Flybondi (2016-2026)
Llegó la hora del réquiem para la lowcost argentina. Después de una larga y dolorosa enfermedad, Flybondi nos abandonó. Dejó tirados a pasajeros, empleados y proveedores. Diez años de un relato de éxito que nunca fue tal.
Llegó la hora del réquiem para la lowcost argentina. Después de una larga y dolorosa enfermedad, Flybondi nos abandonó. Dejó tirados a pasajeros, empleados y proveedores. Diez años de un relato de éxito que nunca fue tal.
Las estadísticas son una herramienta fundamental para el conocimiento y planificación de cualquier actividad. En la aviación argentina se han desarrollado desde el primer momento y hoy disponemos de razonables series de datos aeronáuticos.
El 29 de noviembre de 1962, cuando ingleses y franceses firmaron el tratado que dio luz verde a la financiación del Concorde, Air France supo que en algún momento volaría con aviones supersónicos y que debería estar preparada para un lanzamiento sin precedentes en la historia de la aviación. Ese momento llegó catorce años después.
La decisión de la IATA de lograr el net Zero en 2050 fue tomada en un momento de euforia ambientalista, y ahora es evidente que se analizó muy someramente su viabilidad. Hoy resulta imposible cumplir con lo prometido.
Cuando Aerolíneas fue privada, entre 1990 y 2008, los argentinos no nos preocupamos por sus pérdidas, que superaron los 3.000 millones de dólares. El tema se volvió central a partir de la reestatización, y todos los opositores pedían la privatización como solución al problema. Hoy, sigue siendo estatal, pero no recurre al tesoro y cada vez se habla menos de privatizarla.
Muchos pensábamos que la Ley 19.030 era la principal traba que impedía el desarrollo de la aviación comercial argentina, y creíamos que derogarla era el paso fundamental para que comenzara un nuevo período de progreso. La ley se derogó hace dos años y medio, pero el progreso no se ve.
El Boeing 747 surgió de la posibilidad de convertir el desarrollo que había hecho Boeing para un supercarguero encargado por la USAF (que luego sería el C5A) y la necesidad de Pan American de tener una máquina mayor que el 707. El resultado fue impresionante, pero exagerado para las necesidades del momento y llevó muchos años adaptar semejante avión al mercado real, golpeado por crisis petroleras y la desregulación.
La pregunta es sencilla: ¿cómo viajan los argentinos dentro de la Argentina? La respuesta es imprecisa, porque las estadísticas argentinas de transporte disponibles tienen problemas, pero es posible aproximar a una respuesta.
A priori, el liberalismo parece una buena idea, que cada quién tenga la libertad necesaria para hacer lo que quiera, pero hay un pero, muy antiguo, que dice que la libertad de cada uno termina donde empieza la de los demás. Eso, la mayoría de las veces exige un árbitro.
La relación de cualquier ciudad con sus grandes instalaciones industriales siempre es difícil y requiere una cuidadosa planificación urbana que marque los límites de lo posible. Nada de esto ocurrió en el caso del Aeroparque, que siempre se adelantó a la legislación y a la mirada somnolienta de los sucesivos gobiernos de la ciudad.