Las fotos de aeronaves son una parte inseparable de la investigación histórica y la literatura aeronáutica. Para algunos son un fin en sí mismas, para otros son una herramienta que sirve para mostrar algo, ya sea un avión, una parte del mismo, su entorno o los personajes que lo acompañan.
Los primeros vuelos del globo Pampero, realizados entre 1907 y 1908 están bien documentados. Fueron hechos resonantes que fueron cubiertos por la prensa que nos mostró algo de la operación terrestre, los tripulantes, el globo en vuelo y hasta los curiosos que se acercaron. Hay infinitos detalles para analizar, desde la calidad variable de las fotos, la indumentaria, la actitud de los participantes que miran a la cámara, que sugiere que son fotos posadas, la posición de diversos elementos que hacen a la maniobra, y muchos otros.

En la Argentina hubo vuelos de aviones desde 1910. No hay fotos del primer vuelo de Ponzelli, pero sí del segundo, piloteado por Henri Breggi, cuyas demostraciones fueron seguidas por los principales diarios que publicaron algunas fotografías. No era común, en ese momento, que hubiera aficionados registrando el evento.

Las cámaras de principios del siglo XX
No sabemos con qué cámaras trabajaron los reporteros que tomaron esas fotogrfías, pero seguramente fueron de gran formato (100 x 130 mm como mínimo), que no tenían ni fotómetro, ni telémetro, por lo que el fotógrafo debía hacer todos los ajustes de apertura de diafragma, velocidad de exposición y distancia según su criterio. En materia de películas, en esa época todavía se usaban las placas individuales, pero ya existían las películas enrollables, inventadas por Eastman, luego Kodak. Todo era en blanco y negro.

Había pocos fotógrafos aficionados, que tenían a su disposición diversos tipos de cámaras llamadas de cajón, muy primitivas pero que, con diversas mejoras se usaron por décadas y son antecesoras de las Kodak Fiesta, Brownie e Instamatic que se fabricaron hasta la década de 1980. Con estos equipos era posible tomar fotos sin tener conocimientos técnicos y los resultados eran aceptables para lo que ese público esperaba.

La segunda ola de aviones y aviadores
A partir de mediados de 1910 vinieron varios pilotos a probar fortuna con espectáculos aéreos, lo que generó mucho interés de los diarios que informaron sobe la actividad y promocionaron diversos raids que luego eran noticia en sus páginas, generalmente bien ilustradas. Las fotos fueron tomadas en los llamados sitios de volación, que eran hipódromos y otras instalaciones deportivas. El más usado fue el terreno de la Sociedad Sportiva, donde está la actual cancha de polo en Dorrego y Libertador, pero ya funcionaba el aeródromo del Aero Club Argentino en Villa Lugano, y otros menores.

En los años anteriores a la Primera Guerra Mundial y durante el conflicto hubo en el país muy poca actividad aérea y, en consecuencia, hay pocas fotos. Pero si alguien quería fotografiar una aeronave era cuestión de ir a algún aeródromo de la ciudad y alrededores y lo podía hacer sin problemas, aunque en algunos casos había que pagar entrada. En el interior había un puñado de aeroclubes donde también podían fotografiarse aviones.

La mayor parte de este material corresponde a aviones en tierra, casi siempre con alguna presencia humana. Era lo clásico, lo que todos sabían hacer, un retrato ambientado. Las fotos de aeronaves en vuelo son escasas porque requerían un equipo más sofisticado y cierta profesionalidad del operador. Los diarios tenían reporteros deportivos bien capacitados, que podían hacer este trabajo.

La primera postguerra
Cuando terminó la Primera Guerra Mundial llegaron a la Argentina dos elementos fundamentales para la fotografía de aviones, cámaras de nueva tecnología y aviones modernos.
Los aviadores empezaron a animarse a volar por todo el país, y cuando llegaban a un pueblo, por lo general, aterrizaban en el hipódromo y todos iban a verlo. Por lo general se trataba de un espectáculo semicircense: los pilotos vendían vuelos de bautismo y hacían demostraciones que cobraban como podían, pero varios vivían de eso. Por supuesto la fotografía no podía faltar, y hay muchas tomas de aviones rodeados de público tomadas por aficionados y hasta profesionales de cada lugar.

Cuando empezaron los servicios de transporte aéreo, en 1919, los pasajeros tampoco se privaron de fotografiarse junto con la aeronave o con el piloto, y esa costumbre, con grandes altibajos, se mantiene hasta hoy.

Un negocio particular que nació en ese momento fue la fotografía aérea. Había gente que contrataba un vuelo para fotografiar su casa desde el aire, o algún evento y hubo pilotos que formaron empresas de aerofotografía, que vendían sus servicios fundamentalmente a diarios y revistas.

Las cámaras del período de entreguerras
Las cámaras que llegaron después de la guerra, mayoritariamente alemanas y norteamericanas, tenían ópticas de nuevo diseño, más luminosas (f6 era bastante normal), algunas con tratamiento anti reflejos y objetivos con corrección de aberraciones, diafragmas de iris, amplia gama de velocidades de obturación y diseño compacto, por lo general, plegables con un fuelle. Las principales marcas fueron Zeiss Ikon, Agfa, Voitgländer, Kodak y alguna otra. Se abrieron casas de fotografía, que vendían cámaras, rollos y accesorios y hacían el trabajo de revelado y ampliación, con lo que empezaron a circular más fotos.

