir en ayuda de Chile.
Como todos los medios masivos de comunicación se encargaron de destacar, los principales protagonistas de la lucha contra el fuego fueron el Boeing 747-400 N744ST «Global Supertanker», el BAe 146-200 N475NA, el Sikorsky S-64 OB-2081-P y el Kaman K-Max N43HX. Más allá de una políticamente muy oportuna excepción que describiremos más adelante, las aeronaves militares fueron esencialmente asignadas a tareas secundarias: Operaciones de apoyo logístico, evacuación aeromédica, asistencia humanitaria, vigilancia y transporte de funcionarios gubernamentales.
Aún careciendo de equipamiento y adiestramiento para la lucha contra incendios forestales, las aeronaves militares lograron algún grado de exposición pública positiva demostrando sus capacidades duales «para servir a la nación en la guerra y en la paz». Pero fue su intervención en vuelos en los que guiaban al famoso «Super Tanker» la que los hizo llegar a las primeras planas de los diarios, las pantallas de la televisión abierta… ¡y nuestra foto de portada!
Los medios desplegados
Su protagonismo se distribuyó entre las tres fuerzas armadas, dado que los aviones guías que precedieron al «Supertanker» en sus promocionadas excursiones desde Santiago hacia el Sur provenían uno de cada fuerza:. Primero fue un CN235 del Ejército y, posteriormente, un Gulfstream IV de la FACH y un muy bien equipado C295P Persuader de la Armada. También tuvieron mucha promoción los transportes de la FACH, que se desplegaron de Norte a Sur para trasladar brigadistas nacionales y extranjeros hacia o desde los focos de incendio.
Los helicópteros militares también tuvieron harto protagonismo, realizando misiones de asistencia humanitaria, vigilancia ciudadana y del fuego en todas las regiones afectadas. Las autoridades también los aprovecharon para sus desplazamientos, transformándolos en el principal medio de transporte aéreo para la Presidente Michelle Bachelet, sus ministros, los comandantes en jefe de las fuerzas armadas y de seguridad y los comandantes de las fuerzas desplegadas en las zonas de catástrofe.
Lo más interesante de las alas rotativas, sin embargo, pasó algo desapercibido en los medios. Pero un AS365N Dauphin del Destacamento Aeronaval de Talcahuano participó efectivamente en la lucha contra algunos de los incendios que afectaron las regiones de O’Higgins y el Maule. El S-70A Blackhawk de la FACH, por su parte, también realizó misiones nocturnas de vigilancia de fuego, demostrando la capacidad de emplear visores de luz residual.
También vale la pena destacar la cantidad de medios aéreos militares que varias naciones extranjeras despacharon hacia Santiago y más allá para colaborar en la lucha contra el fuego. En primera fila, destacan Rusia (con un Il-76TD Candid convertido en avión hidrante), Brasil (dos C-130M Hercules, uno de ellos también hidrante, y 28 brigadistas) y Perú (un helicóptero Bell 212 y 45 brigadistas, trasladados en C-27J Spartan y L-100-30 Hercules). También contribuyeron España (56 brigadistas trasladados en un Airbus A310), Portugal y Francia (111 brigadistas en aviones charter), Colombia (37 brigadistas en el KC-767-200ER de su fuerza aérea), México (58 brigadistas en vuelo comercial) y Argentina (más de 100 brigadistas, por tierra).
Amplia cobertura territorial
Las operaciones aéreas se desarrollaron principalmente desde la Base Aérea Pudahuel, ubicada en el extremo Norte del aeropuerto «Arturo Merino Benítez» (Región Metropolitana), donde se concentró el grueso de los medios aéreos nacionales e internacionales antes de su despliegue al área afectada por los incendios. La Fuerza Aérea de Chile (FACH) también estableció una base aérea temporal en el aeródromo de Panguilemo, ubicado algunos kilómetros al Norte de Talca (Maule), para poder desarrollar operaciones helitransportadas más cerca del «campo de batalla».
La base se mantuvo activa por lo menos hasta el jueves 2 de febrero y contaba con al menos dos helicópteros de la FACH como dotación permanente, un centro de comando y servicios de apoyo, todo esto custodiado por un sólido camino cortafuegos cavado por el Ministerio de Obras Públicas. Según una fuente de prensa local, la unidad llegó a registrar hasta 100 movimientos aéreos diarios (tanto militares como civiles) en lo más álgido de la crisis (última semana de enero).
El Ejército, por su parte, adaptó las instalaciones de su Batallón de Aviación en Rancagua/Aeródromo de la Independencia como puesto de comando para las fuerzas desplegadas en la VI Región. El puesto de comando de las fuerzas de la VII Región, instaladas en el Regimiento de Infantería Nº 16 de Talca, contó también con un helipuerto de campaña con dos o tres helicópteros residentes.
La Armada y los Carabineros también desplegaron medios aéreos a las zonas de desastre; pero lo hicieron desde sus asientos de tiempos de paz. Los Carabineros lo hicieron desde Tobalaba/Eulogio Sánchez (R. Metropolitana) y la Armada desde Concón (Valparaíso) y Concepción/Carriel Sur (Bío Bío).
Proyectando hacia al futuro…
El alto grado de exposición positiva alcanzado en los medios, acoplado a la pérdida de imagen que sufrió la «institucionalidad establecida», dieron nuevo impulso a la idea de incrementar la participación militar en contingencias de este calibre y magnitud. Atento a la oportunidad que se le presentó a principios de febrero, el ministro Gómez aprovechó el retroceso de las llamas para presentarse ante la prensa afirmando que “estamos trabajando para salir adelante con una buena propuesta que permita incorporar a las FF.AA. en el combate contra los incendios forestales”.
Reforzando expectativas públicas e institucionales, Gómez amplió esa declaración con comentarios que vaticinan la incorporación de sistemas y técnicas de adiestramiento para la lucha contra incendios a la FACH, la Armada y/o el Ejército. Por un lado, abrió la puerta a la compra de sistemas para aeronaves de mediano porte al afirmar que se trabaja “en términos de compatibilizar los aviones de transporte, con que cuenta nuestro país, con aviones que tengan posibilidades de atacar incendios” desde el año pasado. Y también aseguró que “generar un desarrollo en el ámbito de helicópteros […] es un camino posible que […] presentaremos a la Presidenta pronto, atendido que enfrentamos una crisis tan grande en incendios que no tiene parangón en la historia de Chile”.
Con esas declaraciones y la memoria fresca, quien se atreva a apostar por la compra de baldes Bambi Bucket para las alas rotativas militares chilenas y/o sistemas MAFFS para los C-130 Hércules de la FACH, puede que consiga buenos dividendos en el futuro cercano…

Reconocimientos: Alfredo Alonso, Sebastián Cancino, Pablo Contreras Andaluz, Bryan Luna y César Mercado contribuyeron en la elaboración de este reporte. Fuentes consultadas en Internet: 24 Horas, AgenciaUno, Ahora Noticias, Armada de Chile, Austral Temuco, Canal 13, Carriel Sur, CONAF, Diario Financiero, Ejército de Chile, El Desconcierto, El Dínamo, El Mostrador, EMERCOM Rusia, Força Aérea Brasileira, Fuerza Aérea Colombiana, Fuerza Aérea de Chile, Maulee, Ministerio de Defensa Nacional de Chile, Ministerio de Obras Públicas de Chile, Modo Charlie, Presidencia de la República de Chile, Publimetro Chile, Radio ADN, Radio Bío Bío, Terra Chile y Wikipedia.