
Un día de calor…
Era un sábado que perfilaba ser una jornada espectacular para disfrutar el fin de semana en la playa, junto con la familia y amigos. La temperatura era bastante elevada para esa celeste mañana, por lo que aquellos que no nos encontrábamos durmiendo, ya estábamos haciendo los planes para poder aprovechar la jornada veraniega en la Costa de Oro.
Quizás los primeros amargos de una jornada sin servicio ya estaban corriendo, cuando comienza a sonar el teléfono. Quizás por acto reflejo (pero sin duda por costumbre) lo primero que hice fue mirar el reloj que apenas sus agujas pasaban la hora 1000. Inmediatamente que atendieron el teléfono y escuché el “…ya te paso” mi mente no pudo escapar a lo que inevitablemente ya suponía y era que era una llamada desde el Escuadrón.
“…mi Teniente, necesitamos todas las tripulaciones, se está incendiando Piríapolis”
Ese día no estaba de guardia (de hecho había estado el jueves) y el día viernes era citable. Por lo que supuse que para recibir una llamada un día plenamente libre y solicitando “todas las tripulaciones” sin duda debería de ser un incendio importante.
Sin más que pensar…manzana en mano y a la Base.
Fuego forestal: Asunto serio
El Escuadrón n.º 5 (Helics) en el correr de su historia ha sido llamado a cumplir con misiones de riesgo y con todo éxito ha sabido cumplirlas. La misión de “Fuegos Forestales” no escapa a esta regla y a lo largo del tiempo, con la adquisición de equipos, planificación y entrenamiento ha demostrado a la sociedad puede contar con todos sus integrantes.

Para ello la Sección de Operaciones del Escuadrón planifica anualmente horas destinadas al entrenamiento de sus tripulaciones en este tipo de tareas, lo que normalmente nosotros llamamos la “Escuela de Fuego”.
La misma consiste en realizar entrenamientos en distintas áreas cercanas a un espejo de agua donde en forma segura, las tripulaciones puedan realizar el entrenamiento de técnicas y utilización de equipos, la coordinación entre todos los integrantes del Equipo (dentro y fuera de la aeronave), siempre con la premisa fundamental que la Seguridad de Vuelo no se negocia.
Una vez arribado al Escuadrón (quizás unos 30 minutos después de esa temprana llamada) lo primero que hice fue acudir a la Sala del Centro Coordinador de Rescate. Si bien esta sala (como lo dice el nombre) tiene otra función, momentáneamente se estaba utilizando como Centro de Operaciones ya que se estaban recibiendo las llamadas del Centro de Operaciones Aéreas con las directivas de salida mientras que en esta sala, se estaban conformando las tripulaciones, informaciones de las aeronaves prontas y datos en general.
Al momento de mi llegada, había escuchado un helicóptero en marcha, por lo que mi primer pregunta fue si era la aeronave de Servicio a lo que se me contestó que éste, era el segundo helicóptero disponiéndose a salir, que el de guardia (un UH-1H) ya había decolado hacía 1 hora.
Trabajo en conjunto
Algo real que muchos desconocen que este tipo de tarea de lucha contra incendios (mediante el uso de helibaldes) es plenamente una tarea de apoyo, luego de que sea solicitada por la Dirección Nacional de Bomberos. Decir plenamente que los helicópteros apagan el fuego o que los pilotos son bomberos, es un error de concepto.

