
Sol Líneas Aéreas dejó de volar el 15 de enero de 2016. Fue una maniobra empresaria muy desprolija, pero fue así: los trabajadores llegaron dispuestos a trabajar y se encontraron que la aerolínea no funcionaba más. Lo mismo les pasó a los pasajeros. La compañía no dio ninguna respuesta, cerró sus vías habituales de comunicación y sus directivos se escondieron. Lamentable imagen de los empresarios aeronáuticos argentinos.
El infierno tan temido
Perder el trabajo es, para cualquiera, un golpe fuerte. Las autoridades, los empresarios y los trabajadores lo saben y, por lo general, tratan de sortear esa instancia límite. Pero hay circunstancias en las que resulta inevitable y la legislación vigente contempla diversos mecanismos para atenuar los efectos de un desastre de esta naturaleza.
Sol siempre fue una empresa subsidiodependiente, fruto de un momento particular de la política aerocomercial argentina, y era lógico pensar que cuando cambiara esa política la subsistencia de la empresa estaría en juego. Indicios hubo.
Pero, aparentemente, nadie tenía nada pensado para enfrentar ese día predecible. Los trabajadores, bastante despolitizados, sólo atinaron a acampar en sus lugares de trabajo, los sindicatos reclamaron automáticamente, como si se tratara de una circunstancia ordinaria, y el gobierno no tuvo las respuestas heroicas de otros tiempos.
No olvidemos que estos colectivos, en los últimos años, habían tenido actitudes que sugerían otros comportamientos. Los gremios aeronáuticos habían mostrado una combatividad que, por mucho menos que el cierre de una empresa, afectaron los servicios y realizaron manifestaciones callejeras sin medida y los sucesivos gobiernos, para enfrentar situaciones similares, habían sido capaces de crear y sostener a LAFSA y habían abierto las puertas a LAN-Argentina, en clara comunidad con la dirigencia sindical.

La historia la escriben los políticos
La más alta autoridad nacional que habló sobre el tema Sol fue el ministro de Transportes Guillermo Dietrich, que enfocó sus dichos en el déficit de Aerolíneas Argentinas, obviando el tema laboral. Su frase más altisonante fue “la situación ésta es un terrible escándalo, que hemos detectado, en el cual Aerolíneas, con su bolsillo de payaso, iba distribuyendo plata por ahí, por todos lados. Todo lo que vemos es mal uso de recursos”.
El gobernador de Santa Fe, Miguel Lifschitz, lamentó la situación, que dijo entender, pero agregó que no podemos tener una mirada sólo desde Buenos Aires para tomar una medida de este tipo.
Recalde, ahora desde el llano, hizo algunas declaraciones tratando de desautorizar al ministro y, por supuesto, defendiendo su gestión. Isela Constantini no abrió la boca.
La historia se escribe en la calle
En los últimos días de 2015 los servicios aéreos argentinos fueron afectados por el conflicto gremial emergente del cierre de la empresa avícola Cresta Roja, cuyos trabajadores, entre otras cosas, cortaron varias veces la autopista Ricceri, impidiendo el acceso normal al aeropuerto de Ezeiza. Eran muchos, es cierto, pero estaban jugados y optaron por hacerse ver, logrando así el aval político necesario para que la justicia encontrara una solución a su problema, que finalmente llegó.
Ningún trabajador aeronáutico salió a la calle para defender a Sol Líneas Aéreas. Se limitaron a hacer campamentos en Aeroparque y Fisherton donde lo que se vio fue una actitud poco combativa y, la mayor parte del tiempo, pasiva. Me acerqué a charlar con los acampantes y, sobre este tema, me aclararon que los sindicatos les habían pedido que no cortaran la Costanera. Difícil de entender.
Hubo, es verdad, algunas marchas dentro de las estaciones aéreas que, obviamente, sólo vieron los que estaban allí, aunque el primer día estuvieron en la televisión.

Ni siquiera hubo movilizaciones al Ministerio de Trabajo cuando se hicieron allí las reuniones entre las partes, algo que hasta el gremio más chiquito sabe hacer.
La historia se escribe en los medios
No hubo gran cobertura mediática del conflicto de Sol. No es que se tratara de una noticia falta de interés, pero resultó evidente que ninguno de los interesados se tomó el trabajo de crear canales de comunicación entre el conflicto y los comunicadores, una tarea que tradicionalmente hacen los sindicatos.