Las mejores cámaras profesionales que existían en la inmediata postguerra eran las Graflex, grandes y pesadas que tenían un obturador que llegaba a 1/1000 de segundo, lo que las convertía en las favoritas de la fotografía deportiva. Pero estaban avanzando grandes novedades. Por un lado el formato 35 mm, de 1925, que utilizaba película de cine perforada y fue desarrollado en las familias de cámaras Leica y Contax, que, además de un formato pequeño muy manuable, permitían de intercambiar ópticas y tenían excelentes prestaciones.
Pero las cámaras profesionales de gran formato no desaparecieron del mundo periodístico. Las Graflex se usaron hasta mediados de los años cincuenta y surgió la Rolleiflex, un diseño raro, con dos objetivos, uno para fotografiar y otro para enfocar.

En el frente de los aficionados también aparecieron nuevas cámaras, con buenas ópticas, aunque todavía algo complejas a la hora de manejarlas, pero que permitían tomar fotos con un buen nivel de calidad. Se impuso el formato 120, que permitía tomar negativos de 6 x 6 o 6 x 9 cm, pero hubo otros.

Por último, hay que destacar que en este período de entreguerras aparecieron además las cámara réflex de un solo objetivo (la primera fue la Exakta) y las filmadoras para aficionados. Eran cosas muy raras y caras, que prácticamente no se conocieron en la Argentina.
Aunque existía la película de color, aquí todas las fotos eran en blanco y negro. Quienes querían color podían recurrir a la iluminación, una técnica de pintura a la acuarela, muy usada para retratos de bebés y tapas de revistas, pero que podía aplicarse a cualquier motivo, incluso las aeronaves.
Lugares para fotografiar aviones
La mayor parte de la actividad aeronáutica de la ciudad de Buenos Aires (y casi diría de la Argentina) se concentró entre 1912 y 1920 en El Palomar, donde estaban la Escuela de Aviación Militar, el Aero Club Argentino, y algunas otras empresas aéreas primitivas (escuelas, transporte, recreación). Es lógico que la mayor parte de las fotos de aviones de ese período hayan sido tomadas allí, pero también había aeródromos funcionando en Hurlingham, San Fernando, San Isidro, Quilmes y Villa Lugano. Por lo general, los vuelos tenían el mismo origen y destino.

Las fotos tomadas en esta época que ha llegado hasta nosotros muestran, por lo general, aviones frente a sus hangares, casi siempre con alguna presencia humana.

Los vuelos con pasajeros por lo general quedaban registrados, y en el cuadro era común que aparecieran los tripulantes y otras personas que acompañaban.

Pero la convivencia en El Palomar entre civiles y militares era difícil, lo que llevó al Director del Servicio Aeronáutico del Ejército, coronel Mosconi, a decidir, el 24 de febrero de 1920, la salida de los civiles de la base, que a partir de entonces pasó a ser un aeródromo exclusivamente militar. Los principales operadores fueron a San Isidro.

Una última cuestión, en este caso legal, que afectó la fotografía de aviones fue el Decreto del 4 de septiembre de 1925, que fue nuestra primera reglamentación aérea, firmado por Alvear. Allí se estableció la prohibición de tener aparatos fotográficos de cualquier tipo a bordo de las aeronaves que vuelen sobre el territorio nacional. En la práctica esto significó que los pasajeros de los vuelos comerciales debían entregar sus cámaras en el momento del check in, las que eran transportadas en bodega y devueltas en destino.
Pero sin cámaras no hay fotos, y los pasajeros, hoy lo sabemos, son grandes generadores de fotos del ambiente aeroportuario, incluidos los aviones. En particular, son escasísimas las tomas del interior de los aviones de pasajeros argentinos, lo que es atribuible a esta norma, que estuvo en vigor hasta los años sesenta.
El tema, que en aquel tiempo tenía relación con la defensa nacional, está volviendo a la palestra por cuestiones de cuidado de la privacidad de tripulantes y pasajeros. Hoy varias empresas prohíben (con diversos grados de rigor) la toma de fotos a bordo de sus aviones por este motivo.
La Fábrica Militar de Aviones
En 1927, durante la presidencia de Alvear, se creó la Fábrica Militar de Aviones. Hasta ese momento, las fotos de aeronaves que circulaban podían calificarse como fotos de aficionados o periodísticas, con mayor o menor calidad, por lo general, con alguna presencia humana, sin mayor cuidado por el encuadre o el fondo.
Pero las fotos de los productos de la fábrica que han llegado hasta nosotros, que son muchas, son decididamente trabajos profesionales, en las que todos los detalles están cuidados y el resultado es muy superior a todo lo anterior.

Este avance no se limitó a los productos de la fábrica, porque a partir de este momento las fotos publicitarias de toda la flota de la aviación de Ejército mejoró en este sentido. El material producido por las líneas aéreas y los aeroclubes, en cambio, mantuvo un aire de trabajos de aficionados.
Morón
A fines de los años veinte, además, apareció otro lugar para tomar fotos de aviones, que fue el aeropuerto de Morón, donde operaba Panagra y estaban basados el Aero Club Argentino y otras instituciones similares.

Una característica adicional fue que en este campo se realizaron festivales de cierta magnitud, lo que abrió las puertas a los fotógrafos aficionados y, también, aparecen fotos aéreas de sus instalaciones.

Y un dato importante para los fotógrafos, en Morón, como en todos los aeropuertos civiles argentinos de la época, no había muchas restricciones para que el público anduviera por donde quisiera.

La Segunda Guerra Mundial, significó cierta restricción de la actividad aérea, pero después del conflicto todo sería distinto.