Los escritos de Güiraldes (2/4): La política

Güiraldes en 1965 (imagen Confirmado).

Terminado su servicio activo en la Fuerza Aérea Güiraldes fue presidente de Aerolíneas Argentinas, donde incrementó su relación con el presidente Frondizi, con el que colaboró en varios temas vinculados con la aviación, pero a partir de 1961 se dedicó de lleno a la política.

La política

En agosto de 1961 Abrahin cesó como secretario de Aeronáutica, sin haber logrado poner orden en el transporte aéreo, y esto ayudó a que el presidente Frondizi llamara discretamente a Güiraldes para que colaborara en la redacción de una nueva legislación en materia aerocomercial, que fueron los decretos 10.632/61, relativo al reordenamiento de los servicios, y  el 10.633/61, sobre la infraestructura.

De cara a las elecciones legislativas de 1962, en las que se permitió la participación del peronismo, Frondizi designó a Güiraldes como candidato extrapartidario a diputado por la provincia de Buenos Aires. En su campaña sostuvo que todos los sectores de la línea nacional coincidían en tener como único adversario “a los que siguen aferrados a viejas concepciones de malentendida tradición y a los devotos de esquemas sociales y económicos desaparecidos”.

Con su lógica de siempre, que sacaba conclusiones exclusivamente de sus opiniones, sostuvo que “la línea nacional no puede tener enemigos dentro de la nación” y dijo que “la única forma para que la Argentina afirme su esencia nacional y se mantenga fiel a su espíritu cristiano está dada por la prosecución y el éxito de la política de reencuentro de que somos protagonistas y que propiciamos”. Sin nombrar a los peronistas, estaba planteando claramente la necesidad de incluirlos en el funcionamiento del país.

El 18 de marzo de 1962 el peronismo se impuso en casi todo el país, situación que resultó intolerable para los militares, que el 29 destituyeron y encarcelaron al presidente. Las elecciones, en la que Güiraldes había ganado una banca, se anularon. Asumió como presidente José María Guido, vicepresidente de la Cámara de Senadores.

El Frente Nacional

Güiraldes, en un claro gesto tendiente a mantener el protagonismo político, publicó en abril de 1962 un nuevo fascículo, titulado El sentido de mi candidatura, las elecciones del 18 de marzo y nuestra posición frente a la crisis, en el que recopiló diversos escritos —propios y de sus partidarios— producidos durante la campaña. Si comparamos esta publicación con las anteriores veremos la novedad de que en los títulos no hay ninguna alusión a su grado militar ni a su condición de ex presidente de Aerolíneas, una fórmula que se mantendrá hasta 1967.

En «El sentido de mi candidatura, las elecciones del 18 de marzo y nuestra posición frente a la crisis», Güiraldes recopiló diversos escritos —propios y de sus partidarios— producidos durante la campaña. (imagen Biblioteca Nacional de Aeronáutica).

El nuevo gobierno convocó a elecciones presidenciales, para mayo de 1963. A esta altura Güiraldes ya estaba convertido en un político muy activo, que mantenía su vieja costumbre de salir a la palestra cada vez que lo consideraba necesario, mediante declaraciones, conferencias de prensa y publicaciones. El 14 de julio, dio a conocer una declaración titulada Plan político y realidad nacional y, el 21 de julio, realizó una exposición ante la prensa en la que declaró que creía firmemente que esa salida no podía ser sino electoral y “frentista”.

El 1º de agosto anunció los Puntos mínimos para un programa de coincidencia nacional, que serían la base del programa del frente que estaba próximo a lanzar. No eran novedosos, pero ahora estaban enunciados ordenadamente.

El 20 de septiembre de 1962 diversas unidades militares se declararon en rebeldía, iniciándose la parte caliente del enfrentamiento que se conoció como entre azules y colorados, tras el cual se allanó el camino hacia comicios sin prescripciones, o eso se pensaba.

Güiraldes emitió un nuevo comunicado, el 27 de septiembre de 1962, titulado Ahora le toca a la ciudadanía, lo que coincidió con el lanzamiento del Frente Nacional, una idea presumiblemente suya, que básicamente consistía en el apoyo de los partidos adheridos a una candidatura presidencial única, quedando éstos en libertad para presentar sus listas de legisladores.

