
En su mensaje al congreso del 1º de marzo de 2014 la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, quizás sin haberlo meditado, planteó descarnadamente la discusión teórica sobre la función de las empresas del Estado y su necesidad, y lo hizo específicamente refiriéndose a Aerolíneas Argentinas. Sus palabras exactas fueron:
… ustedes mismos –porque son legisladores, la mayoría, del país profundo– viajan, seguramente. A no ser que alguno viaje en LAN, la competencia. Pero estoy segura de que no; que deben viajar como buenos argentinos en Aerolíneas Argentinas…
El razonamiento es sencillo, los “buenos argentinos” viajas por Aerolíneas Argentinas, lo que significa que hay un compromiso de éstos con la empresa. Por extensión se sugiere que volar por LAN es de “malos argentinos”, lo que complica aún más el razonamiento.

El concepto de empresas estatales para asegurar los servicios públicos se generalizó cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, cuando las concepciones estratégicas del mundo eran muy distintas de las actuales y, fundamentalmente, no había capitales para emprender esos empeños.
Así fue que todos se lanzaron a crear organismos estatales a ese fin. Entre nosotros la Constitución de 1949 (hace 65 años) apoyó la idea. Pasó más de medio siglo, y las cosas cambiaron.
En primer lugar, hay capitales privados que pueden hacerse cargo de los servicios. Sólo es necesario hacer una buena legislación reglamentaria, de la que hay varios ejemplos en el mundo, y ofrecer un mercado atractivo, que Argentina tiene.
En segundo término, la estrategia mundial es otra. Los aviones están sobreofertados, los pilotos civiles ya no son la reserva de la Nación y el personal especializado, que antes era difícil de formar y conseguir, hoy se consigue en internet.
Así las cosas, los estados sensatos se han sacado de encima la prestación de la mayoría de los servicios públicos, en todo el mundo. Existe, es verdad, la necesidad de apuntalar algunos en casos puntuales, pero no es la regla, y también todos lo hacen.
Por eso, no creo que para ser buen argentino haya que volar por la empresa oficial. Los argentinos ya somos lo suficientemente adultos para elegir lo que más nos conviene. Tampoco es de una buena administración tener una empresa oficial, porque la inversión es más necesaria, indispensable a veces, en otros temas.