El primer día, como no podía ser de otro modo, los canales de televisión estuvieron en los aeropuertos, pero pronto se fueron. Los diarios también dieron una razonable cobertura inicial, pero en cierta medida se entramparon con el tema del déficit de Aerolíneas Argentinas, de más encarnadura nacional, pero difícil de reducir a la problemática de Sol. Incluso más de uno utilizó la caída de Sol para defender la gestión del gobierno Kirchnerista para con Aerolíneas/Austral.
Así las cosas, muy poco se publicó sobre el tema después de la primera semana y la mayor parte de la información que trascendió se limitó a reseñar reuniones sin resultados en el Ministerio de Trabajo.
La historia se escribe en internet
El 14 de enero de 2011 las empresas y sindicatos involucrados en este conflicto tenían una página de internet.
Sol Líneas Aéreas optó por huir y no dar respuestas. Su página desapareció veinticuatro horas después de la suspensión de los vuelos.
Aerolíneas Argentinas, que evidentemente tenía alguna relación con el tema, lo ignoró totalmente y no dio ningún comunicado orgánico sobre la suerte de su socia con códigos compartidos.
Los sindicatos, por su parte tuvieron en internet una actitud más que tímida:
APLA. El 16 de enero publicó un comunicado firmado por su presidente Pablo Biro, en el que aunaba el conflicto de Sol con el de los pilotos provinciales y hablaba de la unidad de los pilotos, culminando con la afirmación de que cientos de pilotos estaban en esta lucha (comunicado de prensa). Un mes y medio después, el 31 de marzo, la Secretaría Gremial del sindicato dio un comunicado en el que informaba sobre el fracaso de las tratativas y anunciaba una nueva reunión para el 6 de abril (comunicado de prensa). No hubo comunicaciones posteriores.
AAA. En los días iniciales del conflicto la Comisión Directiva publicó un comunicado titulado “Todos somos Sol”, sin fecha, en el que se informaba sobre el “agrado” de comunicar los resultados de la primera reunión realizada con la empresa el 15 de enero (comunicado de prensa). Nunca hubo otra información sobre el conflicto.
APTA. Fue la organización que más se movió en la red formal. El 15 de enero el sindicato se declaró en estado de alerta y movilización en relación con el conflicto de Sol, pero se abstuvo de publicarlo en su página. La noticia salió en La Izquierda Diario (comunicado en la prensa). Pero el 20 de enero se publicó un comunicado en su página oficial, informando sobre el desarrollo de las tratativas (comunicado de prensa). El 2 de febrero se actualizó la situación (comunicado de prensa) y el 5 del mismo mes se informó sobre una visita realizada por la comisión directiva de APTA a los hangares de Sol en Rosario (comunicado de prensa).
El 16 de febrero hubo una nueva actualización (comunicado de prensa) y, el 31 de marzo, se emitió un extenso comunicado en el que se informaba sobre el cese definitivo de las operaciones y se criticaba con dureza a la gestión empresaria, anunciando eventuales medidas gremiales (comunicado de prensa).
APA. El 15 de enero el sindicato se declaró en estado de alerta y movilización, publicando un comunicado bastante duro al respecto (comunicado de prensa). No hubo más información propia del sindicato.
UPSA. No hizo ninguna comunicación propia sobre el tema.

FAPA. La Federación Argentina del Personal Aeronáutico, que asocia a varios sindicatos del sector (no a todos) y que tuvo una participación protagónica en estas negociaciones no tiene página de internet propia, pero el 15 de enero se emitió un comunicado repudiando el cese de operaciones, que se publicó en la página de APA (comunicado de prensa) y en la de UPSA (comunicado de prensa).
UALA. No tiene representación en Sol, pero el 15 de enero comunicó solidaridad con los trabajadores de Sol (comunicado de prensa).
La historia se escribe en los pasillos
Desde el primer momento, resultó claro que la única posibilidad de supervivencia de Sol era que fuera comprada por alguna empresa que se hiciera cargo de sus empleados y sus deudas, a cambio de poder usufructuar sus escasos activos. El salvamento por parte del Estado siempre estuvo descartado.
Ante esta realidad, todos los ojos apuntaron a la boliviana Amaszonas, que está viviendo un plan de expansión en la región y que podría tener alguna comunidad con Sol a partir del uso de los CRJ-200. Hubo conversaciones, de las que se supo muy poco, pero no prosperaron. Otro candidato fue Air Nostrum, que tenía, en teoría, una parte del capital de Sol, pero resultó evidente que la empresa española, al igual que sus compatriotas que incursionaron por la Argentina, no entiende el negocio sin subsidios.
Del que nadie habló fue de Avianca que, en secreto, en esos días estaba discutiendo su ingreso al mercado Argentino. Finalmente la empresa colombiana prefirió negociar la compra de Macair, a la que consideró mejor puerta de entrada en el país.
La historia se escribe en las redes sociales
Las redes sociales son el medio de comunicación masivo al alcance de todos y por ello también tuvieron su grado de participación en este conflicto. Fundamentalmente marcaron el sentimiento de los trabajadores, que fue pasando del desconcierto a la esperanza y a la desazón. Hay muchísimas historias, algunas difíciles de desentrañar en su verdadera magnitud desde afuera, pero sin duda significativas.