En este panorama Güiraldes decidió salir a hacer promoción del frente, y lo hizo en todo el país, en una gira que se desarrolló en diez salidas entre el 20 de octubre y el 24 de enero de 1963. La recopilación de todos sus discursos, como no podía haber sido de otro modo, se publicó como fascículo con el título El Frente Nacional. Aunque Güiraldes nunca lo dijo, detrás del Frente estaba Frondizi, que el 29 de noviembre de 1962 lo recibió en su prisión de la isla Martín García, pero no trascendió lo conversado allí.

«El Frente Nacional» (imagen colección PLP).

Güiraldes hizo una especie de presentación en sociedad del Frente para el gran público, que fue una larga carta al director de la revista Primera Plana, en aquel entonces la publicación política más prestigiosa del país, que fue publicada en toda su extensión. Es interesante el hecho de que Güiraldes, así como en sus tiempos militares se acercó a los medios de comunicación de la Fuerza Aérea, ahora tenía una fuerte relación con Jacobo Timerman, director Primera Plana.

Güiraldes en la tapa de Primera Plana del 12 de febrero de 1963, presentado como referente del frente nacional (imagen Biblioteca del Congreso).

También tuvo algunas apariciones en radio y televisión promocionando el Frente.

Promoción de una actuación televisiva de Güiraldes (imagen La Razón, 7 de marzo de 1963).

En la noche del 3 al 4 de mayo se firmó  el documento constitutivo del Frente. Poco después se definieron como candidatos Vicente Solano Lima y Carlos Sylvestre Begnis, de la Unión Popular, una fachada del peronismo.

Pero el 17 de mayo el gobierno decretó que la Unión Popular no podría presentar candidatos y el proyecto naufragó. En las elecciones triunfó Arturo Illia, de la UCR, con un 25% de los votos.

Después de los comicios Güiraldes preparó un plan de acción en cinco etapas, que se publicó en Primera Plana, que se extendía hasta las elecciones presidenciales de 1969.

El golpista

Después de la asunción de Illia la posición de Güiraldes se fue haciendo cada vez más opositora al gobierno radical, aunque todavía pensaba en el frente nacional como herramienta para organizar el país. A principios de 1964 ya hablaba abiertamente de la necesidad de que Illia renunciara y, en junio, en una conferencia pronunciada en la universidad de Córdoba planteó que “la Argentina no ha conseguido construir un gobierno legítimo”, concluyendo en que “una vez más, como en los tiempos de la emancipación, la unificación del país o la conquista del desierto, les corresponde (a las fuerzas armadas) asumir una iniciativa. No importa la forma que esa iniciativa asuma, el procedimiento a que recurra. De lo que se trata es de preservar sus fines y objetivos, que son los del desarrollo”.

Este párrafo, en el que asigna a los militares una suerte de calidad suprainstitucional lo acerca claramente a las ideas que desde hacía algún tiempo estaba divulgando Jordán Bruno Genta en las fuerzas armadas y que estaban deslumbrando a la Fuerza Aérea en particular.

Timerman se desvinculó de Primera Plana en julio de 1964, tras lo cual creó otra revista que se llamó Confirmado, que apareció el 7 de mayo de 1965, y que también era opositora. Uno de los principales capitalistas del emprendimiento fue William Reynal, en ese momento accionista importante de Aerotransportes Litoral Argentino (ALA) una de las empresas contra las que Güiraldes había luchado y lucharía en el futuro. El principal objetivo indisimulado del nuevo semanario fue derrocar al gobierno de Illia y poner en su lugar uno militar.

Los chistes opositores al gobierno de Illia, de Lino Palacio en Primera Plana y de Garaycochea en Confirmado, tuvieron una gran repercusión (imagen Confirmado, 2 de junio de 1966).

A mediados de 1965 Güiraldes, en una de sus tantas conferencias dijo “que la modernización del país implica muchos cambios de actitudes. Casi podría decir que hay una sola fórmula que expresa la necesidad de transformación que reclama la Argentina: eficiencia. Aquí hay que hacer una revolución de los eficientes”. Pero deslizó la teoría de que para lograr la eficiencia, se puede prescindir de algunos mecanismos, siempre que la realización dé un salto para adelante que lo justifique rematando el concepto diciendo que la comunidad “pasará por encima de cualquier formalidad para que el país que quiere ser se vea concretado en los hechos”. De aquí a reclamar un golpe la distancia es evidentemente mínima, y justo es reconocer que era un tema del que la calle hablaba permanentemente.

