Más de 30 años de castigo y restricciones presupuestarias aplicadas desde la posguerra de Malvinas sobre las Fuerzas Armadas Argentinas impactaron de lleno, muy especialmente, sobre la capacidad operativa de la Fuerza Aérea Argentina, quien junto con la pérdida de valiosísimas capacidades estratégicas vio también progresivamente diezmando su parque aéreo de combate. El SDA Mirage no quedó al margen de semejante “aniquilación” y tras décadas pugnando por una mínima supervivencia pasó de representar un legítimo ícono de poderío y esplendor a convertirse en un desecho más dentro del actual colapso de la aviación de Caza de la Fuerza Aérea Argentina. La baja de los Mirage IIIEA/DA, los más antiguos dentro del sistema de armas, arrastró a los IAI Finger III, IAI Dagger B y Mirage V Mara, sin la posibilidad de definir reemplazo inmediato alguno hasta la fecha (foto e insert superior izquierda: Jorge Souto; insert inferior derecho: Guillermo Sentis).
“La Fuerza Aérea Argentina (FAA) retiró el sistema de armas (SDA) Mirage tras 43 años de servicio y algo más de 131.000 horas de vuelo”. La frase precedente se ha repetido de manera destacada en todo tipo de medios de prensa desde el 29 de noviembre de 2015, fecha de su despedida oficial.
Y, más allá de lo que significa en sí la mismísima baja del emblemático SDA, el hecho de no existir en lo inmediato algún sustituto a la vista plasma una realidad que resume y exhibe con ensañada crudeza cuánto se puede dañar la esencia de una institución armada, aniquilando sistemáticamente cada uno de los principales íconos de su poderío, así como también tergiversando sus roles hasta el punto del cuestionamiento de su propia razón de ser.
El requerimiento actual de la FAA contempla la sustitución en forma perentoria no sólo de su aviación de combate, sino que además debe encarar radicalmente una completa reformulación de sus necesidades, definiendo e implementando, entre muchas otras, tareas tan básicas como la de brindar instrucción inicial (screening) a los oficiales cursantes.
Como ciudadano común, aunque ciertamente interesado en todo cuanto atañe a la defensa nacional, entiendo que por algún tipo de providencia divina habríamos alcanzado “el límite de lo inadmisible” (sí… de lo inadmisible) y que comenzaría ahora mismo la difícil, comprometida y costosa tarea de recomponer tan lamentable situación.
Semejante decadencia se debe sin duda alguna a la ausencia absoluta de políticas de defensa de mediano y largo plazo que, junto con la estrepitosa caída del presupuesto castrense, representaron una “constante” para los sucesivos gobiernos desde el mismísimo retorno a la democracia.
La familia completa del SDA Mirage de la Fuerza Aérea Argentina (Mirage IIIEA, Mirage IIIDA, Finger III, IAI Dagger B, Mirage 5A Mara y Mirage IIICJ) en la línea de vuelo de la VI Brigada Aérea de Tandil – Héroes de Malvinas, año 1999. La foto, si bien se aprecia como valiosísima desde el punto de vista simbólico, resulta ya muy antigua; tanto o más antigua ciertamente como la demanda por la implementación de políticas de Defensa “de Estado” que garanticen el impostergable reequipamiento de la aviación de Caza. Cualquiera sea el camino a seguir deberá permitir, cuanto menos, replicar un despliegue como el de la imagen en cada una de nuestras principales brigadas aéreas y bases aéreas militares con uno o varios sistemas de armas a la altura de los tiempos que corren y adecuados al entorno geoestratégico regional y global (foto: Christian Amado).
Pero no obstante el “empecinamiento de Estado”, mediante un breve repaso de la historia aparecen también algunas señales que indican una severa “pérdida del rumbo” desde el propio ámbito castrense, especialmente en el período comprendido entre 1979 y 1983 y que se prolongó hasta los años de plenitud democrática como 1990, cuando se permitieron algunos lujos a través de proyectos altamente cuestionables como el Cóndor II. Durante la existencia del frustrado programa misilístico argentino se dilapidaron importantísimos recursos al tiempo que se desatendían o dejaban sólo en etapa de prototipos muchas otras interesantísimas propuestas de la Dirección General de Sistemas (DGS) con sus desarrollos del programa Fuerza Aérea Sistemas (FAS) los que sin dudas hubieran impulsado la fabricación nacional de armamento y sistemas de alta tecnología.
