A casi 40 años de su trágica desaparición, el Ejército de Chile inició la semana pasada un nuevo operativo con el cual espera recuperar los restos mortales de los últimos tres tripulantes fallecidos mientras participaban en una misión de prospección geodésica en la Cordillera de los Antes frente a la capital de esta nación americana.
En el operativo participan 38 integrantes del Ejército, todos especialistas en operaciones militares de montaña pertenecientes a la Brigada de Operaciones Especiales “Lautaro” (BOE) y la Escuela de Montaña, efectivos del Grupo de Operaciones Especiales (GOE) de Carabineros (responsables legales de efectuar la recuperación de los cuerpos) y un puesto de mando en Santiago para coordinar las actividades; más tres aeronaves de la Brigada de Aviación de Ejército (BAVE) y otra de la Prefectura Aérea de Carabineros (ver detalles en esta consulta a la Nube de Historiales Pista 18).
Según indicó el Ejército de Chile en un comunicado de prensa emitido el sábado 13, las actividades comenzaron el lunes 08/03 y este viernes 12 pudieron evacuar los primeros restos mortales encontrados a más de cinco mil metros de altitud, logro que se repitió el sábado 13 con los restos del segundo fallecido y la búsqueda del cuarto integrante de la tripulación se extenderá hasta el miércoles 17, debido a que las condiciones meteorológicas en la zona cambiarán a partir de esa fecha.
Este vistoso despliegue de medios aeromilitares es la culminación de una operación de tres etapas que contemplaba realizar “un reconocimiento aéreo para confirmar la presencia del helicóptero», luego «llegar hasta el lugar con medios terrestres para confirmar si hay víctimas del accidente en el sitio» y, finalmente, concretar «la extracción de los cuerpos si es que estuvieran en el lugar”, tal como explicó el Comandante de Operaciones Especiales y responsable del operativo, general de división Carlos Castillo Villarroel.
Cuatro décadas sepultados bajo la nieve, pero no por el olvido…
Pero el misterio detrás del luctuoso acontecimiento del 26/11/1981 tuvo avances y retrocesos desde el mismísimo día en que se perdió contacto con la aeronave afectada, el SA-315B Lama H-159, decolado ese mediodía desde el aeródromo institucional entonces instalado en Tobalaba.
Tripulada por el teniente Ricardo Viscaya Foradori (piloto), el subteniente Eduardo Reyes Vargas (copiloto) y el cabo segundo Ramón Sepúlveda Pérez (mecánico tripulante), la aeronave trasladaba al topógrafo del Instituto Geográfico Militar, Mario Benavides Moya, en un vuelo de reconocimiento geodésico del sector dominado por el cerro más alto de los Andes Centrales frente a Santiago de Chile.
Determinada la emergencia, la búsqueda de la aeronave siniestrada quedó en manos de un centro de operaciones de rescate integrado por medios aéreos de la Fuerza Aérea de Chile, un SA-330 Puma, otro SA-315B Lama y tropas terrestres de diversas escuelas y regimientos del Ejército que exploraron el área por espacio de tres meses, lamentablemente sin resultado alguno.
Seis años más tarde, sin embargo, un escalador que ascendía hacia la cumbre por la que desde 2010 se conoce como la «ruta directa del helicóptero» se topó con parte de una hélice y los restos mortales del cabo Sepúlveda, los que fueron recuperados en una expedición de la Escuela de Montaña realizada en el año 1990.
El interés por este misterioso accidente reviviría a fines de 2019, cuando el biólogo marino Ernesto Joerger afirmaba haber localizado partes de la aeronave y que sus investigaciones determinaban que “el impacto de la caída supone que no hubo roce; el helicóptero debió caer en forma vertical. Quizás hubo un desperfecto técnico o se debió a una falla relacionada con la altura y la densidad del aire en la zona”.
Pero el caso recién tomaría nuevo impulso después que Francisco Javier Díaz Torres, piloto de la firma Ecocopter que opera habitualmente en esa parte de la cordillera, informara el 13/01/2021 el avistamiento de una aeronave con características militares en una de las laderas del Cerro El Plomo.
Fuerza de Tareas «Cóndor»
Bajo la supervisión jurídica del segundo fiscal militar de Santiago, mayor Patricio Palacios Huerta y la conducción del general Castillo, se constituyó la FT «Cóndor» con el propósito de «ejecutar una operación de recuperación de combate (CR) de búsqueda y rescate (SAR) de medios humanos [involucrados en el] accidente aéreo [de 1981]» para «entregarlos a sus familiares y así permitir el justo descanso de los caídos».
Tal como asegura el capitán Felipe Verdugo, piloto de uno de los helicópteros AS350 Ecureuil que participaron del operativo, la misión no está exenta de peligro “debido a que la localización de los restos de la aeronave, es en una altitud en la cual los helicópteros operan con márgenes de potencia disponibles bastante acotados. Hay que buscar que se produzcan las condiciones de temperatura y viento que permitan acceder con los pesos que requieren las unidades que están en tierra para recuperar a nuestros camaradas”.
Pero el esfuerzo bien vale la pena, opinan sus participantes: Verdugo afirma sentirse orgulloso “porque el Ejército, a pesar que han pasado 40 años, no escatima en ningún esfuerzo por recuperar a su gente” y Castillo explica que esta operación significa “un gran compromiso, siempre vamos a velar por nuestra gente. Ellos son hombres que cayeron en acto del servicio (…) es un deber con ellos y con sus familias”.
María Victoria Darrigrandi Reyes, sobrina y contemporánea del subteniente Reyes, reconoció ante las cámaras de la televisión el esfuerzo realizado asegurando estar viviendo «un día de mucha emoción» que permitió a su familia «cerrar ciclos y enterrarlo junto a mis abuelos[,] quienes sufrieron mucho» tras su desaparición cuando tenía apenas 22 años de edad…
Fuentes consultadas: Andes Handbook, Ejército de Chile, Claudio Gonzalez Lamas, El Mercurio, G5 Noticias, Daniel Millas Navarro, Flight Radar 24, Peuco Santibáñez Muñoz y Teletrece.