El 26 de agosto de 1965 Confirmado publicó un extenso reportaje titulado La revolución que anuncia Güiraldes, que fue presentado por la revista como un “juego de la verdad” con un político independiente, en el que se habló claramente de un golpe militar y la posibilidad de que lo encabezara el general Onganía.[1]

Güiraldes anunciando una revolución en la tapa de Confirmado del 26 de agosto de 1965 (imagen Biblioteca del Congreso).

Tres meses después de este reportaje, el 9 de diciembre de 1965 Timerman cedió la dirección de la revista a Güiraldes. Fue algo más formal que real, porque el poder siguió en manos del viejo periodista, que continuó en el staff como editor. Dentro del grupo actuaba como jefe de redacción Horacio Verbitsky, que por aquel entonces tenía poco más de veinte años.

El 17 de marzo de 1966 Confirmado publicó dos artículos, sin firma, uno transcribía un documento elaborado por el Estado Mayor del Ejército donde se detallaban las inquietudes del Ejército sobre la situación del país, y el otro cuestionaba abiertamente al brigadier Romanelli —jefe de la Fuerza Aérea— y se hacía eco de un fuerte malestar en el arma.

No está claro cuál de los dos fue el desencadenante, pero como respuesta la Fuerza Aérea impuso a Güiraldes un arresto domiciliario de quince días. El afectado acató la medida, pero la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA) emitió una declaración sosteniendo que no podía “silenciar su impresión ante el episodio que ha llevado a la imposición de un castigo de orden militar, por su actividad periodística a un alto jefe retirado de la Aeronáutica”. Confirmado, también condenó el hecho.

Cuando la revista cumplió un año de vida Güiraldes firmó un artículo en el que resaltaba su fe en el país y su gran destino, recalcando que en eso coincidía con el general Onganía. Después de esto, no cupo ninguna duda de que el autor y su revista estaban en el golpe de Onganía y que, como siempre, se sentía el dueño de la verdad.

El 28 de junio de 1966 Illia fue finalmente derrocado por un golpe militar encabezado por el general Onganía, con lo que finalizó la misión de Güiraldes que, por lo tanto, optó por renunciar a la dirección de Confirmado, que volvió a manos de su amigo Timerman.

En una carta dirigida a éste, sostuvo que había aceptado la dirección de la revista “para colaborar en una gran tarea de esclarecimiento nacional, agregando que “Confirmado fue para mí la ocasión de contribuir con todas mis fuerzas a que el país tuviera conciencia del pantano en que lo sumía el agonizante sistema demoliberal, del abismo a que lo empujaban las viejas mentalidades facciosas y del porvenir grande que nos esperaba, si todas las energías nacionales se concentraban con sentido generoso y moderno detrás de altos objetivos comunes”.

Los años de la revolución argentina

Cuando asumió Onganía Güiraldes dejó Confirmado, con la satisfacción de la misión cumplida. Tenía 49 años de edad. Durante toda su vida había tenido una alta exposición pública, que casi siempre había buscado, pero también había sabido desaparecer en algunos momentos. Seguramente hubiera podido lograr un cargo importante en el gobierno, pero prefirió mantenerse a un lado.

En lo que hace a su prédica aeronáutica, otrora muy activa, parecía haber sido abandonada en 1962 para dedicarse a la política.

En el gobierno de Onganía convivieron dos corrientes, la nacionalista católica, con la que presumiblemente se identificaba Güiraldes, y la liberal. En materia de transporte aéreo la política apuntó al crecimiento, sin preocuparse demasiado por la discusión entre la empresa estatal y la privada, ni por la legitimidad de los subsidios, porque la gran decisión fue fomentar el turismo con políticas activas que beneficiaron objetivamente a Aerolíneas y a las empresas privadas.

Para Güiraldes, el desarrollo de éstas era un ataque a Aerolíneas Argentinas, que a su juicio era la única herramienta válida para ejercer el poder aéreo, y resolvió denunciar la situación  en una conferencia de prensa que convocó para del 5 de julio de 1967, en el Hotel Nogaró, que tituló El caso Aerolíneas Argentinas como caso nacional. Habló —dijo— en su carácter de oficial superior en retiro de la Fuerza Aérea, invocando un deber con la institución en que se había formado, “a cuya acción se debe el noventa por ciento del impulso que recibió nuestra aeronavegación comercial, y que tiene una conciencia nacional clara y coherente sobre el tema”.

