
El día 6 de junio por la noche llegó a Operaciones de la Base Comodoro Rivadavia la Orden Fragmentaria (OF) 2309, que ordenaba que al día siguiente, 7 de junio, una sección de aviones Learjet (LJ35) realizara una misión sobre Malvinas.

La misma consistía en llegar hasta unas coordenadas al noroeste del Estrecho San Carlos y en ese punto enlazar con el radar de Malvinas y seguir instrucciones del mismo. La idea era simular una sección de aviones de combate (diversión) con rumbo de ataque a San Carlos y provocar la salida de aviones Harrier que supuestamente ya operaban desde posiciones en tierra. Entonces, el radar de Malvinas podría determinar esos lugares de despegue según los vectores de los Harrier y dirigir un ataque de caza bombarderos que, en forma coordinada, volaban hacia su posible objetivo.
También, el T-24, estaba equipado con una cámara fotográfica para hacer una “corrida” sobre el área si se diera la oportunidad. El mismo T-24 llevaba, a modo de prueba, un equipo de distorsión de comunicaciones para que los ingleses no tuvieran la capacidad de escuchar las nuestras.
Nuestro Jefe de Escuadrón, vice comodoro Rodolfo De la Colina, nos reunió y designó las tripulaciones para el cumplimiento de lo ordenado por el Comando de la Fuerza Aérea Sur. El avión guía sería el T-24, dotación de la II Brigada Aérea, y el numeral sería el LV-ONN, avión requisado por parte del Gobierno.

La tripulación del primer avión estaría integrada de la siguiente manera: Comandante vice comodoro Rodolfo De La Colina, piloto mayor Juan José Falconier, mecánico suboficial auxiliar Guido Marizza, fotógrafo capitán Marcelo Lotufo y, como operador de comunicaciones, suboficial ayudante Francisco Luna.
La tripulación designada para el segundo avión fue: comandante primer teniente Eduardo Bianco, piloto
teniente Eduardo Casado, mecánico cabo principal Hugo Bornices, oficial de observación primer teniente Bonaz.
Después de ver los detalles de la operación, cenamos y nos fuimos a descansar. Al día siguiente desayunamos y nos reunimos para el briefing. Analizamos los últimos detalles de meteorología, combustible, inteligencia etc. y nos dispusimos a retirarnos a los aviones que estaban en plataforma alistados por nuestro personal de mantenimiento.

Un detalle que quería comentar es que, cuando hicimos el intento de puesta en marcha, nuestro avión (LV-ONN) falla y es entonces cuando El primer teniente Bianco me ordena “correr” a avisarle al vice comodoro De La Colina que nos espere unos minutos porque estaba llegando el grupo eléctrico para auxiliar la puesta en marcha. Fui rápidamente y le di la novedad. Su respuesta fue que nos quedáramos, que ellos se iban solos.
Regresé a mi avión raudamente y al acercarme me di cuenta de que Bianco ya había logrado poner en marcha. No le comenté nada, solo me senté y comenzamos los procedimientos para el vuelo.
Despegamos aproximadamente a las 08:00 hs con cinco segundos de diferencia y ascendimos hasta 33000 ft., nivel en el cual no estelábamos. Y, como la idea era ser detectados lo antes posible por el enemigo, cambiamos a 37000 ft. donde efectivamente nuestros aviones estelaban.
Escuchamos un par de comunicaciones en inglés un poco distorsionadas e inentendibles, seguimos hasta las coordenadas previstas, a plena vista de las Islas. En ese punto, el guía rompe el silencio de radio y llama al radar de MLV.

La respuesta fue inmediata, pero en ese punto hubo una pequeña demora en las instrucciones. Luego, el radar nos actualizó las posiciones de los ecos que tenía del enemigo que, por cierto, no representaban un peligro inminente. Creo que esos minutos hicieron que nos adentráramos con rumbo aprox. 150° más de lo previsto dentro del radio de alcance de las defensas inglesas.
Prácticamente sobrevolando la boca del Estrecho San Carlos, veo que justo desde ese lugar, dos estelas de misiles ascendían hacia nosotros (una estela más corta que la otra); le comento a Bianco “¡Veo dos estelas de misiles!”. Él le avisa al avión guía y el vice comodoro De La Colina dice “¡Las tengo a la vista, vamos por izquierda!”.

El radar en ese momento nos indica que mantuviésemos “rumbo 90°” y el guía vuelve casi a rumbo 90° y en el acto nos dice nuevamente “Vamos por izquierda”. En ese momento manteníamos una formación no muy cerrada, estaríamos a 50 mts. a la derecha del T-24 y unos 50 mts. más alto en un viraje a la izquierda. Pasando por rumbo aproximado 360°, sentimos un ruido seco en nuestro avión y vemos una bola anaranjada, roja y negra e instantáneamente al T-24 herido de muerte; solo parte de su fuselaje los planos y la cabina cayendo en un tirabuzón desparejo dejando una estela blanca de combustible…difícil describir lo que estábamos viendo. Pese a eso, todos mantuvimos la absoluta calma.
Muchas cosas se dijeron de lo que transmitió el vice comodoro De La Colina en ese momento. Lo que yo recuerdo fue: “Nos dieron, no hay nada que hacer. Estamos sin comando”, con una cadencia de voz que solo los valientes que saben que van a morir lo hacen… Dimos potencia a pleno, ascendimos a 43000 ft. y esperamos con mucha calma pensando en la otra estela que habíamos visto.
Las islas iban quedando atrás lentamente… Llegamos a nuestra base en Comodoro Rivadavia y fuimos al Comando de la Fuerza Aérea Sur a declarar todo lo que vivimos. Recuerdo que en mi declaración hice
hincapié en las dos estelas (más corta, más larga) y a la vuelta de mis compañeros, ya presos en San Carlos ese día, me comentaron que tuvieron una Alerta Roja. Vieron nuestras estelas y, de los dos misiles que disparó la fragata HMS Exeter que custodiaba la boca del Estrecho San Carlos, uno falló (estela corta) y cayó al mar.
Esta fue mi decimotercera y última misión del conflicto. Junto con mis pares, oficiales y suboficiales, vivimos momentos de mucha angustia y tristeza, pero hoy sentimos la satisfacción del deber cumplido. Atrás quedaron muchos que hoy nos honran y nos llenan de orgullo y que en algún tiempo, cuando nosotros ya no estemos en este mundo, permanecerán por su entrega y heroísmo en la memoria eterna de nuestra querida Fuerza Aérea y de nuestro querido país. Que Dios los tenga en su Gloria.
Acerca del autor:
El capitán (R) VGM Eduardo Casado es un oficial retirado de la Fuerza Aérea Argentina, que a lo largo de su carrera voló aviones Mentor, IA-58 Pucará, IA-50 Guaraní, Learjet, Fokker F-27 y C-130 Hercules.

Entre otros destinos, estuvo destacado en la I Brigada Aérea de El Palomar, la II Brigada Aérea de Paraná y la III Brigada Aérea de Reconquista.
Tras su retiro del arma aérea argentina, continuó su carrera como piloto en la aviación general y posteriormente en la aviación comercial.
Finalmente terminó su carrera aeronáutica como comandante de MD-80 en Austral Líneas Aéreas, donde también voló B737-200 y se jubiló como comandante de EMB-190.
Colaboraron en este artículo: DAD – Baires Aviation Photography, Esteban Brea, Carlos Ay, Javier Ruberto y Vladimiro Cettolo.