Comúnmente en una de nuestras aeronaves (de alas rotatorias o fijas) se encuentra un Oficial Bombero que oficia de coordinador, quien observará el fuego y mediante el uso de radio da y recibe directivas en cuanto al trabajo en conjunto, manejando situaciones inesperadas (cambios en el comportamiento del fuego o tácticas), e informará cual es la mejor acción de apoyo que desde el aire se puede brindar.
A las 11:30 h aproximadamente desde el COA se solicita que despegue el tercer helicóptero e informaran a la brevedad cuando el cuarto estuviese en condiciones. Para ese momento, ya me encontraba realizando la inspección exterior al legendario UH mientras el Mecánico de Vuelo inspeccionaba y chequeaba eléctricamente el dispositivo de “Bambi Bucket”. Fue ahí que observé aproximándose al Piloto Comandante de la aeronave, ya que en esos días yo aun era copiloto del “Huey”.
Debido a que mi carrera en las alas rotatoria había comenzado un poco más tarde (durante la jerarquía de Tte.2º) el piloto a los Comandos era un Oficial de mi mismo grado por lo que realizamos el briefing antes del vuelo al costado de hangar del Escuadrón con la última información recibida.
Sin dudas este briefing tocaría los tópicos normales de cualquier vuelo pero además tendría el agregado especial de tratarse de un perfil y operación diferente a lo normal donde la tripulación tiene que controlar aspectos como pueden ser ansiedad o tensión mientras se realiza el vuelo con la aeronave, por momentos al límite de sus capacidades.
En el juego
Según lo aprendido en Coordinaciones previas en las Aulas del Escuadrón, la extinción del incendio es posible cuando se elimina alguno de los elementos del famoso triángulo del fuego. Los métodos existentes son por sofocación (eliminación del oxígeno), por enfriamiento (de los materiales), por aislamiento (barreras) o por corte de la propia cadena de fuego. Ahora había que aplicar la teoría en el campo.

– “Matador 3 autorizado a despegar, viento 230 º 10 nudos”.
– “Matador 3 despegando”.
– “Matador 3, despegado a los 48, pase a frecuencia de trabajo…suerte”
Ya estaba todo el espacio de la zona reservado especialmente para esta tarea.
Apenas despegamos la primera información que escuchamos fue que los Matadores 1 y 2 se encontraban realizando Ataque Directo a las llamas, las cuales no eran muy grandes, cada uno por los distintos flancos mientras la aeronave U-206 indicativo “Búho” se encontraba 3000 pies por encima del terreno guiando el trabajo con el Oficial Coordinador de la DNB a bordo . Nuestro primer pensamiento fue que ya el fuego había sido atacado por la cola y prontamente comenzamos a realizar un mapa “mental” de la situación. Si bien aun quedaban 30 minutos para llegar a la zona de Piriápolis, todos los actores de juego deben saber en todo momento donde están todos.
-“Matador 3 luego de proceder al armado y recarga del Bamby, vuelva con nosotros, por nuevas directivas”.
-“Copiado Búho”.
El UH se posó en el suelo y el Rescatista junto al Mecánico de vuelo, comenzaron con la tarea de armado del Bamby Bucket. Este dispositivo no es más que una canasta con un carrete retráctil que recoge un cable que está vinculado a la válvula de descarga. Este cuenta con tres posiciones las cuales permiten determinadas capacidades de llenado. No llenarlo en un 100 % si bien disminuye la capacidad de agua aumenta la vida útil del equipo. Normalmente se utiliza en el 70 % de su capacidad, que serían unos 1100 litros.

Luego de su armado procedimos al llenado del mismo y debido a que el incendio era en el Cerro del Burro, no había que recorrer mucha distancia entre el mismo y la costa. Fue ahí que recibimos la llamada de Búho.
-“Matador 3, lo tenemos a la vista ponga rumbo NW, hacia el Cerro del Toro”
-“Copiado Búho ¿ entiendo Cerro del Toro?”
-“Afirmativo Matador 3, tenemos un nuevo foco ígneo”
En tan solo unos minutos, la situación debido al viento había cambiado y ahora nos dirigíamos a un fuego, donde no habría bomberos aun en la zona, siendo nosotros el primer elemento en llegar.
Mientras tanto, en el otro fuego, los helicópteros atacaban por los flancos y en la cabeza se encontraban los equipos de tierra. Todo parecería indicar, que ahora el esfuerzo en la cabeza debería de aumentar debido a que parte del equipo de tierra se dirigiría al nuevo foco ígneo, a donde íbamos nosotros.
Cuando estábamos arribando al Cerro, nos dimos cuenta que el fuego subía hacia la cima y que en su camino había casas y gente tratando de detener su avance. Sinceramente realizamos la primera descarga y por dentro pensaba que me estaba perdiendo la verdadera acción, que ocurría a 5 millas al Este y que estaba marcada por una densa columna de humo negro-grisáceo.
No sé cuando fue lo que demoramos (no más de 5 minutos) pero cuando pusimos proa al fuego nuevamente luego de la recarga de agua, el panorama era bastante parecido al del primer fuego!!! Increíblemente las llamas eran más grandes de lo normal debido a que la dirección de quemado era desde abajo hacia arriba. Se veían vehículos rojos y amarillos llegar a la zona general del Cerro, pero aun lejos de las viviendas.

