La protección de la infraestructura civil contra los drones
La rápida proliferación de drones, o mejor dicho vehículos aéreos no tripulados (UAV), los ha transformado en amenazas significativas para la infraestructura civil a nivel mundial.
La rápida proliferación de drones, o mejor dicho vehículos aéreos no tripulados (UAV), los ha transformado en amenazas significativas para la infraestructura civil a nivel mundial.
La industria de defensa estadounidense, tradicionalmente dominada por un puñado de gigantes nacidos de la consolidación post-Guerra Fría, está al borde de una transformación radical derivada tanto del interés de Washington como de los inversores bursátiles.
El sector europeo de la defensa está experimentando una transformación, impulsada por la expansión de los instrumentos financieros, un contexto geopolítico cada vez más volátil y por la necesidad de reforzar la autonomía estratégica del continente. Si bien la OTAN sigue siendo el principal marco de seguridad para el continente, el aumento del gasto nacional en defensa y las normas de participación más estrictas de la UE están alterando la dinámica de acceso, influencia y perspectivas para los socios en este panorama en constante evolución.
La ceremonia de la baja del servicio del Grumman S-2T 0702/2-AS-23, el último de los Tracker del COAN, se llevó a cabo el pasado 1 de diciembre de 2025, en la Base Aeronaval Comandante Espora, pasando a integrar a partir de ese momento el patrimonio del Museo de la Aviación Naval Argentina.
El último curso de vuelo del TLP del año, FC 2025-04, se llevó a cabo entre los pasados jueves 6 y viernes 28 de noviembre de 2025, como es habitual en la Base Aérea de Los Llanos, provincia de Albacete.
La Base Aérea de Gando en Gran Canaria, ha vuelto a ser el epicentro del mayor ejercicio de adiestramiento en combate aéreo que lidera España, el Ocean Sky, que se celebra bienalmente en aguas canarias.
A fines de enero de 2024 el Ministerio de Defensa, en total sintonía con el posicionamiento político del presidente Milei, abandonó las gestiones para la compra de cazas chinos y se enfocó definitivamente en la opción por los F-16 ofrecidos por Dinamarca, que no incluía la parte electrónica ni el armamento, que serían provisto por Estados Unidos.
Promediando 2011 la situación financiera de la Fuerza Aérea era insostenible, con la mayor parte de su flota fuera de servicio. Pero en situaciones de emergencias, el componente militar sacó las papas del fuego.
A fines de los años setenta Argentina tenía fuerzas aéreas (naval y terrestre), relativamente bien pertrechadas sobre la base de equipos fundamentalmente importados, comprados a proveedores occidentales. Pero en 1978 la enmienda Humphrey-Kennedy cambió las reglas de juego, cerrando las puertas a la venta de material norteamericano. Esta realidad llevó a la Fuerza Aérea a explorar proveedores inéditos, no sólo de aviones de combate, con el resultado de la compra de aviones rusos Su-29, que llegaron en 1997, y helicópteros Mil Mi-17 en 2011.
La historia del reequipamiento de la Fuerza Aérea Argentina después de la Guerra de Malvinas, empezó antes de la guerra, en 1978. El país, en ese momento, no tenía grandes necesidades de compra, porque en los años previos se había equipado para una eventual guerra con Chile por cuestiones fronterizas. Fue la Guerra de Malvinas, que destruyó la capacidad militar de la FAA, a lo que se sumó la crisis económica posterior a la guerra, que puso en evidencia la fragilidad de la política del endeudamiento sin restricciones seguida durante la última dictadura militar.