Estando todo listo y comprobado, y con una alta motivación por el éxito del vuelo, avión y tripulación inician el histórico recorrido, cuyo itinerario describiremos en forma resumida:
- 21 de mayo 1965: FMA – Aeroparque.
- 22 de mayo 1965: Aeroparque – Río de Janeiro – Recife (pernocte).
- 23 de mayo 1965: Recife – Dakar (cruce del Atlántico en 09:15 hs de vuelo y pernocte).
- 24 de mayo 1965: Dakar – Las Palmas (Islas Canarias) – Madrid (pernocte).
- 25 de mayo 1965: Madrid – París/Le Bourget (se completa el vuelo de ida en el aniversario del primer gobierno patrio).
Desafiando al Atlántico Sur
La etapa del cruce del Atlántico empezó en Recife mucho antes del amanecer, pues debíamos despegar casi nocturno para evitar las elevadas temperaturas del día una vez salido el sol, que en esas latitudes brinda un calentamiento muy grande desde temprana hora.
El carreteo en Recife previo al despegue, con el avión sobrecargado de combustible, originó un original diálogo entre el Vcom. Balado y el Cap. Ruiz, pues al requerirle este último que carreteara más despacio pues se sentían unos golpes en los amortiguadores cada vez que se pasaba por una junta de dilatación, el comandante de aeronave le respondió que casualmente este momento era el indicado para corroborar si el avión servía o no para la misión encomendada y que debía cumplir con todas las exigencias que se le impusieran.

Luego de un largo despegue, se encaró el cruce con relativamente buen tiempo, sorteando alguna nubosidad durante el pasaje del frente intertropical y realizando una exitosa navegación por medio de líneas de posición astronómicas con el sol y uso intensivo del derivómetro, detectando un par de barcos sobre el mar y teniendo los tripulantes una gran alegría al poder avistar visualmente las rocas de San Pedro y San Pablo, islotes rocosos que afloran en medio del mar, casi a la mitad del cruce oceánico y que les indicaron que se encontraban perfectamente en curso y con una buena velocidad de navegación.
La llegada a Dakar se realizó poco más de nueve horas después del despegue de Recife, con lo cual quedaba menos de una hora de autonomía en tanques, pero por suerte la meteorología en el aeropuerto de llegada era óptima, con lo cual se cumplió sin problemas el primer cruce trasatlántico de un avión de construcción nacional.
Las etapas posteriores hasta París se realizaron sin novedad, arribando a dicho aeropuerto parisino en nuestra fecha patria, el 25 de mayo de 1965, posando así sus ruedas en territorio francés un avión argentino de manufactura nacional, comenzando de inmediato su preparación para que en pocos días más fuese presentado ante la comunidad aeronáutica mundial como el primer producto latinoamericano a la exposición de Le Bourget.
Una anécdota hilarante de la tripulación a su arribo a París, indica que se acercó al avión un operario de la empresa que iba a dar el apoyo técnico al avión y preguntó quienes éramos y de dónde veníamos.

A la contestación de que éramos argentinos, que también el avión era argentino y que habíamos venido volando desde nuestro país cruzando el Atlántico, abrió grandes sus ojos y lo único que atinó a decir fue: «fous» («locos» en francés) y siguió con sus tareas.
Un argentino en el Salón de París
La presentación del IA-50 en junio de 1965 en Le Bourget fue exitosísima, máxime por las características del traslado en vuelo del avión.
Los organizadores no escatimaban elogios al evento, especialmente para promocionar la bondad de los motores Turboméca Bastan, de origen francés, que equipaban al TX-01.
Terminada la exposición, el avión permaneció en Francia, donde se le realizaron pruebas estructurales, incorporación de nuevos equipos, especialmente el entonces novedoso sistema de oxígeno líquido en lugar de gaseoso, que sería de gran utilidad para el vuelo de regreso, pues permitiría un vuelo a mayor altura y un menor consumo de combustible, aprovechando mejor la capacidad de carburante y teniendo un aumento sensible en la autonomía que podría ahora llegar a casi 12 horas totales.

En este caso el único inconveniente era para la tripulación, que tendría que usar máscara de oxígeno en forma continua durante las aproximadas nueve horas de vuelo del cruce oceánico.
Así fue como, el 13 de febrero de 1966, el TX-01 se hallaba en Le Bourget acondicionado ya para el regreso a la patria, luego de ocho meses en territorio francés y la misma tripulación del traslado de ida sería la responsable del retorno.
Este vuelo se desarrolló en la siguiente forma:
- 13 febrero de 1966: París – Madrid – Las Palmas (pernocte).
- 14 febrero de 1966: Las Palmas – Dakar (pernocte).
- 15 febrero de 1966: Dakar – Recife – Río de Janeiro (pernocte, etapas logradas en un solo día ya que, si bien fueron agotadoras, se pudieron realizar gracias a la nueva autonomía del TX-01 por su instalación de oxígeno líquido).
- 16 febrero de 1966: Río de Janeiro – Montevideo/Carrasco – Aeroparque (el aterrizaje en Montevideo se debió a una orden superior, pues se había determinado un horario previsto de llegada a Aeroparque, debiendo aguardarse unas horas en Carrasco para llegar a tiempo para la recepción prevista al arribo del avión).

La ceremonia de arribo a aeroparque fue emocionante para todos, pues se culminaba uno de los vuelos más trascendentes en la historia de la aeronáutica militar argentina, encontrándose presentes el ministro de defensa, el ministro de aeronáutica y el comandante en jefe de la Fuerza Aérea, siendo la tripulación recibida pocos días después por el entonces presidente de la nación, Dr. Arturo Illia.
Finalmente, el 18 de febrero de 1966, el TX-01 voló del Aeroparque a la FMA, volviendo al nido que lo vio nacer, luego de completar casi 70 horas en el vuelo de ida y vuelta a Francia, independientemente de los vuelos realizados en territorio francés.
Años más tarde siguieron otras presentaciones de aviones argentinos en Le Bourget, como el IA-58 «Pucará» y el IA-63 «Pampa», pero fue el IA-50 “Guaraní” quien inauguró este desfile de productos nacionales, en la rica historia de nuestra industria aeroespacial y de la Fuerza Aérea Argentina.
El Guaranì 2 igual que su antecesor, el Huanquero eran pèsimos aviones. Diseño ya antiguo para la època, la verdad fue un autèntico capricho y despilfarro fabricarlo y encima tener la caradurez de pretender vender semejante adefesio. Total, el chalet en Le Bourget lo pagabamos los ciudadanos con nuestros impuestos. Años, por no decir dècadas, yendo a presentar aviones que no comprò nadie. En el sector privado, hubiera merecido el despido sin atenuantes. En Argentina, eran las vacaciones anuales de los caciques, una en Francia y al año siguiente en Inglaterra. El actual gobierno, en las antìpodas de los gobiernos militares, hacen lo mismo: despilfarran dinero pùblico en una quimera como es la FMA. Alguien con criterio deberìa ir a pedirle de rodillas a Bolsonaro que se apiade de nosotros y que nos compre ese clavo para Embraer.