El caso Aerolíneas Argentinas como caso nacional es el resumen de una conferencia de prensa que Güiraldes convocó para del 5 de julio de 1967, en el Hotel Nogaró, y habló en su carácter de oficial superior en retiro de la Fuerza Aérea, o sea, por su cuenta y riesgo (imagen Biblioteca Nacional de Aeronáutica).

Siguió diciendo que la empresa era una parte de nuestro poder aéreo que, junto con una Fuerza Aérea eficiente, integraba una perspectiva a la que el país no debía renunciar para “preservar uno de los elementos fundamentales de su grandeza: fabricar aviones en el marco de la ALALC para una futura gran unión de transportadores aéreos latinoamericanos, una Pan American del sur al norte”.

Agregó, dramáticamente, que había que «preservar nuestro derecho a volar, nuestro derecho a usufructuar el mercado aéreo en lo que nos corresponde”. Siguió diciendo que se hablaba mucho de la necesidad de entregar a manos privadas nuestra aviación comercial bajo “el eterno pretexto de la economicidad y la eficiencia”, olvidando la “enorme capitalización financiera, técnica y humana de Aerolíneas”.

Seguidamente señaló que “se esconden varios factores sobre los cuales conviene hablar bien claro, que constituyen atentados al interés nacional y a la moral social, y que son: el interés por apoderarse a un precio irrisorio de ese inmenso capital producto de largos años de esfuerzo; el interés por conquistar nuestro mercado, en constante aumento; el interés de grandes compañías mundiales por desprenderse del material que el progreso vertiginoso ha obligado a desechar, y el interés de un conjunto de personajes que aún deambulan por la escena nacional».

El remate, fue un ataque a la asociación de ALA y Austral con Pan American, que había convertido a los operadores argentinos en sus “vasallos”. De modo dramático declaró: “no cabe duda entonces, lo afirmo rotundamente, que dichas compañías no son nada más que una máscara de la gigantesca y monopólica Pan American Airways, que desea penetrar en nuestro mercado y regular hasta nuestro turismo”.[2]

El mensaje era muy parecido al tradicional que venía escribiendo desde sus años de la Fuerza Aérea, con una dosis mayor de dramatismo. Pero lo que Güiraldes no concebía era que lo que había sido modernidad a fines de la Segunda Guerra Mundial y había justificado la creación de Aerolíneas Argentinas en los términos en que se había hecho, había evolucionado y cambiado. Además, en este discurso hay algunos errores de información sobre lo que estaba pasando. El principal de ellos es que Austral no estaba incorporando material de descarte sino jets más modernos que los Caravelle de Aerolíneas Argentinas.

Güiraldes, en 1967 planteaba, en tono de denuncia, que las empresas privadas argentinas se estaban equipando con aviones desechados por las grandes compañías mundiales, cuando la realidad era que estaban incorporando aviones nuevos, como este BAC-111, tecnológicamente superiores a los Caravelle de Aerolíneas (imagen Facebook).

Hace hincapié en las viejas cuestiones del derecho a volar, la fabricación de aviones (ahora en el marco de la ALALC) y la penetración de Pan American a América Latina. Ninguno de esos temas se podía tratar en 1967 como en 1945 y, por ello, el discurso de Güiraldes peca de antiguo.

También queda aquí en evidencia su viejo conflicto personal con sus superiores y con la posición de la Fuerza Aérea. Al principio de la conferencia sostuvo que hablaba en su carácter de oficial superior en retiro de la Fuerza Aérea, invocando un deber con la institución en que se había formado, pero la realidad de la hora era que la cúpula de la institución pensaba distinto, algo que Güiraldes nunca pudo soportar.

En síntesis, en esta insólita actuación —no era habitual que un oficial retirado llamara a una conferencia de prensa para dar opiniones políticas de este tipo y repartiera luego un fascículo sobre el tema— Güiraldes volvió a presentarse como el referente y el dueño de la verdad en materia de política aerocomercial, una posición que a lo largo de su vida reclamó muchas veces, con diversos grados de éxito según los momentos y los auditorios.

