Los radares argentinos

Radar Primario Argentino (RPA) y Radar Secundario Monopulso Argentino (RSMA) fotografiados en Morón en 2014, durante su fase de prueba. A la izquierda el shelter de control (foto Pablo Luciano Potenze).

Argentina comenzó a instalar radares —como sistema asociado a la defensa— a principios de la década de 1950. La Fuerza Aérea fue la responsable del dispositivo, que incluyó el despliegue de siete equipos Raytheon SCR-588B formando una línea que cubría el litoral del país, desde Entre Ríos hasta Mar del Plata. En 1952 se creó el grupo de Grupo 1 de Vigilancia Aérea, actualmente conocido como Grupo de Vigilancia y Control del Espacio Aéreo (VYCEA), con asiento en Merlo. El sistema estuvo completo alrededor de 1958.

Todo esto estuvo asociado con la puesta en servicio de los Gloster Meteor. Se consideraba que la ciudad de Buenos Aires era, para cualquier agresor, el objetivo más importante del país, y se ideó un sistema de alerta temprana (los radares), asociado con cazas interceptores de alto desempeño, como eran los reactores ingleses, siempre listos para actuar ante cualquier amenaza.

Los Gloster Meteor, comprados en 1947, estuvieron muy relacionados con los primeros planes de defensa de la ciudad de Buenos Aires a partir de información provista por radares. Este ejemplar está expuesto en el patio del Centro de Vigilancia y Control Aeroespacial de la Fuerza Aérea, ubicado en Merlo, junto con los primeros radares que operó la Fuerza Aérea (foto Pablo Luciano Potenze).

Durante los años sesenta se decidió reemplazar este sistema por un único radar de mayores prestaciones, que se instaló en Merlo, donde se construyó un centro de información y control que funcionaría en un bunker enterrado, que popularmente fue conocido como “el pozo”. Cuando Los Mirage reemplazaron a los Gloster en la misión de defender la ciudad, también se cambió el radar, esta vez por un Bendix BPS-1000, mucho más adelantado.

Bendix BPS-1000 montado en Merlo, fotografiado en 2014, poco antes de ser desmontado. Posteriormente la torre fue reforzada con una estructura metálica para instalar un RPA asociado a un RSMA (foto Pablo Luciano Potenze).

Más o menos para esa época se instaló en Ezeiza un Radar Thompson CSF para el control del tránsito aéreo civil. El criterio general fue entonces tener separados los sectores civil y militar, pero siempre existió la posibilidad de que en caso de emergencia uno sirviera de reserva del otro.

Los proyectos frustrados

A fines de los años setenta la Fuerza Aérea decidió encarar un programa para lograr la cobertura radar de casi todo el país, que se llamó SICEA (Sistema Integrado de Control del Espacio Aéreo). Era un proyecto muy ambicioso, que, en razón de su inmensa área de cobertura, requería de sistemas de comunicaciones importantes que significarían una red paralela a la que ENTel (la antigua Empresa Nacional de Telecomunicaciones) tenía en el país.

El trabajo se adjudicó a una empresa norteamericana, pero el alto costo del proyecto, sumado a las consecuencias políticas de la guerra de Malvinas hicieron abortar el plan.

La idea de renovar los radares se reavivó en 1996, cuando un decreto de Menem impulsó el Plan Nacional de Radarización, un proyecto que involucraba la cobertura total del país con sistemas civiles y militares. El valor estimado de la inversión era del orden de 185 millones de dólares.

Era un momento muy particular. Aerolíneas/Austral, privatizada poco atrás, estaba en franca decadencia y, además de los radares, se discutían la privatización de los aeropuertos, la aeroisla, la venta clandestina de armas y los negocios de Yabrán, todos emprendimientos de alto valor, que daban lugar a todo tipo de disputas políticas, empresarias y personales. Por supuesto, la corrupción no estaba ausente.

Fue un caso rarísimo. Hubo una licitación en la que se presentaron cuatro propuestas, pero luego de una seguidilla de impugnaciones y asociaciones entre los oferentes en sus países de origen, fue imposible adjudicar, y todo volvió a fojas cero a fines de 2000.

INVAP

INVAP (Investigaciones Aplicadas) es una sociedad del Estado creada en 1976 a partir de un convenio firmado entre la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y el Gobierno de la Provincia de Río Negro. Su Sede Central está en Bariloche y la provincia es propietaria de todo su capital.

Vista parcial de las instalaciones de INVAP en Bariloche (foto Pablo Luciano Potenze).

El objetivo propuesto fue el diseño y construcción de sistemas tecnológicos complejos, siendo sus principales campos de acción el nuclear, espacial, gobierno, defensa, energías alternativas y servicios tecnológicos. Sus primeras actividades estuvieron en el campo nuclear, como proveedor y “brazo ejecutor” de la CNEA. Con la experiencia adquirida fueron surgiendo diversos proyectos industriales y de investigación, que incluyeron el diseño y fabricación de reactores nucleares y, sobre todo, la exportación de los mismos a Egipto, Perú, Australia y otros países.

