Primer salto paracaidista desde un A400M del Ejército del Aire

Zaragoza, 8 de marzo de 2019. La mañana es soleada en la Base Aérea de Zaragoza, algunos cúmulos decoran el azul intenso del cielo invernal. En la plataforma del Escuadrón de Apoyo al Despliegue Aéreo (EADA) un T.23 del Ala 31 espera con la rampa abierta. El programa A400 en el Ejército del Aire sigue avanzando y las capacidades de la aeronave se van integrando sin pausa en el operativo diario de la fuerza aérea española. La presencia de personal del Centro Logístico de Armamento y Experimentación (CLAEX) no es casualidad, hoy es una jornada especial en la historia del T.23 en España.

En el hangar de cargas del EADA la actividad es frenética. Mientras la sección de automóviles está alineando varios URO VAMTAC (Vehículo de Alta Movilidad Táctico) tras la rampa del avión, un grupo de 35 paracaidistas están ultimando la preparación sus equipos. El día de hoy presenciará el primer sato paracaidista en la historia del A400 en España. Los saltos serán en modalidad de apertura manual, por encima de los 10.000 pies siempre y cuando el techo de nubes en la Zona de Salto (DZ, Drop Zone) lo permita. Los 35 elegidos atesoran un buen número de saltos a sus espaldas, oficiales, suboficiales y tropa experimentados, hoy no hay sitio para los recién llegados a la unidad.

En primer lugar se van a realizar pruebas de embarque y desembarque de vehículos usando la rampa de la bodega de carga del T.23. Los VAMTAC siguen las instrucciones del supervisor de carga y van accediendo uno a uno al interior de la aeronave. Las diferencias con el T.10 son evidentes, todo el personal presente comprueba que la capacidad del T.23 supera a la del venerable Hércules. Las dimensiones de la bodega, la rampa y los modernos sistemas de la aeronave, todo hace que la operación se realice con absoluta normalidad y a una velocidad notable.

En apenas dos minutos la rampa del avión se cierra y el personal del Ala 31 comienza la secuencia de puesta en marcha del avión. Los cuatro motores rugen con fuerza y todo el personal se retira del perímetro de la aeronave. A los pocos minutos se vuelve a abrir la rampa y el supervisor de carga desciende por la misma. Comienza la operación de desembarque con motores en funcionamiento. Las indicaciones del supervisor son claras y rápidas, los conductores bajan por la rampa a una velocidad notablemente mayor que la habitual en un T.10. El nuevo Dumbo es más grande, hay más espacio, hay más seguridad, en definitiva, la velocidad se incrementa y esto en situaciones hostiles marca la diferencia entre el éxito y el fracaso, el EADA lo sabe bien.

Mientras se desarrollaba la maniobra con los VAMTAC los 35 saltadores del EADA han ido acercándose a la aeronave con el equipo de salto preparado. No ha pasado ni un minuto desde la bajada del último vehículo cuando todos los paracaidistas comienzan a acceder al T.23 por la rampa trasera. Los Controladores de Combate (CCT) en el aeródromo de Ablitas comunican que tanto el viento como el techo de nubes están dentro de los límites de salto, ya no hay marcha atrás. A los pocos minutos el T.23 comienza a carretear por la plataforma Sur de la Base de Zaragoza camino de la cabecera de la pista 30L.

La casualidad quiere que delante de él despegue un T.10 con camuflaje lagarto. El T.23 entra en pista y se alinea, la voz de los controladores de la torre de Zaragoza comunica el habitual “Dumbo cuatro cero autorizado a despegar por pista tres cero izquierda”. El avión se va al aire tras una carrera de despegue corta, con una facilidad pasmosa gana pies de altura y se adentra en el azul radiante del cielo sobre Zaragoza. En pocos minutos se escribirá otro episodio de la historia del Ejército del Aire.

 


Agradecimientos:

Gaceta Aeronáutica quiere agradecer a la Oficina de Comunicación del Ejército del Aire, al Ala 31, al Escuadrón de Apoyo al Despliegue Aéreo y a la Jefatura de la Base Aérea de Zaragoza la colaboración prestada durante la realización de este artículo.


 

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