Petróleo barato… ¿Y ahora?

Desde 1973 el infierno tan temido de la aviación comercial fue el costo del combustible, que en menor o mayor medida condicionó el funcionamiento de toda la industria, que debió adaptarse a esta dura realidad (foto: vía Pablo Luciano Potenze).

Los dos hechos que marcaron al transporte aéreo después de la llegada de los jets fueron la crisis petrolera de 1973 y la desregulación de 1978.

La primera modificó absolutamente el diseño de las aeronaves y la manera de volar. A poco que se lea cualquier documento aeronáutico, ya sea periodístico o los reservadísimos programas estratégicos de las empresas, el tema del precio del combustible y cómo ahorrarlo son el centro de la cuestión.

La historia

Hasta 1973 el mundo pensaba que el abastecimiento de energía era algo normal y natural. Nadie se planteaba muy seriamente la posibilidad de que ésta pudiera faltar, y los diseños industriales no hacían mayor hincapié en la eficiencia de las máquinas. Por ejemplo, los automóviles eran mucho más pesados y grandes que los actuales, pero no había ninguna conciencia sobre el hecho de que eso significara la necesidad de quemar más nafta que la estrictamente necesaria. El abastecimiento petrolero, sin embargo, estaba concentrado en un pequeño grupo de países exportadores.

El Boeing 727, con sus tres motores, fue un típico avión de las épocas de petróleo barato. Sobrevivió la crisis petrolera como pudo pero, con sus tres tripulantes, no pudo enfrentar la desregulación. Los últimos que se fabricaron fueron cargueros, que se manejan con otra lógica (foto: Pablo Luciano Potenze).

En 1960, por iniciativa de Venezuela, los países productores de petróleo crearon la Organization of the Petroleum Exporting Countries (OPEC u OPEP) con el objetivo de defender sus intereses comerciales (y políticos). Sus principales socios fueron las naciones árabes del cercano oriente, que por otra parte tenían un conflicto político y militar con Israel.

En 1973 se produjo la Guerra del Yom Kippur, en la que los árabes sufrieron una importante derrota militar. En vez de aceptar esta lógica, los países productores decidieron primero cortar sus exportaciones de crudo y luego aumentar su precio en aproximadamente un trescientos por ciento. El mundo occidental no pudo absorber inmediatamente este golpe, y se desató una crisis sin precedentes.

El mundo, repentinamente, tomó conciencia de que no hay actividad sin energía, y que la mayor parte de la energía usada en ese momento tenía su base en el petróleo, que estaba siendo procesado en máquinas que en general eran ineficientes. En Estados Unidos, uno de los lugares donde más se sintió el embargo, muchas actividades entraron en estado de colapso, y cuando finalmente se volvió al abastecimiento normal, el nuevo precio de los combustibles produjo una gran inflación a escala mundial, que trajo como consecuencia una brutal recesión.

Una imagen de la crisis de 1973. El embargo petrolero llevó a Estados Unidos, por primera vez en muchos años, la idea de que la escasez era posible (foto: vía Pablo Luciano Potenze).

El golpe fue muy fuerte, y fue para todos por igual. El petróleo estaba en todas partes, no sólo en el transporte, sino que era la materia prima generalizada de la industria química, y esto generó cambios en los precios relativos de prácticamente todo, productos y servicios.

Históricamente el transporte aéreo es una de las primeras actividades que refleja los vaivenes de la economía en su demanda, y así fue esta vez. Las aerolíneas vieron desaparecer a los pasajeros en un momento en el que acababan de incorporar los Jumbos, que triplicaban la capacidad de los jets anteriores.

La respuesta al cataclismo fue buscar el modo de economizar petróleo, una directiva que también estuvo en toda la actividad mundial. En el mundo aeronáutico significó, entre otras cosas, la aparición de nuevas generaciones de aeronaves y motores más económicos desde el punto de vista del consumo, pero que tardaron mucho en estar listos y resultaron mucho más caros que los anteriores.