Dos meses después, el 13 de septiembre de 1967, Güiraldes volvió a la tribuna, esta vez invitado por los pilotos de Caravelle de Aerolíneas Argentinas. Más o menos repitió los conceptos ya vertidos en los últimos tiempos, pero en el debate que hubo luego de la conferencia mostró que estaba en un callejón sin salida: creía que Aerolíneas Argentinas, como parte del poder aéreo indivisible, debía ser manejada por la Fuerza Aérea pero, al mismo tiempo, también pensaba que cierta modernización del arma exigiría que sus mandos se abocaran a su función profesional y dejaran de lado cuestiones empresarias como la línea aérea, y que ésta, además, debía convertirse en una empresa autárquica. “Sentía” que los miembros del arma eran los más capacitados para dirigir la empresa pero también veía que muchos “camaradas en actividad que se han dejado convencer por los cantos de serena de tantas inexactitudes dichas desde las llamadas empresas privadas de aeronavegación…”. No tenía una respuesta para esto, y sus dichos, entonces, eran contradictorios. Por ejemplo, criticó fuertemente a la conducción de Aerolíneas Argentinas, entonces a cargo de un brigadier, reclamando que fuera transferida a la Fuerza, y dijo que la empresa no recibía recursos, en un momento en el que estaba comprando los Boeing 707.[3]

Güiraldes en 1967, cuando Aerolíneas estaba incorporando los Boeing 707, sostenía que la empresa no estaba recibiendo recursos (imagen Aerolíneas Argentinas).

Güiraldes siguió intrigando y dio abundante letra a la prensa sobre su posición pero no hizo más ataques frontales con su firma. La cúpula de la Fuerza, aunque a él no le gustara, apoyaba a las empresas privadas y creía que podían convivir con Aerolíneas Argentinas, a la que nadie pensaba en cerrar o privatizar. La idea más fuerte que circulaba en este sentido era privatizar solamente los talleres, pero era una idea marginal.

Después de muchas discusiones, en agosto de 1968, Aerolíneas Argentinas, sin cambiar su estructura jurídica, y la Dirección Nacional de Transporte Aerocomercial pasaron a depender de la Secretaría de Transportes, perdiendo su jurisdicción militar. Güiraldes había perdido otra batalla de su guerra personal.


NOTAS:

[1] Muchos años después Güiraldes reconocería a la biógrafa de Timerman Graciela Mochkofsky que fue un reportaje armado.

[2] Pan American tuvo una participación en ALA y Austral del 25%, que fue vendida a directivos y personal de la Austral Líneas Aéreas cuando ambas se fusionaron en 1971. Nunca designó directores ni influyó de modo notable en los destinos de las empresas.

[3] Definir quiénes eran los más capacitados para conducir Aerolíneas o cualquier otra línea aérea privada o estatal en la Argentina de aquel entonces era complicado, y carecía de respuesta. El problema fundamental era que los candidatos integraban diversas corporaciones que presumiblemente conocían parte del tema, pero ninguno tenía una formación específica completa. Los pilotos sabían manejar aviones; el personal de carrera tenía conocimientos prácticos pero carecía de bases teóricas, los ingenieros, que podían argumentar que existía la “ingeniería aeronáutica”, estaban formados hacia la industria y la aeronavegabilidad y no hacia la administración y los abogados especialistas en derecho aeronáutico, que eran pocos, tampoco tenían kilates administrativos. En este marco, los oficiales de la Fuerza Aérea eran, para gran parte del imaginario nacional, quienes mejor conocían el tema.

Cuando se fundó Aerolíneas Argentinas, en 1950, su primer administrador general fue un piloto, que fue seguido por civiles hasta la asunción de Güiraldes, en 1958. Desde entonces, hasta la llegada de Alfonsín, en 1983, fueron todos oficiales de la Fuerza Aérea.


 

3 comentarios sobre “Los escritos de Güiraldes (2/4): La política

  1. Lo mismo ahora. Para operar loos vuelos de largo alcance a los Estados Unidos y a Europa los A330-200 son viejos y anticuados, Aerolineas tiene que conseguir B-787 o A350 o por lo menos A330neo.
    No necesita los A330-200 para los vuelos regionales, los MAX son mas apropiados. Y por supuesto no puede justificar tener 10 unidades de ellos.

  2. La compra de los Comet 4C fue un mal negocio. Tenia que competir con aviones contemporarios mas grandes, mas rapidos y con mayor alcance (B-707 y DC-8)

  3. DURANTE SU GESTI{ON COMO PRESIDENTE DE ARSA, COMPRÓ LOS «COMET IV».- FUE UNO DE LOS MEJORES PRESIDENTES DE LA EMPRESA

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