A Dios rogando y con el mazo dando, otro elemento que también empezó a correr en Facebook fueron las noticias sobre fuentes de trabajo posibles.

Los sindicatos, que como vimos no fueron por lo general muy locuaces en sus páginas oficiales, también se volcaron a las redes sociales con mayor o menor grado de organicidad. La AAA, por ejemplo, hizo un video que subió a Youtube. Es fundamentalmente emotivo, pero ellos juzgaron que las redes sociales eran importantes (ver video).
También se puede mencionar una entrada en Facebook llamado “Todos somos APLA” (ver entrada en las redes sociales) de una agrupación interna del sindicato.
Algunos trataron de llevar agua a su molino. Pablo Brey, dirigente de la AAA, hizo algunas remeras con su nombre y la inscripción “Todos somos Sol” que se usaron más como banderas que como prendas de vestir.
La historia se escribe en un cuaderno
Cuando empezó el campamento de los trabajadores de Sol, en Aeroparque, se habilitó un cuaderno para que la gente que pasaba por ahí expresara, anónimamente, sus ideas sin ningún tipo de restricciones. Llegó a superar las 700 entradas, aunque varias páginas fueron arrancadas.

El tono general de los comentarios es de apoyo a los trabajadores, una incitación a la resistencia y a la unidad. No son grandes piezas literarias y el discurso, en general, suena a política antigua, pero tiene la importante virtud de ser una expresión auténtica de alguna gente común. La palabra que más se repite en los textos es “fuerza” y además hay diversos comentarios sobre la situación de los trabajadores, de las empresas aerocomerciales, de la política y muchos otros.

Epitafio para Sol Líneas Aéreas
El ambiente aeronáutico argentino no estaba preparado para que una línea aérea desapareciera de la noche a la mañana. Le tocó a Sol, que era impresentable, pero le podría haber tocado a cualquiera, incluso a LAN, que está muy lejos del Código Aeronáutico. Nos habíamos acostumbrado a que, en la Argentina, se podía hacer cualquier barbaridad con una línea aérea porque, finalmente, el estado sacaba las papas del fuego.
Con el pretexto de mantener la fuente de trabajo (nunca se habló de fuente de trabajo sana) y usando palabras comodines como conectividad y federalismo los cielos argentinos se convirtieron en un universo anacrónico, que vivía su propia ensoñación. Con una mentalidad pequeña, todos priorizaron su comodidad. Nada de competencia, nada de desregulación, nada de progreso, nada de buscar la conveniencia del pasajero. Así, con un universo de usuarios que sólo alcanzaba al 5% de la población, estábamos bien. Teníamos nuestra quintita, para qué actualizarnos. Poco importó que en el continente y en el mundo las cosas estuvieran cambiando; seguimos sosteniendo principios superados hace décadas y levantando consignas que fueron modernas y válidas en 1945 como si hubiéramos descubierto el secreto de la felicidad y de la soberanía.
Sol Líneas Aéreas, en su escala ínfima, demostró que las líneas aéreas no se hacen con palabras lindas, que la ensoñación en que vivíamos era una ficción y que, nos guste o no, el sector aerocomercial, desde el primero hasta el último de sus integrantes, debe enfrentar, hoy mismo, la realidad del mundo y de la hora.
Se incluye en esta nota información hasta el viernes 15 de abril de 2016.
Lecturas complementarias en Gaceta Aeronáutica:
- Sol Líneas Aéreas: La utopía de la aviación regional en la Argentina
- Los aviones chicos en la Argentina
- El estado del transporte aéreo en Argentina y las tribulaciones de un pasajero en un viaje multimodal
Imagen de portada: El domingo 3 de junio de 2001, en una de las horas más dramáticas de la historia de Aerolíneas Argentinas, la selección argentina de fútbol salió a la cancha con una camiseta con la inscripción Salvemos Aerolíneas Argentinas y Austral, lo que muestra la intensidad del tema de la caída de una empresa aerocomercial en ese momento (foto archivo).