Similar destrato han sufrido otros programas contemporáneos mucho más ambiciosos como las propuestas de Israel Aircraft Industries (IAI) a la por entonces Fábrica Militar de Aviones (FMA) para la fabricación del Kfir C7 (1984) y la del intercambio de un centenar de entrenadores IA-63 Pampa para la Israel Air Force (IAF) por 60 Kfir C9 (1989) con la intención de renovar buena parte del alicaído y desfasado parque aéreo de combate de la FAA, así como también para dar un impulso sin precedentes a la factoría cordobesa.
Algunos atisbos de cambio comenzaron a plasmarse durante la década de los 90’, cuando el gobierno argentino accedió al estatus de “aliado extra OTAN” de los EE.UU. (1997), lo que le permitió adquirir algo de hardware militar de segunda mano para sostener una operatividad relativamente aceptable.
Lo que quedó del Cóndor II. Instalaciones en Falda del Cañete (Falda del Carmen) que actualmente conforman la Estación Terrena Córdoba – Centro Espacial Teófilo Tabanera operada por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE): Mock-up dimensional (insert superior derecha) y plano (insert inferior derecha). En el extremo inferior izquierdo se aprecia un insert con la zona de Cabo Raso, Chubut, donde se aprecia el búnker de control (con ampliación) y hacia la derecha el pad de hormigón armado, sitio establecido para la torre de lanzamiento de prueba del misil (fotos: Google Earth y “El Proyecto misilístico Cóndor II, su origen desarrollo y cancelación” de Pablo Gabriel de León/Universidad de San Andrés).
Así como lo hizo con buena parte de la población, la crisis de 2001 impactó dramáticamente a los militares. Durante esa etapa, se esfumó una de las pocas oportunidades de acceder a algunos recursos extraordinarios comprometidos mediante la Ley de Presupuesto Plurianual (1998), exclusivamente asignada a fines de reequipamiento. Esta pretendida inyección de recursos (entre 1999 y 2003) impulsó algunos modestos, aunque interesantes, programas de modernización del sistema de armas Mirage IIIE/Finger, aunque los mismos cayeron irremediablemente en desgracia.
El interés de la FAA por la renovación de su aviación de combate recobró intensidad a partir del denominado Plan de Acción Progresivo (PAP), anunciado tras conocerse un lapidario informe de la auditoría externa encargada a comienzos del 2006 por el Ministerio de Defensa (MinDef) que evaluó el estado del parque aéreo de las fuerzas armadas argentinas. El programa se implementaría a lo largo de cinco años (entre 2007 y 2011) y recién en su Etapa III contemplaba una inversión (realmente miserable) del orden de los US $ 107M destinados a la compra de nuevos cazas.
Este pretendido “influjo” económico estimuló el ámbito castrense y atrajo sucesivos «culebrones» con la participación especial de Mirage F-1 ex jordanos y españoles (ambos en 2008). De todos ellos, mención destacada merecen los F-1M/BM ofrecidos nuevamente por los españoles allá por el año 2013, quienes vieron una punta económica con un producto casi de rezago (digno del polígono de tiro de las Bardenas Reales), pero con un relativo valor de reventa a operadores desesperados, razón por la que se esforzaron en mantenerlos un tiempo prudencial en condiciones de vuelo. Pero ya sea por nuestra indecisión a la hora de morder un anzuelo de US $ 217M (por 16 aviones), sumado a las persistentes presiones británicas, finalmente vieron acabar a las “abuelas” tiradas en algún rincón de la base aérea española de Los Llanos.
Más de lo mismo
Para confrontar la propuesta española por los F-1M, durante 2013 entran en escena los israelíes con su promocionado programa Kfir C-10 o Block 60, munidos de sofisticadas actualizaciones tecnológicas a cambio de una gran inversión económica que había llevado el pretendido aporte del PAP hasta los US $ 317M por 14 aviones (véanse más detalles en “El ‘nuevo’ avión de combate para la Fuerza Aérea Argentina”).
Más de 5 años recibiendo ofertas por Mirage F-1CJ/EJ/BJ de Jordania, F-1CE/EE/BE (al estándar F-1M/BM) de España y sin decisión alguna por parte del MinDef y de la FAA parecen razones más que suficientes como para desalentar tanto a oferentes privados (SECAMIC/General Equipment Inc. para los F-1 jordanos) como ministeriales (Ministerio de Defensa de España para sus F-1). De las dos propuestas la española era la más apropiada para implementar a corto plazo y aún con partida presupuestaria oficial asignada (2014) la operación no se formalizó (fotos: Fernando Puppio [principal] y vía Fotos Militares [insert]).
