Sailplane Grand Prix 2011: Planeadores “Fórmula 1” en Chile

El Sailplane Grand Prix (Gran Premio de Planeadores, o SGP) es una competencia que se aleja de los patrones convencionales del vuelo a vela buscando acercar y hacer más atractivo este deporte para el público en general.

Patrocinado por la Federación Aeronáutica Internacional (FAI), el certamen pretende ser más espectacular y comprensible para el público general que otros campeonatos de vuelo a vela; lo que aparentemente se logra simplificando sus reglas de participación y puntuación.

En un SGP típico, la cantidad de participantes no puede superar 20 pilotos, cada serie (o “tarea”) dura entre 2 y 3 horas, todos los planeadores inician la carrera al mismo tiempo y el ganador es aquel que llega primero.

Las actividades generalmente se realizan con epicentro en un aeródromo que sirve de punto de partida y llegada y el sistema de puntuación se asemeja al de un gran premio automovilístico.

Si bien el interés de crear una competencia de estas características puede rastrearse hasta la década de 1970, la FAI recién logró concretar el primer SGP en Saint Auban (Francia) en 2005.

La maduración de un diseño

A partir de la tercera edición, el gran premio adquirió su formato actual y comenzó a desarrollarse mediante varias carreras de clasificación (“qualifying races” o “qualis”), que se realizan en distintos países del mundo, y un gran premio propiamente dicho, en el cual participan los dos mejor clasificados en cada una de las “qualis”.

Sudamérica se integró al gran premio precisamente en la tercera edición, que se desarrolló entre 2008 y 2009.

Y fue Chile el responsable casi excluyente de esa participación al contribuir con la organización de dos eventos del circuito: Una clasificatoria en enero de 2009 y la gran final de enero de 2010, ambas organizadas por el Club de Planeadores Vitacura (CPV) en el aeródromo municipal “Lo Castillo”, localizado al Noreste de la capital chilena.

Más importante aún, la iniciativa permitió sumar varios pilotos sudamericanos (no menos de doce chilenos y al menos un argentino) a un certamen hasta entonces dominado por competidores europeos.

Y, como si esto fuese poco, logró resultados más que destacables ya que el piloto chileno Carlos Rocca Vidal terminó segundo en la final de 2010.

La adhesión y logros alcanzados desde la segunda edición por los volovelistas chilenos garantizaron para ese país un lugar permanente en el SGP.

Y fue así que, en el marco del IV Sailplane Grand Prix que se viene desarrollando desde abril de 2010, entre el 22 y el 29 de enero de 2011 Vitacura volviera a ser sede de una “qualifying race” para la competencia que culminaría en Alemania en julio de ese año.

Y su realización no hizo más que fortalecer la proyección internacional del circuito veraniego de competencias de vuelo a vela que se realizaban en la región (SGP y Andes Open en Chile, Campeonato Nacional argentino, etc.); los que sin dudas aportarían una proyección sudamericana al 32º Campeonato Mundial de Vuelo a Vela, que se realizaría en 2012 en Adolfo González Chávez (Argentina).

La competencia

El certamen estaba abierto a planeadores de las categorías Club, Standard, 15 y 18 metros, aunque su reglamento establecía que “el país organizador elige la categoría en la que hará la competencia”, tal como explicó a Gaceta Aeronáutica el gerente del CPV y director de la competencia chilena de este año, Arturo Diez Voigt.

Aprovechando esa prerrogativa, Chile optó por hacer su clasificatoria para planeadores de la categoría 15 metros.

Aunque esta elección, de todos modos, es irrelevante para la gran final, dado que en ella “no hay distinción de categorías, solo es una y la elige el país organizador”, según afirmó Diez.

La competencia chilena se desarrolló mediante una jornada de preparación y ocho carreras (una por día) que recorrían distintos trazados asignados por el director de la competencia.

La definición de los tramos corría por cuenta de Diez y su asesor, Alfonso Soto, y constaba de un análisis de las condiciones meteorológicas y la revisión del “desarrollo del campeonato en términos de velocidades, distancias y porcentaje de arribos para decidir distancia, zona a volar y tiempo estimado de la prueba”, indicó Diez.

Para terminar el proceso y contar con alternativas comparables, proponían e imprimían al menos dos pruebas posibles y, finalmente, el director se decidía por una.

Tras un briefing en el cual se exponían a los pilotos la tarea asignada para el día, el parte meteorológico y las infaltables instrucciones de coordinación y seguridad en vuelo, los competidores despegaban en rápida sucesión remolcados por tres Piper PA-18, un Aero Boero 180RVR o un Cessna L-19.

Los planeadores permanecían en circuito de espera hasta completarse los despegues, momento en el cual sobrevolaban el aeródromo de Vitacura para que se les diera la orden de partida.

El piloto que recorriera el trayecto en el menor tiempo cumpliendo el reglamento deportivo, se adjudicaba el triunfo.

Y, sumando puntaje a lo largo de la semana de competencia, se determinaba al vencedor.

Según el reglamento del SGP, el piloto más rápido de cada día recibía un punto por cada piloto que terminó la carrera detrás de él.

