
El 5 de mayo todas las radios de Buenos Aires empezaron a bombardear a los sufridos ciudadanos con la noticia de que se fusionarían Aerolíneas Argentinas y Austral. Siguieron los portales de internet, y la noticia se instaló. ¿Qué estaba pasando?
Sencillamente que Pablo Ceriani el CEO de Aerolíneas/Austral, había enviado un mail a todos los empleados del grupo para comentarles la situación de la empresa y notificarlos de algunas decisiones de la dirección.
El texto hacía varias consideraciones generales y sólo se refería a tres puntos concretos, la fusión de Aerolíneas Argentinas y Austral, la creación de una unidad de negocios de mantenimiento y otra de carga. Ninguno de los tres temas es novedoso; la fusión fue un objetivo de todas las gestiones que hubo desde la privatización, desde 1990 hasta hoy, y todas fracasaron. La unidad de cargas existió y tuvo aviones cargueros propios, y el mantenimiento para terceros, si bien tuvo poco desarrollo, tampoco es algo nuevo.

Pero la lectura de toda la carta nos muestra una nueva visión de la conducción de la empresa, y es interesante analizarla en detalle, más allá del dato anecdótico de la fusión.
El cuadro de situación
Lo primero que dice es que la compañía (no las compañías) está en una situación delicada, y que escribe “para compartir nuestras consideraciones respecto al futuro e informarles sobre algunas decisiones que hemos tomado”. No plantea discutir la cuestión, las decisiones fueron tomadas y hay que aceptarlas.
En detalle nos dice que:
- La crisis mundial provocada por el Covid-19 ha impactado de lleno en la industria aerocomercial y no sabemos cuánto durará.
- Todo indica que quedan varios meses críticos, sin ingresos, ni operaciones regulares, con un tremendo impacto para nuestra industria y la economía en general.
- Sin ingresos y sin saber cuánto durará esta situación, muchas aerolíneas en la región y en el mundo desaparecerán. Otras ya están implementando planes de ajustes salvajes para intentar sobrevivir: reducciones o suspensiones en el pago de sueldos, despidos, devolución o cancelaciones de órdenes de compra de aeronaves, son algunos de los ejemplos más comunes.
Estos párrafos, que hablan de generalidades, asustan a cualquier trabajador aeronáutico pero, para que no queden dudas, aclara que Aerolíneas Argentinas y Austral no están ajenas a este escenario, pero sostiene que las pérdidas del año 2019, 680 millones de dólares, fueron producto de las malas decisiones del gobierno anterior. La historia de siempre, la culpa es de la gestión que se fue (ver La maldición de Aerolíneas Argentinas).

Para reforzar la idea, dice claramente que no hay ninguna perspectiva de mejora y que las pérdidas de este año serán mayores y serán cubiertas, en parte, con aumento de la deuda con proveedores e instituciones financieras y en su gran mayoría con aportes del tesoro nacional.
A esta altura de la carta, cualquier empleado de una empresa normal se siente intranquilo, pero la idea se intensifica diciendo que el esfuerzo que el Estado realiza para sostener la compañía está al borde de ser imposible, porque la sociedad demanda ayuda estatal para sobrevivir ante esta pandemia, y potencia el concepto agregando que el Estado invierte en su aerolínea de bandera porque ésta genera beneficios económicos y sociales que multiplican la inversión realizada, pero, ante una crisis tan profunda, aún las inversiones beneficiosas se ajustan a prioridades. Hoy, la salud pública, la mitigación de la pobreza y la atención a los vulnerables son una prioridad indiscutible.
Los empleados de Aerolíneas Argentinas, hasta ahora, creían (¿sabían?) que su empresa era indestructible y que el Estado la iba a solventar pasara lo que pasara. Siempre había sido así, pero este párrafo les está diciendo que no seguirá siendo así. Es muy duro y muy claro.
Lo que vendrá
El documento continúa diciendo que en este contexto, resulta necesario que la compañía opere con su máxima eficiencia, aclarando que en algunas áreas eso se ha alcanzado y en otras aún se conservan ineficiencias e improductividades estructurales arrastradas durante muchísimos años que deben ser atacadas para operar con la eficiencia general de la industria y adoptar sus mejores prácticas, añadiendo que se trata de un deber moral de todos nosotros.
Es un párrafo durísimo para la tradición peronista. El presidente de la empresa reconoce que hay ineficiencias e improductividades que deben ser atacadas con la eficiencia general de la industria y sus mejores prácticas. Es algo de lo que nunca se habla en las empresas del Estado, y se lo plantea como un deber moral de todos.
Inmediatamente anuncia las tres decisiones concretas que comentamos antes.
Justifica la fusión de Aerolíneas Argentinas y Austral diciendo que la duplicación de estructuras y procesos no tienen razón de ser y que todo el grupo tiene que trabajar bajo las mismas reglas operacionales para tener mayor racionalidad operativa y un crecimiento más ordenado, pensado en función de las necesidades del mercado, y no de las necesidades de nuestra propia estructura, toda una novedad para una conducción peronista.
Para tranquilizar los ánimos aclara que será necesario diseñar un proceso de unificación de escalafones, preservando el derecho de los trabajadores involucrados.

