5000 pilotos

“Para defender la patria desde el cielo”. Por lo que se ve, la patria es el campo, sin tecnificación, muy parecido al del siglo XIX, pero defendido por aviones. Publicado en La Prensa del 24 de diciembre de 1941.

La relación entre la aviación civil y la militar siempre fue complicada. Los primeros constructores mundiales de aviones se acercaron a los militares pensando en que podrían ser una fuente de financiación para sus productos, y tuvieron bastante razón, pero a los militares, por lo general, no les gusta poner dinero en temas que no controlan, y rápidamente crearon su propio sistema de aviación. Con muchos matices, esto sucedió en todo el mundo.

En la Argentina el fenómeno se dio en 1912, cuando a instancias de un grupo de socios del Aero Club Argentino se hizo una colecta nacional para recaudar fondos para la creación de una flotilla aérea militar.

Como no podía ser de otro modo, la ignorancia del tema era importante. Si se piensa que en ese momento no había certezas sobre la utilidad de la aviación como arma de guerra es entendible la confusión. Para no extendernos en el tema, la Escuela de Aviación Militar formó pilotos militares, pero la preparación específica de éstos fue muy reducida hasta el fin de la Primera Guerra Mundial y por la consecuente llegada al país de personal con verdadera experiencia y conocimientos en la materia.

Pero lo que interesa como antecedente, es que la idea surgió del sector civil y privado y fue llevado adelante mediante colectas diversas. Las Fuerzas Armadas no lo impidieron, y el Poder Ejecutivo lo terminó convalidando, a pesar de que, formalmente, no tuvo nada que ver con el desarrollo.

Tres décadas después pasó algo parecido. Un grupo de civiles tuvo la idea de que era necesario formar pilotos para la reserva aeronáutica y lanzó la campaña para la formación de 5.000 pilotos. Financieramente, la idea era la misma, hacer colectas para recaudar los fondos necesarios.

Claro que las cosas habían cambiado bastante desde 1912. Habían pasado muchas guerras y estaba en desarrollo la mayor de la historia, así que estaba clarísimo para qué servía la aviación militar y qué formación requerían sus pilotos que, a esta altura de la historia, eran algo muy distinto de muchachos con buenas intenciones formados en aeroclubes.

Otro mensaje de la Junta Argentina de Aviación, sin fecha. El texto, elípticamente, nos lleva a la doctrina del poder aéreo, que llegó al país en 1941.

Pero, inicialmente, casi nadie se dio cuenta, o se animó a decir que no estaba de acuerdo, y el plan se lanzó con toda la pompa que tienen entre nosotros los emprendimientos patrióticos. Lo interesante es el concepto de patria que tiene la campaña, que nos lleva a la idea de una Argentina agrícola y bastante primitiva, representada por un hombre con un arado tirado por caballos saludando a los aviones que pasan.

No vamos a contar aquí en detalle el desarrollo del proyecto, que empezó como una iniciativa del Aero Club Argentino y se convirtió en una causa nacional sin pies ni cabeza, llevada adelante por una Junta Argentina de Aviación creada para la ocasión. El número 5.000 se eligió de modo arbitrario, para darle un gancho publicitario a la campaña, pero lo cierto es que no había ninguna evaluación sobre las verdaderas necesidades.

Así las cosas, el proyecto se fue desinflando, y su partida de defunción fue la revolución de 1943, que puso a la aviación civil bajo el control del Ejército, que rápidamente lo desactivó. El gran crecimiento que tendría la aviación militar, que sin duda requirió de nuevos pilotos, se hizo sin la participación de la aviación civil.

Según Francisco Halbritter, con lo recaudado se compraron 41 aviones (fundamentalmente Piper J3) y se formaron 45 pilotos, números que dan la pauta de la debilidad del proyecto.


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