Reconstrucción del poder aéreo nacional (XI): Alguien tenía que decirlo

Peace Puma
Los F-16C/D adquiridos mediante el programa Peace Puma por la Fuerza Aérea de Chile constituyen sin lugar a dudas el SDA más poderoso de la región. Junto con sus primos del programa Peace Amstel conforman un parque aéreo de más de 40 aviones que otorgan un poder disuasivo que no admite en la actualidad posibilidades de confrontación alguna. Más allá de la reconocida performance del Viper en cualquiera de sus versiones, la disponibilidad del armamento de última generación es la herramienta en la que se respaldan sus reales capacidades de combate. Resulta difícil asimilar el hecho de que algunos operadores del modelo puedan estar dispuestos a asumir controles impuestos desde Washington en cuanto a la capacidad de disponer del armamento adquirido y del control de sus computadores de misión; aunque esa posibilidad ha quedado definitivamente expuesta a través de declaraciones recientes de fuentes altamente confiables (Foto: Alfredo A. Riveros/SCEL News).

El 19/05/2020 un prestigioso website de consulta publicó un artículo ciertamente poderoso desde su mismísimo título que reza: “Malaysian Prime Minister Mahathir Claims American Fighters Are Only Useful for Airshows – Why F-18s Can’t Fight Without Washington’s Permission”.

El Primer Ministro malayo Mahathir Mohamad declaró, sin ponerse colorado, que “los cazas estadounidenses sólo son útiles para las exhibiciones aéreas”. Lo hizo con la autoridad que le confiere el hecho que la fuerza aérea de su país (Tentera Udara Diraja Malaysia) sea usuaria del F-18D Hornet desde el año 1997 y fue tajante al sintetizar que “los F-18 no pueden combatir sin el permiso de Washington”.

Las razones expuestas se basan en que, dependiendo del usuario, Washington no entrega los sistemas de la aeronave con el concepto de arquitectura abierta, o sea que tiene la potestad de suministrar o no los denominados “source codes” o códigos fuente para programar los sistemas de abordo, ya sea la computadora de misión, el radar, las bibliotecas de los sistemas de guerra electrónica y autoprotección, entre otros. Según sus propias palabras «no podemos programar el avión para ningún ataque contra otros países sin que los estadounidenses realicen la programación».

Más allá de la propia experiencia malaya también enfatizó “sospecho que otros países tampoco obtuvieron los códigos fuente…” y que “incluso las municiones para los F-18 no podrían comprarse para actualizar el avión sin la aprobación del gobierno de los EE. UU”.

Lo expresado en los últimos dos párrafos ratifica a mi entender que, cualesquiera sean las armas que USA acepte entregar (o no) junto con el SDA, se desmorona la creencia de que la estandarización de armamento de similares características de otra procedencia, como Israel para poner un ejemplo, tampoco podrían adaptarse a los sistemas de misión sin la entrega de los códigos fuente que permitan su compatibilización y homologación.

El artículo culmina con un frase emitida por parte del entrevistador, en la que concluye que los clientes de los cazas F-16 y F-18 «solo pueden usarlos contra objetivos designados por los Estados Unidos, no contra objetivos que ellos mismos [los usuarios] desearían alcanzar»; “los aviones no son realmente un arma que puedas controlar. El control está con los estadounidenses».

¡Alguien tenía que decirlo de una buena vez! y finalmente se dijo. Cada uno podrá juzgar la validez o no del emisario. En lo personal me bastó y sobró ya que tenía muy en claro de antemano que resultaría imposible volver a tratar el trillado asunto del reequipamiento de la Fuerza Aérea Argentina sin poner en el contexto general de la evaluación de aeronaves aquellas restricciones que explícita o encubiertamente rigen sobre algunos SDA disponibles en el mercado internacional.

Por alguna extraña razón también me ha venido a la mente el mito urbano que pesa sobre los F-16 suministrados bajo los programas Peace Puma y Peace Amstel, planteando dudas relacionadas con sus reales capacidades de combate, así como la disponibilidad de sistemas y armamento avanzado, especialmente los misiles aire-aire. Hasta hace muy poco tiempo no dudaba en absoluto de sus capacidades; pues ahora sí me permito hacerlo.

El “desaire” a Croacia

El 28/03/2018 el director general del Ministerio de Defensa de Israel, Udi Adam declaró que “El Ministerio de Defensa otorga gran importancia a la profundización de la cooperación entre Israel y Croacia. Con ese fin, iniciamos la venta del F-16, que incluye el acuerdo de soporte y la transferencia de tecnología israelí”. Ese mismo día ambos países alcanzaron un acuerdo preliminar valuado en U$S 500 M para la venta de 12 aviones de combate F-16D Barak, dos simuladores de vuelo, entrenamiento de pilotos y personal de mantenimiento, junto con un paquete de armamento, quedando a la espera de la aprobación de los Estados Unidos para permitir que un tercer país tenga el acceso a la tecnología de fabricación estadounidense.

Barak I
La posibilidad de concreción del contrato de venta de los F-16D Barak I a Croacia hubiera sentado un importantísimo precedente de cara a futuras participaciones israelíes en el mercado militar de segunda mano y que sin dudas podría dejar fuera de competencia a cualquier F-16 ofrecido por los norteamericanos. La Israel Defence Force dispone de un importantísimo parque aéreo remanente de un total de 135 F-16C/D Barak I/II que retirará del servicio paulatinamente en la medida que se incorporen los nuevos F-35I Adir a su arsenal; aviones que sin dudas serían un objetivo muy apetecible para un buen número de países, ya sean estos actualmente usuarios o no del modelo, aunque procurando afanosamente cierto grado de independencia sobre su operatividad. No obstante esta más que interesante posibilidad, ciertamente válida para fuerzas aéreas como la Argentina, el traumático desenlace de la experiencia croata permite anticipar una absoluta neutralización sobre cualquier chance posible a la hora de adquirir los aviones israelíes. (foto: Carlö Dedöni/Airliners.net).