Sobre la unidad de negocios de mantenimiento, aclara que si bien se encontrará dentro de la empresa funcionará con una lógica independiente de la línea aérea y prestará servicios a la línea aérea y a terceros, con su propio plan de negocios y objetivos de facturación, lo que requerirá reordenar la fuerza laboral, redistribuir los turnos e integrar los grupos de trabajo para cumplir con los tiempos de parada de avión que requiere la industria a nivel internacional. Otro tema con enormes implicaciones a nivel de los convenios colectivos de trabajo y con el condimento de generar una competencia con otra empresa del Estado, Fadea, que ya está vendiendo esos servicios.
Como si Aerolíneas Argentina y Austral hubieran sido fundadas en diciembre del año pasado y nunca hubiera transportado cargas, plantea que la nueva unidad de negocios de carga aprovechará la experiencia de las recientes operaciones a Shangai, aclarando que esto también requerirá modificar convenios laborales. No está de más recordar que en las operaciones mencionadas no hubo ningún esfuerzo de comercialización ni de consolidación de cargas porque fueron vuelos contratados a partir de la iniciativa de un solo cliente, el Estado.
Ni Macri se hubiera animado a decir ni siquiera una parte de lo que dice Ceriani hasta aquí, pero el funcionario refuerza su planteo diciendo, entre otras cosas, que las condiciones de trabajo de la empresa deberán adaptarse a los estándares de la industria, para competir en condiciones de igualdad con las compañías de la región, para lo que habrá que revisar las cláusulas de los convenios que quedaron obsoletas e impiden tener una operación eficiente, y que con estas medidas se crearán las bases de productividad y eficiencia necesarias para un crecimiento sólido y sustentable.

Cómo llegamos aquí
La última parte de la carta es una suerte de análisis histórico del devenir del grupo empresario, que empieza diciendo que Aerolíneas Argentinas y Austral tienen una historia traumática, con privatización y vaciamiento, enfrentamientos intersindicales y un colectivo de trabajadores que ha recurrido a distintas estrategias de supervivencia en una compañía sin rumbo.
Levanta la bandera de la decisión política de un gobierno que creyó, en 2008, en la necesidad de contar con una línea aérea de bandera y desarrolló un plan de rescate a partir de la estatización, sostuvo miles de puesto de trabajo y continuó con un proceso de capitalización e inversión sin precedentes, aunque aclara que por aquel entonces, la relación con los gremios no fue un lecho de rosas, con desconfianzas mutuas, divisiones y enfrentamientos internos de los sindicatos que generaron diversos conflictos. Fue un proceso de avances y retrocesos, pero con un balance general positivo, aunque no se resolvieron cierta improductividad estructural y algunos conflictos internos.
Reitera la tradicional crítica a la administración de Macri, a la que acusa de tener el objetivo de entregarle a la competencia la participación en el mercado de Aerolíneas/Austral y no haber solucionado ninguno de los problemas de fondo, manteniendo la improductividad estructural y empeorando los números.
La arenga final dice que la aerolínea de bandera es una herramienta fundamental de desarrollo económico, social y cultural del país, que su gestión es la continuidad de la del kirchnerismo, y que va a completar la tarea. Que tiene un plan de grandeza, de crecimiento y transformación de la compañía, pero que ese crecimiento y desarrollo sólo puede materializarse sobre un esquema de trabajo eficiente y sustentable.
Añade, que las compañías que no se adaptan a las necesidades de sus tiempos desaparecen, y que seguramente, ése será el destino de Aerolíneas Argentinas si no está a la altura de la circunstancia. Un miedito más para los trabajadores.
Independientemente de la carta, la compañía hizo trascender algunos números sobre los ahorros y los beneficios económicos que se lograrían con las nuevas medidas, pero sin fundamentarlos.

A modo de conclusión
Con buenos modales y pocos eufemismos, esta carta dice lo que nadie se había animado a decir hasta ahora: el grupo Aerolíneas/Austral arrastra desde hace mucho profundas ineficiencias estructurales y conflictos internos que le impiden competir en el mercado en el que le toca actuar. El gobierno no dudó nunca en sostenerla, pero ahora, con la pandemia, las posibilidades materiales no están, y la empresa tendrá que encontrar el modo de sostenerse.
Para cualquier empleado público, esta carta —aunque no habla en ningún momento de despidos— genera pánico, por la sencilla razón de que rompe con todas las normas implícitas de su relación laboral tradicional. En un momento normal, la respuesta hubiera sido violenta peros con los vuelos suspendidos, la huelga no sirve como herramienta de presión. Ceriani lo sabe.
En este marco, la fusión con Austral, es “fulbito pa’ la tribuna”. La cuestión es otra, y hay que reconocer que la empresa con esto logró distraer a la opinión pública.
Una última cuestión. Ceriani no puede haber mandado una carta como ésta sin consultar con alguien que, dadas las circunstancias, no fue el Ministro de Transportes. ¿Quién manda en Aerolíneas/Austral?