Las siempre tediosas consideraciones sobre que la FAA ya posee personal calificado y doctrina operativa en el SDA Mirage, casi idéntico al Kfir (una teoría con la que no comulgo), asegurando una transición rápida y sencilla, más la capacidad instalada local en cuanto a la producción de algunos repuestos de nuestros Mirage compatibles (supuestamente) con el Kfir y la existencia de la infraestructura necesaria en bases aéreas para su operación no parecieron, a esta altura de la carestía, razones de peso como para inclinar de una vez por todas la balanza a favor de esta alternativa.
Finalmente, la papa caliente que representa la decisión sobre la compra de los aviones fue casi el único asunto que ocupó un lugar destacado en la estrecha agenda de transición del último traspaso de gobierno. Por cierto, hasta el momento, y por intercesión divina, nadie se hace cargo a pesar de sacarlos a la palestra de vez en cuando.
Y hasta aquí llego yo con este asunto de los “superkafires”, cuestionando la paradoja de pretender efectuar hoy día millonarios programas de upgrade sobre células prácticamente contemporáneas a las de un sistema de armas al que supuestamente deben reemplazar. Ciertamente un verdadero contrasentido ante cualquier intento por planificar una política de defensa medianamente coherente, ya que empezaríamos peor que cuando decidimos terminar con más de 30 años de postración operativa.
Israel aún se mantiene expectante en la puja por adjudicarse el reemplazo del SDA Mirage de la FAA a través de sus siempre re-adaptables propuestas de Kfir C10/TC-10, C12 y C10 Block 60; aunque las ventajas que le otorgaban el síndrome de la sustitución “Delta por Delta” parece no ser un factor determinante en la actualidad; los conflictivos antecedentes de la Fuerza Aérea de Colombia en cuanto a la operación del modelo parecen haber influido a la hora de tomar decisiones sobre su adquisición (foto principal: Roel Reijne; insert inferior: vía WebInfoMil e insert superior: Nicholas Peterman).
Volviendo al pretendido reemplazo del SDA Mirage, adjetivado pertinazmente como “transitorio” al sólo efecto de otorgarle entidad a un proceso que tranquilamente podría eludirse, podemos inferir que, por fortuna, cada día que pasa se complica más la posibilidad de acceder a aviones actualmente dados de baja (Mirage F-1 ó Kfir) debido a que sus células se encuentran en la mayoría de los casos precariamente preservadas o directamente almacenadas a la intemperie. A la hora de devolverlos a su condición de vuelo, el grado de deterioro será directamente proporcional a la inversión necesaria para su recuperación y overhaul, los que sumados a su posterior programa de modernización tornan cualquier alternativa de adquisición en una operación económicamente inaceptable.
Y como si la baja sin reemplazo del SDA Mirage fuera poca cosa como para digerir, la FAA declara casi intempestivamente durante Jun2016 que, ante diferentes limitaciones en la disponibilidad de repuestos por obsolescencia, el límite de vida previsto para el SDA A/OA-4 AR Fighting Hawk sería el año 2018, aún cuando existía intención manifiesta de extender su ciclo operativo hasta el año 2022.
¿¿¿Se podrá estar peor???
Nuestra imagen de portada
Foto: Mauricio Chiófalo
Pasado y presente reunidos en una magnífica línea de vuelo desde lo histórico y la estética visual; pero que enmascara la cruda realidad que pesa sobre el presente de la FAA. Su principal SDA en retirada sin reemplazo a la vista y un sustituto “supuestamente” transitorio cuyo futuro aún se debate entre la continuidad del programa o su extinción. Entre ambos extremos, una propuesta por entrenadores turbopropulsados armados y la intención de cambiar algunos paradigmas históricos de una fuerza aérea que parece condenada a competir por roles más asimilables a los de una fuerza de seguridad que a los de una arma aérea que puso de rodillas a Gran Bretaña a la hora de defender el territorio nacional.
Importante: Este ensayo fue elaborado con la información pública disponible hasta el 24 de agosto de 2016.
Reconocimientos y agradecimientos: Carlos Ay, Esteban Brea, Horacio Clariá (h), Mauricio Chiófalo, Sergio García Pedroche, Hernán Longoni, Javier Mosquera, Raúl Peñaloza, Fernando Puppio y Guillermo Sentis; más el “Área 51”.