Cuando Aerolíneas perdía, había que privatizarla…¿Y ahora?

Aeronaves de Aerolíneas Argentinas operando desde su base en el Aeroparque de Buenos Aires (Imagen DAD – Buenos Aires Photography).

Cuando Aerolíneas fue privada, entre 1990 y 2008, los argentinos no nos preocupamos por sus pérdidas, que superaron los 3.000 millones de dólares. El tema se volvió central a partir de la reestatización, y todos los opositores pedían la privatización como solución al problema. Hoy, sigue siendo estatal, pero no recurre al tesoro y cada vez se habla menos de privatizarla.

Históricamente, Aerolíneas Argentinas fue una empresa que casi siempre perdió dinero. Se consideraba que eso debía ser así, y la sociedad, con pocas excepciones, lo toleraba sin mayor discusión y hablaba de soberanía, del aporte de la empresa al desarrollo nacional o se pontificaba que todas las compañías aéreas del mundo dan pérdidas. Se hablaba poco de la calidad de la gestión, que se confundía con la calidad del servicio de a bordo, los aviones modernos y la extensión de la red internacional. Así Aerolíneas, durante muchos años, fue un símbolo de la argentinidad, como el dulce de leche, la avenida más larga del mundo o la mejor carne del mundo. La empresa llegó a imponer el lema “SU compañía” —todo un símbolo— que fue, promediando el siglo pasado, uno de los más exitosos de la publicidad argentina.

SU compañía, promediando el siglo pasado, fue uno de los lemas más exitosos de la publicidad argentina (imagen archivo PLP).

El primero que vio la posibilidad de romper este círculo vicioso fue Alfonsín, que en la segunda mitad de su mandato desarrolló un plan de privatización muy anestesiado, que finalmente fracasó. Después vino Menem, que logró privatizarla manu militari, con un programa flojísimo y una licitación que debió haber sido declarada desierta porque el único oferente no cumplía con las exigencias del pliego.

Como complicación adicional, el adjudicatario fue un consorcio capitaneado por Iberia, que era otra empresa estatal. Los resultados fueron malos, no hubo inversiones y las pérdidas siguieron, aunque ahora no retumbaban en el Tesoro Nacional argentino sino en el del Reino de España. En esta época, Aerolíneas siguió pidiendo fondos al gobierno argentino, y algunos obtuvo.

Cuando empezó a notarse en la Argentina que Iberia y sus socios no eran lo que habían prometido, la empresa publicó avisos como éste, en los que buscaba mostrarse como una de las principales líneas aéreas del mundo (imagen La Nación, 18 de marzo de 1992).

La degradación siguió y la situación se hizo imposible de mantener, por lo que las autoridades españolas optaron por entregar la empresa a otra sociedad española, esta vez privada, que no mejoró la cuestión y siguió perdiendo millones de dólares, aunque hay que reconocer que una parte de esas divisas fue robada por los titulares de la firma.

El servicio, inevitablemente, se degradó a niveles impensado durante la antigua gestión estatal.

La primera conclusión de esta apretada historia es que Aerolíneas Argentinas, que perdía dinero cuando era estatal, siguió perdiéndolo cuando estuvo bajo gestión privada, lo que indica claramente que privatizar a las apuradas como solución mágica no es garantía de beneficios. Es más, si miramos la región, privatizar no produjo los resultados esperados en los casos de Aeroméxico, Aeroperú, Lloyd Aéreo Boliviano, Mexicana, Pluna, TAME, VASP y Viasa, que tuvieron destinos tristísimos en manos particulares.

Aerolíneas Argentinas, en 2008, estaba en un laberinto con dos salidas, o quebraba, o la rescataba el Estado. El gobierno optó por la segunda alternativa, y a partir de entonces volvió a ser una empresa estatal que perdía dinero.

Bajo el nuevo régimen, Aerolíneas renovó totalmente su diezmada flota y levantó el servicio y logró la definitiva integración con Austral, pero esto se vio complicado por permanentes conflictos gremiales, que por momentos, sugerían que los sindicatos buscaban llevar a la empresa nuevamente a la bancarrota.

La actualización de la flota y la integración con Austral fueron logros importantes de la estatización (imagen Jorge Souto).