El segundo recibía un punto por cada piloto superado y el proceso se repetía hasta el último piloto que hubiese completado la tarea diaria, con un máximo de 9 o 10 puntos, según si 9 o más participantes hubiesen completado la prueba.

Los organizadores también podían otorgar un “bonus point” adicional al piloto que cruzara primero un punto de giro predeterminado y aplicar una tabla de 30 penalizaciones que descontaban tiempo logrado en competencia por un piloto y podían alterar su posición final.

Para controlar el desarrollo de las carreras, los organizadores de la “quali” chilena emplearon registradores en vuelo provistos por la firma neocelandesa Spider Tracks y llevaban registro del proceso en el sitio web Soaring Spot.

Los competidores

Los pilotos en competencia provenían de seis naciones diferentes.

La representación más numerosa, naturalmente, fue la chilena y aportó cuatro participantes y un “hors concours” (que participaba pero no competía efectivamente).

El segundo contingente más numeroso era el alemán y estaba integrado por tres jóvenes de entre 20 y 22 años.

El resto de los participantes provenía de Argentina, Eslovaquia, Gran Bretaña e Italia (un piloto cada uno).

Si bien la información disponible es incompleta, el rango de edad más poblado era el de los veinteañeros (casualmente, los tres participantes alemanes), aunque compitieron participantes de diferentes rangos de edad entre los 20 y los 70 años.

Las experiencias de vuelo eran generalmente proporcionales a la edad de cada competidor y variaban desde las 700 horas del competidor más joven hasta las 5.500 declaradas a Gaceta Aeronáutica por el italiano Thomas Gostner.

De las aeronaves participantes, 92% eran de fabricación alemana y la restante era de procedencia polaca (el Diana 2 de Gostner).

El constructor dominante era Schempp-Hirth (75%) y el modelo más común era su velero Ventus (50%).

Los demás constructores participantes eran Alexander Schleicher (con un ASW-27), PZL-Bielsko (con un Diana 2) y DG Flugzeubau (con un LS-10).

No obstante ello, la cantidad de participantes por fabricante no aseguraría los resultados más destacados: El constructor dominante (Schempp-Hirth) solo logró posicionar un aparato en el podio de los vencedores (el Ventus 2XA de René Vidal, quien calificó segundo) dado que dos de los participantes minoritarios (Schleicher y Pezetel) se llevaron los premios de plata y bronce.

La carrera del sábado 22 se extendió al Norte hasta Valle M y al Sur hasta Tinguiririca para volver a Vitacura tras recorrer 388 Km.

El domingo 23 tocó un recorrido de 292 Km. que llegaba por el Norte hasta Chinco y volvía al origen sobrevolando las estribaciones de la cordillera de los Andes.

El lunes 24 partieron nuevamente con rumbo Norte hasta Cobre, regresaron al Sur hasta Las Vizcachas y Tercol para regresar a Vitacura tras competir a lo largo de 201 Km.

El martes 25 el circuito ascendió a 300 Km. y voló al Norte hasta Mochico y al Sur hasta Pirque.

El miércoles 26 volvieron a volar al Norte hasta Chinco y Totoral y volvieron a Lo Castillo recorriendo 428 Km.

El jueves 27 recorrieron 437 Km. entre Cuadrada al Norte y Machalí al Sur introduciéndose buena parte del recorrido en la cordillera.

El viernes 28 partieron rumbo al Sur hasta Tinguiririca y regresaron a Santiago tras incursionar hasta Río Colorado en un recorrido de 420 Km.

El último día se volaron 294 Km. entre Copín y Gloria.

Puede decirse que cuatro de los competidores fueron quienes efectivamente disputaron la prueba: El alemán Nägel, el italiano Gostner y los chilenos Rocca y Vidal.

En la accidentada jornada del 22, cuando la mayoría de los competidores debieron aterrizar fuera de Vitacura por condiciones adversas, los dos pilotos chilenos y el italiano rescataron los primeros siete puntos de esta “quali”.

A partir del segundo día, Nägel se encaramó al primer lugar y los tres volovelistas restantes comenzaron una dura lucha por la segunda vacante para participar en Alemania 2011.

A pesar del excelente comienzo registrado por Rocca, fue Vidal quién más progresó en la segunda mitad de la competencia hasta superar tanto a su compatriota chileno como al sólido competidor italiano que tripulaba el Diana 2 de matrícula polaca.

Impresiones de primera mano

Según los testimonios recogidos por Gaceta Aeronáutica al término de la competencia, las clasificatorias chilenas del SGP fueron un éxito rotundo.

Por una parte, los pilotos contactados se mostraron satisfechos con la competencia, tanto en sus aspectos deportivos como organizativos.

Según el eslovaco Foltin, por ejemplo, “el nivel del SGP en Santiago es muy alto y eso hace que este sitio sea atractivo para los pilotos extranjeros” ya que el medio es “excelente para este tipo de carrera”.

El alemán “Toni” Lugtenburg, por su parte, rescató las experiencias aprendidas en sus “ocho semanas volando en Chile” y la posibilidad de aprender “de las estrellas locales”.