INVAP funciona dentro de la ley 19.950 de sociedades comerciales. Tiene un directorio, que no es ejecutivo y una línea ejecutiva que es la que mueve la empresa. El directorio está formado por dos representantes de la CNEA, cuatro de la provincia de Río Negro y uno del personal. No hay sindicato, pero el personal está agrupado en la Asociación de Tenedores de Bonos, un organismo de tipo mutual, que elige un miembro del directorio cada dos años.

La empresa no tiene ningún tipo de exenciones impositivas y se financia en fuentes públicas y privadas. Fue la primera sociedad del estado que emitió obligaciones negociables, en 2009, lo que la obligó a tener balances trimestrales con normas internacionales (Aerolíneas Argentinas, ¿dónde estás?).

La provincia de Río Negro no retira utilidades, por lo que las ganancias, cuando las hay, se reinvierten en la empresa y una parte se reparte en partes iguales entre todos los trabajadores, como bono de participación.

Del espacio a los radares

Las actividades espaciales de INVAP comenzaron en 1989, con el proyecto SAC-B de la CONAE, el primer satélite argentino de aplicaciones científicas, al que siguieron los SAC-A y SAC-C.

El siguiente proyecto se denomina SAOCOM, y consiste en satélites de observación terrestre por medio de exploración radar, que tienen muchas más posibilidades que la tradicional observación óptica. Se estima que el primer lanzamiento se hará sobre fines de este año.

Maqueta del SAOCOM-1 en la sede de INVAP (foto Pablo Luciano Potenze).

A partir de la experiencia adquirida en el diseño de radares para este satélite, la empresa comenzó a desarrollar un área específica para aplicaciones terrestres de los radares. El primer fruto de esta decisión fue el proyecto Radar Secundario Monopulso Argentino (RSMA), denominado Inkan.

Un radar secundario es un equipo utilizado en control del tránsito aéreo, que entra en contacto con una aeronave y la interroga sobre su identidad. Si ésta está equipada con un transponder adecuado (cuyo uso es obligatorio) se produce una respuesta automática que permite al controlador realizar su tarea con la precisión necesaria. No es apto para usos militares ni de defensa, porque requiere la colaboración de las aeronaves, algo que no ocurre cuando son hostiles.

Radar Secundario Monopulso Argentino instalado en el aeropuerto de Posadas (foto Pablo Luciano Potenze, 2012).

Durante los años que siguieron a la frustración de la última licitación de radares la Argentina vivió una verdadera emergencia en la materia, que trascendió el ámbito oficial para instalarse en la opinión pública, a partir del innegable crecimiento del tráfico de estupefacientes por vía aérea en la frontera norte, y algunos problemas que afectaron al normal desarrollo del tránsito aéreo, sobre todo, en el área de Buenos Aires.

Ante la presión de la opinión pública y la evidencia de la necesidad de nuevos radares, llegaron al país, en calidad de préstamo o alquiler, diversos equipos que se instalaron sin formar una red, de modo totalmente inorgánico (ver Moderno radar apoya las operaciones de TMA BAIRES).

El ordenamiento del tema comenzó en octubre de 2004, con el decreto 1407, que se creó el Sistema Nacional de Vigilancia y Control Aeroespacial (SINVICA), que previó la integración de los radares de control de tránsito aéreo con los de vigilancia del espacio aéreo, en un sistema formado por radares, sistemas de procesamiento de la información, comunicaciones y aviones interceptores. La norma, además estableció que deberán utilizarse, en la medida de lo posible, “mano de obra técnica y capacidades de la industria nacional” en el desarrollo, fabricación, operación y mantenimiento del sistema.

La Fuerza Aérea había encomendado a INVAP la provisión de un RSMA en 2003, cuyo prototipo comenzó a probarse en 2005, en el aeropuerto de Bariloche, pero el SINVICA dio un impulso definitivo al proyecto, porque se agregaron otros dos contratos, a partir de fines de 2006, para la provisión de veintiún radares de este tipo, en dos series que ya han sido entregados e instalados.

Distribución geográfica de los radares primarios producidos por INVAP (figura INVAP).

Pero para tener un efectivo control del espacio aéreo es necesario disponer de una red de radares primarios, también llamados de tres dimensiones o 3D, capaces de ubicar aeronaves no identificadas en distancia, altura y azimut.

En 2005 INVAP comenzó a trabajar, a su costo, en el desarrollo de un ingenio de este tipo y, en 2008 el Ministerio de Defensa aprobó la fabricación de ocho radares primarios y sus equipos asociados, que incluyen shelter de equipos , shelter de comando (que puede ser remoto), torre, y sistemas de energía. El talón de Aquiles resultaron ser los sitios, a definir en conjunto con las provincias, que requieren una serie de obras complementarias (caminos, cercos, tendidos de energía) que se demoraron más de lo esperado.

El primer aparato fue bautizado Radar Primario Argentino (RPA) y su prototipo se instaló para una serie de pruebas en el aeropuerto de Morón en 2014, tras lo cual comenzó la fabricación de la serie.