-“Matadores de Búho, mantengan sus directivas nos dirigimos a realizar recarga a Laguna del Sauce”
-“Búho de Matador 3, ¿confirma ataque directo?”
-“Negativo Matador 3, realice lanzamiento a discreción, en lo posible enfriamiento de la zona hasta la llegada de Matador 4 que se encuentra despegando de Carrasco.”
Ahí fue el momento que tuvimos que tomar la decisión de realizar ataques indirectos consistentes en el enfriamiento cercano a la gente y la vivienda. Ya los carros de bomberos no estaban tan lejos y el fuego, parecía jugarnos una carrera a ver quién llegaba más rápido al área.
Fue en ese momento y no antes que comenzamos a sentir el calor en la cabina. El viento por alguna razón estaba remolinándose en la zona por lo que la corrida final debía de ser diferente en cada pasada. El apoyo de tierra llegó y nosotros nos dirigíamos a realizar la última recarga de Bambi cuando se escuchaba al Matador 4 arribando al área. Le comunicamos nuestra posición y posterior a nuestro lanzamiento(aproximadamente el número 28, lo que denota la corta distancia hasta la costa) nos dirigimos al punto de recarga de combustible, donde se encontraba un camión de la Brigada Aérea.
Reabastecimiento de combustible y comida
La situación ya había llegado al punto en que se habían trasladado a la zona el vehículo de combustible y víveres para las tripulaciones (especialmente agua), ya que comenzábamos a sentir los efectos del humo, garganta seca, cara áspera y pelo sucio. Para ese momento, aproximadamente serían las 1400 horas.

Se hizo una pausa en las operaciones según lo ordenado por el Jefe Coordinador de Bomberos de la zona, para la planificación de la tarde y almuerzo de todos. Las tripulaciones se juntaron y hablaron de lo sucedido e intercambiaron conceptos acerca de lo vivido. Mientras tanto por tierra, llegó un nuevo coordinador de Bomberos que ahora volaría con uno de los helicópteros. Se estimaba a las 15:00 h el comienzo del nuevo trabajo.
Mantuvimos las tripulaciones de los 4 helicópteros y recibimos la nueva directiva, en cual todas las aeronaves se focalizarían en el Cerro del Toro, debido a que había ganado nuevamente fuerza el foco ígneo.
Si pensé en algún momento que había habido calor en esa cabina, era porque no sabía que las próximas 2 horas serían más duras. Mantuvimos las posiciones y comenzamos a realizar el trabajo.
Para mantenernos todos a la vista, realizamos algo parecido a una fila india, donde cargábamos agua y ordenadamente nos dirigíamos al área de descarga. El humo era casi todo de color blanquecino y el terreno era todo en pendiente, por lo que las técnicas a aplicar debían ser bastantes precisas si queríamos que el agua que llevábamos rindiera siempre y cuando el compromiso con la seguridad no decayera.
La velocidad de traslado con el Bambi era de 70 nudos, se sentía el calor y las gotas de sudor que corrían entre el visor y mi cara, el humo se veía a escasos metros y el helicóptero por momentos se sacudía por las ráfagas de viento a barlovento. Cada vez que se hacía una descarga, se elevaba una cantidad importante de cenizas, era cuando nos dábamos cuenta que nada de esto era un juego.
No podía dejar de pensar en ese momento, lo que un par de años antes, el incendio del Parque de Santa Teresa había hecho pasar a las tripulaciones civiles y militares, siendo este de proporciones más grandes.
En ese momento solo había participado como piloto de enlace en los U-206H, y todo me había parecido un tanto lejos. Hoy, eso había cambiado.