El británico Sturley, quien se confesaba enamorado del vuelo a vela en Chile (había competido en el país no menos de nueve veces), rescataba que “la fórmula del SGP es muy buena, y las condiciones excelentes pero desafiantes, [cuando vuelas] en la Cordillera de los Andes”.

Y el crédito local, René Vidal, alabó el alto nivel de competidores convocados: Gostner “venía de obtener un tercer puesto en el mundial reciente de Hungría”, Rocca “obtuvo el segundo lugar en el mundial Grand Prix 2010” y Sebastian Nägel, “la revelación que demostró ser un piloto con mucha virtuosidad a sus 21 años”.

Pero los elogios de los pilotos no hacían caso omiso de las complejidades de la competencia.

En la apreciación de Sturley, casi todas las carreras diarias fueron difíciles “porque Arturo Diez y su equipo fijaban cada tarea para probarnos de distintas maneras”.

Aún a pesar de su experiencia local, Vidal también aseguró que “todas [las pruebas] son difíciles”, algunas veces desde el punto de vista físico, otras desde el mental y otras desde el competitivo, ya que había “que saber tomar la decisión adecuada para no cometer un error que te puede costar muchos puestos”.

La orografía cordillerana aportó también su cuota de desafío.

Foltin nos confió que el vuelo allí “es tan esquemático como volar en otras montañas; pero como los Andes no son tan conocidos, hay formas de descubrir rutas más rápidas, particularmente en la alta montaña”.

Y Sturley ensalzaba la competencia andina ya que “es muy diferente a volar en los Alpes o los Pirineos, dado el inmenso tamaño de las montañas o el hecho de que están orientadas de Norte a Sur… lo que significa que el sol calienta ambos caras de las cimas y te permite alcanzar mayores velocidades promedio”.

Y sustentaba esta afirmación indicando que “la velocidad promedio superior a 130 Km/h alcanzada en este SGP fue excepcional”.

Los tres pilotos europeos entrevistados no parecieron darle mucho peso a las condiciones meteorológicas.

Foltin nos confió que estas “no tuvieron impacto significativo”, Lugtenburg aseguró no creer que fueran “un factor importante ya que todos [los competidores] están bajo el mismo clima” durante la regata y Sturley se mostró satisfecho por la posibilidad de volar todos los días, “lo que es extraño en una competencia en Europa”.

Pero el subcampeón Vidal, que jugaba de local, expresó una percepción diferente al señalar que “la meteorología afectó al campeonato en general [y] hubo días muy raros”.

A pesar de ello, pocos pilotos mencionaron haberse visto obligados a aterrizar anticipadamente y Lugtenburg, que lo hizo dos veces en Rancagua, aseguró que el apoyo fue casi instantáneo.

Gracias al seguimiento satelital, las autoridades del club organizador “enviaron el avión remolque antes que yo les avisara”, nos confió.

Con todo esto dicho, nuestros cuatro entrevistados aseguraron tener al próximo SGP chileno entre sus principales prioridades competitivas.

Proyecciones futuras

Los organizadores tampoco se quedaron atrás a la hora de sacar “cuentas alegres” y proyectar un futuro venturoso para el SGP de Vitacura.

El director competitivo aseguró que “el directorio del CPV y todos los socios están contentos con la participación” en el SGP y, con ella, pretenden “hacer un aporte al país en términos de ser un icono de actividad y turismo” a la par de otros atractivos nacionales tales como las Torres del Paine, la Isla de Pascua o los vinos chilenos.

De cara a la sociedad local, buscaban que “los chilenos se sientan orgullosos de sus pilotos y sientan a la aviación, y especialmente a los planeadores, como algo propio del país”.

Esto logró el doble efecto de hacer contrapeso a “los ataques que genera un aeródromo dentro de una ciudad” y facilitar “una forma ventajosa de relacionarse” con las autoridades nacionales.

Y René Vidal, competidor e integrante del comité organizador, rescató una ventaja esencial del evento.

Tal como los lectores podrán apreciar en las imágenes de esta nota, el SGP “ha demostrado ser un producto atractivo para los auspiciadores”.

Gracias a todos estos factores, Diez y los socios del CPV se mostraban entusiasmados con la perspectiva de volver a ser sede del Grand Prix o una “quali” en 2013 y a “continuar así, en el juego, cada dos años”.

Foto: Carlos Rocca V.

Nuestra imagen de portada

Definido por sus colegas como una legítima “revelación”, Sebastian Nägel (alemán, 21 años, 700 horas de vuelo) tomó la delantera al segundo día de competencia y no la soltó hasta acumular 50 puntos y ganar la clasificatoria Chile 2011.

Máximo Ay y Alejandro Torres colaboraron en la elaboración de este reportaje. Otras fuentes consultadas en InternetDG FlugzeubauFAI Sailplane Grand Prix Qualification Santiago ChileFédération Aéronautique InternationaleFlyClick y Soaring Spot. Este reporte fue publicado inicialmente en junio de 2011 y ha sido re-editado con mayor cantidad de imágenes y un relato ajustado al tiempo histórico de su reaparición.

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