Lima Víctor 60 ilustra aportes británicos a la aviación argentina

Lima Víctor celebra en esta edición el décimo quinto aniversario de lanzamiento de la que nadie discutiría que actualmente se distingue como la principal revista de noticias e historias de la aviación civil argentina.

Lima Víctor (edición 60, verano 2017/18). Editores: Marcelo W. Miranda (general) y Francisco Halbritter (comercial). Formato: 21 cm x 29,8 cm x 46 páginas, impresa en blanco y negro con tapas a color. Precio de tapa (Argentina): AR $ 60.

El logro no es menor para un medio que ha logrado mantenerse válido y vigente a través de los últimos 15 años dado que, tal como señala el editorial de esta edición, «la revista apareció rigurosamente [en] cada cambio de estación a lo largo de una década y media».

Fiel a la estructura que ha aplicado a lo largo de toda su trayectoria, Lima Víctor 60 distribuye sus páginas entre diversas notas de interés histórico, el siempre minucioso compendio de noticias de la aviación comercial elaborado por Marcelo W. Miranda y una página de correo de lectores en los que estos suelen aportar datos e imágenes que complementan contenidos publicados en ediciones anteriores.

Al inicio de la edición, Francisco Halbritter rescata la historia argentina del Detroit Eastman E-2A Sea Pirate, un ignoto anfibio turismo de origen norteamericano que pasó al olvido tras la crisis económica de 1930 del que se construyeron sólo dos ejemplares, uno de los cuales llegó a Buenos Aires a fines de 1930 para transformarse en la última aeronave inscrita en el también poco conocido registro de anfibios e hidroaviones que la Armada Argentina administró hasta 1932.

¿Una Lima Víctor «70% británica»?

Puede ser mera casualidad, pero no deja de llamar la atención que 32 de las 46 páginas de la revista se reparten en dos minuciosos relatos de aportes realizados al desarrollo de la aviación argentina (no sólo la civil, sino incluso la militar y la estatal) por empresas o súbditos británicos a lo largo del Siglo XXI.

La primera de esas notas es, en realidad, la segunda de tres entregas de una detallada investigación en la que Roberto Gaineddu rescata la actividad precursora que el mayor Shirley G. Kingsley, aviador británico licenciado de la Real Fuerza Aérea al término de la I Guerra Mundial, hizo al incipiente desarrollo de la aviación comercial argentina en los albores del Siglo XX.

El autor, mejor conocido como el blogger detrás de Historiales Individuales (una referencia a tener en cuenta a la hora de buscar información de aeronaves argentinas, particularmente airliners, propliners, bizjets y propjets), dedica la segunda entrega de su investigación a relatar la etapa de mayor compromiso y exposición que Kingsley tuvo en Argentina mientras promovía el concepto de la aviación comercial desde su empresa, The River Plate Aviation Company, a principios de la década de 1920.

El «plato fuerte» de esta edición, sin embargo, corre por cuenta de Francisco Halbritter, quien por primera vez compendia y da a público conocimiento una primera versión de la historia del bimotor inglés, de Havilland DH-104 Dove, en la República Argentina.

Fiel a su estilo, Francisco inicia la nota, titulada «Una bandada de Palomas», dando cuenta del «Comité Brabazon», proceso de planificación estatal que dio lugar al nacimiento a varios «clásicos británicos» de posguerra, tales como el propio Dove, el DH-106 Comet, el Vickers Viscount y el Bristol Britannia, y a otros tantos fracasos resonantes (el Airspeed Ambassador, el Bristol Brabazon y el Avro Tudor).

¿Se imaginan un espectáculo como este en FIDAE o alguno de los grandes eventos aeronáuticos argentinos de los últimos tiempos? Los restos mortales del Dove T-77 termina sus días en un simulacro de lucha contra incendio en la exposición aeronáutica y espacial organizada por la Fuerza Aérea Argentina en la Sociedad Rural de Palermo (Diario La Prensa, Buenos Aires, 17/11/1968).

El relato continúa con la biografía del constructor del DH-104, Geoffrey de Havilland, y una apretada síntesis con el historial de desarrollo, clientes iniciales y versiones del modelo, del cual se construyeron dos prototipos y 526 ejemplares de serie.

Entrando de lleno en el capítulo argentino de esta historia, Francisco asegura que «se puede decir que la compra que lanzó al Dove al estrellato fue [precisamente] la de Argentina, pues alcanzó la nada despreciable cantidad de setenta aviones en un momento en que las demás órdenes de compra que recibía de Havilland sólo involucraban cantidades muy pequeñas» y explica las peculiares circunstancias en que se compraron no sólo esos DH-104 sino también 45 bombarderos Lincoln/Lancaster, 100 cazas Meteor, 24 transportes Viking, 12 Consul y 15 Freighters, y 150 entrenadores Magister y 100 Prentice.

A diferencia de la mayoría de sus artículos, siempre focalizados exclusivamente en la aviación civil argentina, en esta nota Francisco hace una potente concesión a la realidad histórica aeronáutica nacional al admitir que «la historia de nuestros Dove transcurrió en un tiempo de grandes cambios institucionales» que determinaron que estas aeronaves, originalmente adquiridas por la Dirección General de Aviación Civil, terminaran en su mayoría en manos militares (la Fuerza Aérea y la Prefectura Naval emplearon el modelo).

Las 16 páginas restantes de esta nota dan cuenta de los historiales de servicio individuales de cada uno de los 72 ejemplares nacionales de este clásico exponente de la aviación argentina de las décadas de 1940 a 1970.

Y, si bien el propio autor admite que en «un análisis profundo de la historia de nuestros Doves se verá que hay muchas incógnitas por resolver», este texto marca un avance «cuántico» respecto de lo que se sabía acerca de ellos hasta ahora… ¡el «maestro» Halbritter siempre marca la diferencia!

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