Se realizó una nueva recarga de combustible, escalonada para poder organizar próximamente la nueva tarea. Eran aproximadamente las 17:30 h y se seguiría trabajando en la zona, debido a que los últimos dos matadores antes de realizar esta nueva recarga, se les había ordenado volver al primer fuego en el Cerro del Burro, ya que había ganado intensidad nuevamente.
Por tercera vez, volvimos a despegar dirigiéndonos hacia el Cerro del Toro pero ya era tarde, por lo que se realizaron una decena de descargas por helicóptero y teníamos la orden de dirigirnos a Laguna del Sauce para la recarga de combustible.
La formación de 4 helicópteros arribó a Carrasco casi a media luz y cada uno de nosotros a nuestras casas cercano a las 22:00 h luego de realizar los trámites administrativos y demás. Prontamente me fui a descansar, ya que la planilla para la mañana siguiente estaba mi nombre. La tarea aún no había finalizado.
Arde Troya
«Esto es de terror. Terrible. El viento del Este aviva el fuego que por momentos se vuelve incontrolable. El viento que sopla es criminal»
Enrique Pérez Morad (Secretario General de la I.M.M)

Muchas personas llegaron a irse de Piriápolis. Se corrió el rumor que el fuego era incontrolable y que prontamente llegaría a la Ciudad. Muchos turistas replegaron sus carpas, cerraron sus casas y se fueron. En la noche, se veía las laderas iluminadas por el color naranja de las columnas de fuego que se levantaban.
La siguiente jornada comenzó muy temprano, alrededor de las 5 de la mañana, decolando los 4 helicópteros a las 0630 h con las primeras luces. Nuevamente el clima jugó un papel fundamental. En esta nueva jornada, recuerdo dos situaciones que me marcaron en la memoria, recuerdo que aun se encuentran frescos como si hubiese sido hace un rato.
La primera fue, cuando nos encontrábamos en esta segunda jornada de trabajo, y realizábamos descargas en la zona de viviendas. Nuestro helicóptero estaba asignado a esa zona, mientras los otros 3 estaban designados a los cerros del Toro y el Burro. Teníamos que tirar no muy alto para poder dirigir puntualmente la descarga ya que las viviendas se estaban quemando rápidamente, y se podía ver la gente con baldes corriendo para todos lados.
En uno de esas descargas, recuerdo que veníamos en la final antes de tirar y luego de un rápido chequeo de cabina comencé a mirar a mi lateral izquierdo por obstáculos. Cuando miro hacia abajo, creo yo a tan solo 5 segundos del lanzamiento, no me olvidaré jamás la cara de una mujer mirando hacia arriba, con las palmas de las manos juntas que me estaba mirando y con una sonrisa realizaba un movimiento de sus manos. No había duda que la casa que estábamos por “mojar” era la suya y esa mirada, como si fuéramos unos ángeles ha quedado como uno de los más lindos registros que tengo en la memoria, solo por el hecho (común en nuestro Escuadrón) de poder hacer el bien a alguien.

Mi segundo recuerdo coincidentemente con el mismo día, y un par de horas más tarde sucedió cuando ya el fuego en todos los puntos estaba siendo controlado por Bomberos. A cada helicóptero se le estaba dando la orden de ir a recargar para volver a Carrasco.
Junto al resto de la tripulación habíamos discutido en cabina y decidido realizar la última recarga y arrojo de agua, antes de aterrizar. Recuerdo no tener la cámara a mano debido a que ya se sentía el cansancio luego de 2 días de trabajo, humo y calor, extenuándonos.
Cuando pusimos rumbo a la playa para realizar la carga, en el momento el Piloto Comandante me dice que observe lo que está escrito en la arena. Al virar un poco más cerrado por el lado derecho se puede leer perfectamente desde la altura de unos 200 pies:
“MUCHAS GRACIAS A LOS HELICÓPTEROS”
Créanme que hay en la vida momentos, frases y/o acciones que por muy pequeñas que parezcan, mueven montañas de emociones y esta, sin duda fue una de ellas. No había nadie en la arena, por lo que los autores son anónimos, pudieron haber sido cuatro, diez o tan solo una persona. Lo importante sin duda para nosotros fue lo que leímos ahí.

Hoy ya he realizado este tipo de misiones desde la cabina de Piloto Comandante. Estos tipos de incendios generalmente suceden en la misma época de año, en pleno verano y la mejor arma para combatirlos es el entrenamiento y la utilización de los procedimientos estandarizados.
Siempre se está aprendiendo, “PARA QUE OTROS PUEDAN VIVIR”.
En memoria del Cnel. (Av.) Rodolfo Kuster, quién dio su vida en pos de salvar otra en el incendio de la
ladera del Cerro del Burro, en Piríapolis. (10 de enero de 2009).
Mis respetos al amigo Tato. Excelente fotógrafo, correctísimo informador y especialmente, un aviador de alma.