La operación incluía específicamente a los aviones de la versión biplaza F-16D Barak I (Block 30) producidos entre 1987 y 1988 ofrecidos a partir de los stocks disponibles de la Heyl Ha Avir / Israel Air Force (IAF). Mediante este acuerdo los croatas pretendían alcanzar el objetivo de sustituir sus obsoletos cazas MiG-21 disponiendo en un plazo de entrega casi inmediato (previsto para 2020) de un SDA de Generación 4 que pueda ser sostenido y actualizado por un estado extranjero con independencia de los Estados Unidos. Dentro del contrato de compra se contemplaba una partida de misiles aire-aire Python IV y Derby para las misiones de defensa aérea, así como la provisión de kits para bombas guiadas Spice.

El gobierno privilegió la selección del modelo israelí frente a otros F-16C/D ofrecidos por EE.UU. y Grecia entre otras razones por tratarse de aviones sometidos al programa Barak 2020 concluido en 2014 que incorporó mejoras estructurales de media vida en la célula, una actualización de la aviónica que abarcó el sistema de control de vuelo, un nuevo HUD, displays de alta resolución, una grabadora digital de datos y sistemas de comunicación plenamente compatibles con el estándar OTAN, tratado al que Croacia se incorporó desde 2009.

Pero en una movida inesperada la Administración Trump manifestó su malestar respecto de la pretendida venta, argumentando “la inclusión de sistemas electrónicos israelíes como un esfuerzo por ganar la licitación de Croacia” y que las mejoras aplicadas a los Barak I hicieron que los aviones fueran “más atractivos respecto a sus homólogos estadounidenses”, acusando abiertamente a Israel de beneficiarse injustamente mediante la venta de aviones de combate de origen estadounidense.

El Departamento de Estado intervino formalmente para bloquear el contrato amparándose en las preocupaciones de que “Israel entregaría tecnología que no estaba autorizado a transferir”, por lo que indicó que para aprobar la transferencia era condición excluyente “la remoción completa de todos los equipos israelíes instalados” mediante sucesivas mejoras aplicadas durante los 30 años de operación de modelo con la IAF; situación que obviamente transformaría la operación en un evento técnicamente imposible de materializar.

El 11/01/2019 Croacia renunció formalmente a la compra de los Barak I luego de que Jerusalén informara a Zagreb que no obtuvo la aprobación necesaria por parte de los EE.UU. para concretar la operación. El Ministerio de Defensa croata le otorgó a los israelíes esta fecha límite para cerrar el acuerdo con el Departamento de Estado norteamericano luego de meses de retraso y en el entendimiento de que Israel había brindado garantías durante el proceso de licitación del contrato de que funcionarios estadounidenses aprobarían la venta.

Desde el Ministerio de Defensa israelí destacaron que ambos países se condujeron de manera “profesional y considerada” aunque “las condiciones, desgraciadamente, no nos permiten realizar el acuerdo debido a problemas imprevistos que están más allá el control de ambos gobiernos”.

Por su parte, un alto funcionario de la administración dijo que Estados Unidos «apoyó de todo corazón la adquisición por parte de Croacia de un avión de cuarta generación de Israel compatible con la OTAN, y trabajó para hacer realidad esta transferencia», concluyendo que los estadounidenses siempre fueron claros acerca de las «condiciones técnicas específicas» bajo las cuales apoyaría el acuerdo, dijo el funcionario.

Una nueva instancia que pone de manifiesto la política de los EE.UU. en cuanto a la venta de equipamiento aéreo militar, impidiendo la intromisión de terceros países en todo lo que tenga que ver con el control absoluto de sus SDA. Esta desavenencia con uno de sus principales aliados a nivel global ofrece algunas consideraciones ciertamente contrapuestas a la hora de su interpretación ya que por un lado el gobierno norteamericano presentó una airada queja contra Israel alegando la transferencia de su tecnología sin autorización, aunque como condición aprobatoria impuso la necesidad de remover todo el equipamiento de origen israelí (básicamente la computadora modular de misión, sistemas de perturbación y ECM internos provistos por ELBIT y Elisra). Difícil ciertamente pretender que los israelíes asumirían los costos de adquisición de la electrónica original, así como de la implementación de un programa de sustitución de equipos que permitiera entregar a los croatas un Barak I restituido al estándar norteamericano, manteniendo el valor contractual formalmente pactado mediante la adjudicación de un concurso internacional del que participaron cuatro países.

Resulta evidente entonces que en este caso el bloqueo norteamericano no involucraba específicamente la venta de los aviones en sí mismos, sino que más bien entendía que le otorgaba a los israelíes el control de los sistemas de misión y la no menos importante capacidad de utilizar armamento de su producción, lo que sumado a la posibilidad de brindar servicio integral a la célula, planta motriz y los principales componentes del avión dejaría al SDA completamente bajo el dominio de empresas israelíes.


Fuentes consultadas: Military Watch, Defense News, Flight International, Flight Global, The Times of Israel, Breaking Defense, Aurora Israel, Defense & Security Monitor/Forecast International.

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