El DC-9 Super 80, luego rebautizado MD-80 fue un buen exponente de la época inmediata a la primera crisis petrolera. Se partió de un avión ya certificado y motores en la misma situación, que se mejoraron junto con los sistemas para lograr un producto de operación más económica (foto: Pablo Luciano Potenze).

Y así nació una nueva aviación, más cuidadosa de los costos. El eslabón siguiente, la desregulación, todavía es motivo de discusión, pero se complementó perfectamente con las nuevas ideas y, nos guste o no, ha sido el gran motor del crecimiento del transporte aéreo desde hace más de treinta años.

Digamos que nos acostumbramos a esta realidad. Las empresas desarrollaron una inmensa ingeniería para gastar menos, al principio en combustible, y después en todos los ítems de su presupuesto. Fueron capaces de mantener las tarifas bastante controladas, y cuando el crudo se disparaba, algo que ocurrió varias veces, cobraban aparte un suplemento temporario por combustible.

El petróleo caro también sirvió para tener un motivo a la hora de presentar balances desfavorables. A veces se justificó, otras veces fue un comodín útil para ocultar otros problemas.

La última novedad

De repente, a mediados de 2014, el precio del petróleo empezó a caer y caer. No eran las variaciones cíclicas de los años anteriores, la caída era sostenida, y en seis meses perdió la mitad de su valor. Parecía el fin de décadas de desventuras en la materia.

Al principio nadie creyó que esto fuera firme ni permanente y, de hecho, nadie está demasiado seguro de cómo será el futuro pero, después de unos meses, ha llegado la hora de preguntarse cómo es este nuevo universo.

En primer lugar, la baja de precio que llegó para el mundo no llegó tan directamente a las líneas aéreas. En años de carestía, casi todas ellas tomaron algún tipo de seguros que las protegía de las alzas desmedidas, pero las perjudicaba cuando los precios bajaban y este es el caso para la mayoría, por lo que no están disfrutando de la actual bonanza.

En segundo término hay que hacer muchos cálculos. Los principales fabricantes de aviones acaban de lanzar nuevos modelos, más caros que los anteriores, cuya principal característica es que gastan menos combustible ¿Se justifica una mayor inversión en esas máquinas?

Por otro lado, hay que hacer muchos cálculos. Los principales fabricantes de aviones acaban de lanzar nuevos modelos, más caros que los anteriores, cuya principal característica es que gastan menos combustible ¿Se justifica una mayor inversión en esas máquinas en tiempos de petróleo barato?

Hasta ahora, el mercado estuvo dispuesto a pagar más por aviones que consumían menos. ¿Seguirá siendo así? (foto: Airbus).

En tercer lugar, los diarios nos dicen que la caída del petróleo está teniendo consecuencias complicadas para varios países, que enfrentan el principio de una recesión difícil de cuantificar. ¿Seguirá aumentando la cantidad de pasajeros como lo ha hecho en los últimos años? ¿Viajarán esos pasajeros en las rutas actuales? No hay respuesta.

Y las preguntas más difíciles, que involucran a todas las demás: ¿Hasta dónde seguirá la baja? ¿Será permanente o temporaria?

La crisis petrolera de 1973 cambió las finanzas del mundo, y fue causante directa de la concentración de capitales, de la aparición del leasing como mecánica habitual de las empresas de aviación, de la posibilidad de crear una aerolínea sin gran reserva financiera, de las grandes aerolíneas del medio oriente y hasta de lo que aquí conocimos como la “plata dulce”.

La caída de la demanda de los cuatrimotores, que tienen algunas ventajas sobre los bimotores pero consumen más, fue consecuencia directa del precio del petróleo (foto: Airbus).

Demasiados cambios, algunos muy profundos. Lo único seguro es que nadie sabe cómo sigue la historia… como siempre.


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