De La Matanza a Ohio (2/5): El vuelo Washington-Fairbanks

En 1934, los mandos del Cuerpo Aéreo del Ejército de los EE.UU. (United States Army Air Corps) planificaron una misión que habría de constituir un hito en la historia de la Aviación estadounidense: El 19 de julio de dicho año, diez nuevos bombarderos Martin B-10, comandados por el entonces teniente coronel Henry H. “Hap” Arnold, decolaron de la base Bolling Field –próxima a Washington (DC)– y, volando por sobre las ciudades canadienses de Winnipeg y Edmonton, llegaron a Fairbanks (Alaska) el día 24.

Un mes antes, Arnold había reunido las máquinas en Wright Field, en donde organizó cuidadosamente la expedición: Dividió la escuadrilla en tres secciones, una de las cuales estuvo bajo su comando directo y, para conducir las otras dos, eligió a los mayores Hugh Knerr y Ralph Royce.

En total la misión estuvo integrada por 14 oficiales y 16 suboficiales.

Por cerca de un mes, los Martin realizaron numerosos vuelos de exploración sobre Alaska, los que incluyeron misiones de reconocimiento aerofotográfico, y cubrieron una superficie de 60.000 metros cuadrados.

El teniente coronel Arnold luciendo la campera de vuelo del “Alaskan Flight” (US National Archives, circa 1934).

El 17 de julio, Arnold trasladó la escuadrilla a Washington para iniciar el raid dos días después.

El 16 de agosto la misión despegó de Fairbanks de regreso a Washington y, tras atravesar Seattle (estado de Washington) y Omaha (Nebraska) aterrizó en la base Bolling Field el día 20, donde fueron recibidos por el Secretario de Guerra, George H. Dern y por el Jefe del Cuerpo Aéreo del Ejército, mayor general Benjamin D. Foulois.

La expedición había realizado un recorrido de 11.265 kilómetros, buena parte del cual lo fue sobre territorio respecto del cual no había cartografía previa.

Línea de vuelo del raid a Alaska, presumiblemente fotografiada en Bolling Field. En primer plano, el legítimo 33-146, que terminaría su carrera operativa al accidentarse en Bolling Field el 18/05/1935 (foto: US National Archives, circa 1934).

En términos generales, la expedición fue altamente exitosa, al permitir que las tripulaciones se ejercitasen en vuelos de largo alcance, tanto para defender a Alaska en caso de emergencia como para recorrer zonas mayormente deshabitadas y ayudó a la confección de mapas de las regiones sobrevoladas.

Asimismo, fue necesaria una cuidadosa planificación de la logística para un vuelo de semejante extensión.

Los Martin demostraron sus cualidades para vuelos de estas exigencias, ya que sólo una de las máquinas debió acuatizar en Caleta Cook (Anchorage) por fallas en uno de sus motores, aunque pudo ser puesta en condiciones para el vuelo de regreso.

El YB-10 33-00148 «Juneau», participante en el vuelo Washington-Fairbanks y en el cual puede verse el tótem, emblema de la expedición (arte: Ron Cole).

En reconocimiento a su sobresaliente liderazgo al frente de este trascendente vuelo, el comandante de la misión, teniente coronel Arnold, recibió el Trofeo Mackay de 1934[1].

En palabras del líder de la expedición: “Hemos demostrado que es posible trasladar unidades tácticas del Cuerpo Aéreo a Alaska rápidamente y traerlas de regreso exitosamente”.


Continuará con… “Trayectoria aeronaval argentina”


NOTA:

[1] En 1938 el entonces mayor general Arnold se convirtió en Jefe del Cuerpo Aéreo y durante la Segunda Guerra comandó las operaciones aéreas contra las fuerzas del Eje, convirtiéndose en General del Ejército (cinco estrellas) en 1945 y, en 1949, le fue otorgado el grado especial de General de la Fuerza Aérea.


 

2 comentarios sobre “De La Matanza a Ohio (2/5): El vuelo Washington-Fairbanks

  1. Excelente los artículos sobre este clásico de la aviación. Gracias al autor A. Vidal.

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