Vista posterior del prototipo del RPA instalado para pruebas en Morón en agosto de 2014 (foto PLP).

Los primeros sistemas se instalaron en Formosa, Las Lomitas, Ingeniero Juárez, y San Pedro, en Misiones. El prototipo se reinstaló en Merlo en la sede central del grupo, donde también se dispuso el puesto central de control unificado, en el pozo. Con respecto a los sistemas restantes, está previsto montarlos en Mercedes (Corrientes), Pirané (Formosa) y Santiago del Estero (ver La vigilancia aeroespacial en Argentina).

El RPA es, mecánicamente, un radar modular transportable, aunque el INVAP lo entrega llave en mano. Todas sus partes se disponen en contenedores específicos, aptos para ser transportados por vía terrestre o en un avión de las dimensiones del Hercules. Podría desplegarse en cualquier sitio.

El soporte de antena y albergue de la etapa de potencia junto al carretón de transporte y el mismo dispositivo desplegado en el radar (foto Pablo Luciano Potenze).

Su alcance es del orden de los 400 kilómetros. Como radar de uso militar, tiene contramedidas electrónicas desarrolladas por INVAP con un código propio compartido con la Fuerza Aérea. La alimentación primaria es de red, con una UPS de emergencia y un grupo electrógeno de respaldo. El consumo total de la estación es de trece kilowatts, siendo el aire acondicionado el mayor requerimiento de energía.

La capacidad actual de fabricación es de dos sistemas completos por año. Está prevista la colocación de radomos de materiales compuestos en todas las instalaciones, fabricación que se encuentra en curso por parte de INVAP, a partir de proveedores externos.

Detalle del contenedor para el transporte de los elementos de antena (foto Pablo Luciano Potenze).

Durante el proceso de desarrollo del RPA se construyó un equipo formado por una antena de cuatro paneles (la normal tiene dieciséis) que fue utilizado para pruebas de evaluación. Este sistema demostró funcionar perfectamente, aunque con menores prestaciones debido a su tamaño y, lógicamente, menor costo. El dispositivo, bautizado RAME (Radar de alcance Mediano Experimental) fue desplegado en forma definitiva en la localidad de Tartagal.

Los radares meteorológicos

Con buena experiencia en tecnología radar, INVAP apuntó al desarrollo de radares meteorológicos, lo que se vio avalado por el lanzamiento del Sistema Nacional de Radares Meteorológicos (SINARAME), en 2011, que sería coordinado por la Secretaría de Recursos Hídricos de la Nación y operado por el Servicio Meteorológico Nacional.

Radares meteorológicos en proceso de prueba en las instalaciones de INVAP próximas al aeropuerto de Bariloche (foto Pablo Luciano Potenze).

 

La empresa completó un prototipo del Radar Meteorológico Argentino (RMA), que fue instalado en terrenos de la Universidad Nacional de Córdoba, en 2015. El primer radar operativo se colocó en Ezeiza, en terrenos del Instituto Nacional del Agua (INA).

En la actualidad están funcionando cuatro equipos y falta instalar seis, que ya están fabricados y se encuentran en proceso de pruebas. El sistema se completa con un centro de control, que está en Buenos Aires, en el predio del Servicio Meteorológico Nacional de la avenida Dorrego, detrás del Aeroparque.

Edificio de INVAP en el barrio Las Marías, en los alrededores de Bariloche, donde se realiza la integración y prueba de los radares meteorológicos (foto Pablo Luciano Potenze).

El programa SARA

El Sistema Aéreo Robótico Argentino (SARA) es un programa encarado en 2010 por el Ministerio de Defensa, para la ejecución de un sistema aéreo no tripulado para la vigilancia y control de espacios aéreos, terrestres y marítimos, consolidando las necesidades de las tres fuerzas armadas y las cuatro de seguridad.

Los objetivos incluían el desarrollo de aeronaves no tripuladas de diversas características, sensores, un radar de apertura sintética, estaciones terrenas de control y estaciones móviles. La tarea fue encomendada al INVAP, que comenzó el desarrollo y llegó a hacer volar una aeronave no tripulada de evaluación tecnológica, a la par que se lograron diversos grados de avance en otras áreas, pero el proyecto fue cancelado a mediados de 2016.

La ingeniera Micaela Rodrigo, responsable del área de radares (foto Pablo Luciano Potenze).

3 comentarios sobre “Los radares argentinos

  1. El lenguaje de la aviación usa el sistema imperial (no «inglés o de eua») de medidas, no el métrico. Por lo tanto es correcto se informe el alcance en millas y la altura en pies.

  2. Si, muy buen trabajo. Solo me llama la atención que los fabricantes argentinos de radares expresen en sus paginas los alcances y altitudes en millas y pies, cuando el sistema argentino es en kilómetros y metros. Para que todos entiendan de que se habla y que alcances reales tiene. Creo que deberían expresarlos en km y metros y entre paréntesis en sistema ingles o de eua.

  3. Extraordinario trabajo el de nuestros científicos y técnicos. Hay que difundir estos logros, la mayoría desconoce que en nuestro país se maneja tecnología a nivel internacional.

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