Pero Aerolíneas siguió siendo un barril sin fondo. No importaba quién gobernara, porque el fenómeno se dio con presidentes de distintos colores políticos, aunque el encaramiento del tema fue muy distinto. Para los kirchneristas, todo estaba bien porque el aporte de la empresa a la economía del país era muy superior a los aportes que le hacía la tesorería, algo imposible de probar aunque encargaron a una consultora internacional un documento que supuestamente lo probaba, y para los macristas, era una cuestión de mejorar la administración.

Aportes del tesoro nacional a Aerolíneas Argentinas después de la estatización (imagen PLP).

Macri prometió durante su campaña presidencial que Aerolíneas no sería privatizada y que sería una empresa eficiente. Designó para conducirla a la entonces CEO de General Motors en el país, pero la puso a las órdenes de un vendedor de autos, que la echó a pesar de que en menos de un año había iniciado un proceso de saneamiento interesante. Los que vinieron después no dieron pie con bola.

Después las pérdidas siguieron, y fue surgiendo un clamor, apoyado por buena parte de la ciudadanía que pedía la privatización como mecanismo infalible para solucionar el problema pero había un problema, los sindicatos, en el tire y afloje del momento, habían logrado que la ley de expropiación incluyera una cláusula que exigía una nueva ley en el caso de que se decidiera privatizar. Milei, que buscó incluir esta privatización en la ley bases, no logró el consenso necesario y hoy el tema sigue como en 2008.

Pero algo cambió. Durante los últimos tiempos de la gestión del presidente Fernández los aportes del tesoro a la compañía empezaron a caer notablemente y la gestión de Milei logró lo inimaginable porque, según los números publicados, Aerolíneas Argentinas está dando beneficios.

La privatización de Aerolíneas Argentinas, si se decide, será un eslabón del actual reacomodamiento del mercado del Atlántico Sur. (imagen PLP).

Para llegar hasta aquí, justo es reconocerlo, la conducción empresaria hizo varias cosas que siempre se dijo que había que hacer pero que nadie encaró, como suprimir rutas poco rentables y reducir la plantilla de modo notable, algo parecido al proceso previo a la privatización de British Airways.

Lo curioso es que esto se hizo sin mayor resistencia laboral, porque los que otrora eran gremios combativos hoy parecen anestesiados. Se dio la paradoja de que el gobierno habló de entregar la empresa a los trabajadores, y los sindicatos se opusieron.

En 2018, cuando Aerolíneas mostró los mejores resultados financieros de once años de gestión estatal los trabajadores luchaban así en Aeroparque contra la gestión de la empresa (imagen APLA).

Esto ocurre sin que la empresa deje de ser estatal, algo que descoloca a los apóstoles de la privatización. La cuestión ha dejado de ser un tema de tapa, y nadie, desde ninguna posición, propone nada concreto. Probablemente porque nadie sabe qué hacer.

Privatizar Aerolíneas Argentinas, hoy por hoy, requiere esperar que termine el proceso de privatización de TAP Air Portugal, algo que viene bastante complicado porque los portugueses no la quieren vender; quienes pierdan en esa licitación (algunos ya se retiraron) serán posibles interesados en la empresa local. Otra cuestión es que Argentina no puede poner en riesgo su red doméstica, lo que exige algún sistema de garantías difícil de poner en marcha y que ya fracasó con Iberia.

Así las cosas, todo parece indicar que la privatización de Aerolíneas ha dejado de ser urgente y puede esperar.


 

Un comentario sobre “Cuando Aerolíneas perdía, había que privatizarla…¿Y ahora?

  1. Ahora que se encuentra plenamente operativa, es una empresa fácilmente vendible al mercado. No es de interés del estado nacional tener una aerolínea de bandera, plagada de gremios y máquinas de entorpecer. El Estado Nacional se debe concentrar en fortalecer la defensa nacional, la seguridad, la salud pública, la educación. Es decir todo aquello que hace al bien común de la totalidad de ciudadanos. el transporte aéreo argentino es propio de las clases altas y medias pudientes, el resto de la población se traslada en micro ono se traslada. es preferible dedicar ésos recurso para aumentar la red de autopistas y mejorar rutas, disminuyendo los accidentes viales mortales.

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