Federico B. Kirbus (1931-2015)

Kirbus, en 1987, en la presentación del libro Aviación Comercial Argentina – 1945-1980. Atrás otro activo periodista de Aeroespacio, Iván de Benedictis.
Kirbus, en 1987, en la presentación del libro Aviación Comercial Argentina – 1945-1980. Atrás otro activo periodista de Aeroespacio, Iván de Benedictis.

Conocí dos veces a Federico B. Kirbus. La primera, en los años sesenta, leyendo sus notas sobre carreras de autos, que seguí con entusiasmo en El Gráfico, y en las que aprendí mucho sobre muchas cosas.

Años después lo seguí en La Prensa, como periodista especializado en temas aeronáuticos, durante los años sesenta y setenta. Su función era acercar al gran público los adelantos de la aviación de aquel entonces, cuando parecía que no había límites y la disputa era entre el Jumbo y el Concorde. Como consecuencia de estos avatares fue invitado a volar en este último cuando visitó nuestro país, en septiembre de 1971, Quizás fue el primer argentino que voló en ese avión y su nota contando las peripecias del vuelo todavía la recuerdo.

Lo conocí por segunda vez en 1987, cuando se publicó mi primer libro, Aviación comercial argentina – 1948-1980. El editor organizó un acto de presentación en la entonces librería El Ateneo y, después de algunas cavilaciones, pensé que Kirbus, que era el principal periodista aeronáutico en los grandes medios no especializados, era una de las personas adecuadas para hablar en la oportunidad, así que busqué su teléfono en la guía y lo llamé. Tomé contacto entonces con una persona interesantísima, que en ese momento y a lo largo de toda su vida, siempre estuvo dispuesto a colaborar con sus conocimientos, que eran únicos, en cualquier proyecto periodístico. Mantuvimos una relación desde entonces que siempre se enriqueció con su inagotable anecdotario.

Durante los años noventa, ya en La Nación, mantuvo otra sección sobre aviación que trató a toda costa de dar información calificada sobre el sector. Era una tarea difícil, según me dijo alguna vez, porque los editores tenían la presión del público, que entendía que una sección de aviación en un gran diario debía fundamentalmente informar sobre cómo conseguir pasajes baratos, y él no compartía ese parecer.

A lo largo de su vida, además, fue un portavoz del turismo que después se llamó de aventura, recorriendo y promocionando infinidad de lugares desconocidos de la Argentina. La popularización de las 4×4 que hizo posible la “masificación” de este tipo de experiencias lo encontró entre los más firmes entusiastas de la actividad, que promocionó incansablemente durante sus últimos años. La reciente notoriedad de la ruta 40 y su entorno no hubiera sido posible sin su prédica.

Era argentino, pero pasó buena parte de su infancia en Alemania, y de regreso a nuestro país mantuvo buenas relaciones con la colectividad germana, por lo que aquí muchos pensaban que era alemán. Además de sus trabajos periodísticos fue autor de numerosos libros sobre turismo y también actuó en el automovilismo deportivo, alguna vez como corredor pero, fundamentalmente, en el aspecto reglamentario de las carreras de las categorías de “turismo mejorado” que en los años sesenta daban la vuelta al país en varias etapas, en una suerte de antecedente de los rallies actuales.

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