50º aniversario del F-5 Tigre III en la FACH

El comandante en jefe de la FACH pasa revista a la unidad de presentación en la Base Aérea El Bosque (foto: Luis Quintana).

La Fuerza Aérea de Chile conmemoro los 50 años de operación del Northrop F-5 Tigre III, este 15 de septiembre de 2026, rindiendo homenaje a uno de los sistemas de armas más relevantes en la historia de la institución.

La actividad, encabezada por el comandante en jefe de la FACh, general del aire Hugo Rodríguez González, no solo puso en valor la trayectoria operacional de la aeronave, sino que también permitió destacar el importante rol que jugaron sus pilotos y personal de tierra, a través del reconocimiento a un grupo integrantes de la “familia” F-5, tanto en retiro como en servicio activo.

F-5E 814 decorado en su cola con un diseño alusivo a la celebración (foto: Luis Quintana).

En palabras del propio mando institucional:

“el valor del sistema está en quienes lo operan y mantienen”.

A través de esta ceremonia que combinó tradición, reconocimiento institucional y memoria histórica, la FACh destacó el rol del F-5 como un pilar en la construcción de su capacidad de defensa aérea del país y lo posiciona como protagonista de algunos de los hitos operacionales más significativos del poder aéreo nacional.

La fuerza aérea de Chile se une así a Taiwán y Brasil como el tercer operador más antiguo de esta plataforma, siendo también uno de los más longevos en la historia de la Fuerza Aérea de Chile, acumulando más 67000 horas vuelo y formando a más de 160 pilotos chilenos y 6 extranjeros, permitiendo el ingreso de la institución a la era supersónica.

El avion presentaba como armanmento lanzable 4 modelos dummie del misil Phyton V (foto: Luis Quintana).

El salto supersónico de la FACh

La incorporación del F-5E/F fue el resultado de conversaciones de varios años con Estados Unidos, en un contexto regional marcado por crecientes tensiones y una acelerada modernización de las fuerzas aéreas vecinas.

A pesar de la constante renuencia de Estados Unidos de dotar de aviones modernos a Chile, para la fecha de llegada del F-5E Tigre II, las fuerzas aéreas de Argentina, Perú, Colombia y Brasil ya habían accedido al club de naciones capaces de romper la barrera del sonido mediante la incorporación de aviones de la familia Mirage. Es así como la FACh determinó la necesidad de contar con un caza interceptor supersónico moderno que permitiera operar una fuerza disuasoria creíble.

F-5E maniobrando durante una presentación en FIDAE 2024 (foto: Luis Quintana).

Tras analizar distintas alternativas, se optó por el F-5E Tiger II, material que ofrecía un equilibrio adecuado entre prestaciones, costo y disponibilidad. El programa “Peace Llama” contempló la adquisición de 18 aeronaves nuevas, para lo cual los primeros pilotos designados viajaron a Estados Unidos para concretar su formación antes de trasladar las aeronaves en vuelo al país, cuyo primer vuelo de ferry se concretó el 26 de julio de 1976.

La travesía desde la fábrica de Northrop cubrió más de 10.000 km cruzando siete países. La escala completa fue: Palmdale (California) → Laughlin AFB (Texas) → Homestead AFB (Miami, Florida) → Puerto Rico → Panamá → Barranquilla (Colombia/Venezuela) → Guayaquil (Ecuador) → Lima (Perú) → Base Aérea Cerro Moreno en Antofagasta (Chile). Los primeros cuatro aviones llegaron a Chile escoltados desde California por un T-38 Talon de la USAF. siendo asignados al Grupo de Aviación N°7 en la Base Aérea Cerro Moreno, en Antofagasta.

F-5E Tigre III despegando de Arturo Merino Benítez (foto: Luis Quintana).

Sus primeros años de operaciones no estuvieron exentos de dificultades, aunque no fue debido al aparato en sí, sino que por las restricciones impuestas a la compra de repuestos por la denominada “Enmienda Kennedy” que afectaron afectaron significativamente los niveles de disponibilidad de la flota.

El F-5 en la crisis del Beagle

A pocos años de ser incorporados a la FACh, el F-5 estuvo a poco de tener un “bautismo de fuego” en la denominada “crisis del Beagle” en 1978, cuando la FACh debió organizar un despliegue a nivel nacional en un escenario de tensión con Argentina.

Cuatro F-5E participantes en la parada militar del año 2022 (foto: Luis Quintana).

En ese contexto, los F-5 del Grupo N°7 asumieron un rol central en la defensa aérea, siendo desplegados tanto en el norte como en la zona central y sur del país. La necesidad de proteger objetivos estratégicos llevó incluso a posicionar aeronaves en Santiago, estableciendo capacidades de reacción inmediata ante eventuales incursiones argentinas.

Las condiciones de operación durante la crisis evidenciaron además importantes desafíos logísticos, obligando a implementar soluciones de campaña para mantener la operatividad de las aeronaves en distintos puntos del país. En ese escenario, el F-5 demostró no solo sus capacidades técnicas, sino también su flexibilidad como sistema de armas.

Como señalo el General del aire en retiro Osvaldo Sarabia;

“Cuando recordamos el año 1978 en la crisis del Beagle, ahí estaba el Tigre desplegado a lo largo y ancho de nuestra geografía, erigiéndose como el pilar fundamental y el escudo de nuestra defensa aérea nacional en momentos de máxima tensión”.

F-5E participando en el aniversario de la FACH del año 2026 (foto: Luis Quintana).

De Tiger II a Tigre III y a Tigre III+: la reinvención del sistema

A comienzos de la década de 1990, en el marco del Proyecto “Tiffany”, con un costo de US$ 300 millones de la época, la flota fue sometida a una actualización desarrollada en conjunto con Israel Aerospace Industries denominada comercialmente como “F-5 Plus” y con participación de ENAER como subcontratista.

Dos aparatos, un biplaza y un monoplaza, fueron trasladados a Israel con el fin de incorporarles un radar multimodo ELTA EL/M-2032, 2 pantallas multifunción, sistema HOTAS, HUD y casco DASH III para designar blancos, además de sistemas de guerra electrónica integrada fabricados por DTS y el cableado para aumentar a 4 los soportes capaces de portar misiles A-A.

Toda la flota, excepto los prototipos, fue modernizada en Chile por parte de ENAER.   En 1998, mediante otro contrato a la empresa norteamericana Tiger Century, se le dotó de capacidad de reabastecimiento en vuelo. Años después, hacia el 2002, se realizó una nueva modernización que incluyo el cambio de pantallas monocromáticas por otras a color, capacidad de grabación de datos, data link e implementación de un sistema de de-briefing de la empresa israelí RADA.

La primera presentación aérea de la ceremonia fue el pasaje del F-5E 805 (foto: Luis Quintana).

El resultado de este proceso de mejoras a través de su vida operativa fue un salto cualitativo que transformó al F-5 en una plataforma plenamente vigente dentro del entorno operacional moderno, permitiéndole mantenerse en servicio activo hasta la actualidad. Como señaló el General del Aire en retiro Osvaldo Sarabia:

“La transformación a Tigre III no fue un cambio menor: fue una reingeniería que nos permitió dotar a ese avión de tecnologías avanzadas, otorgándonos hasta el día de hoy ventajas estratégicas determinantes en la región”.

General del aire Osvaldo Sarabia ex comandante en jefe de la FACH en el periodo 2002-2006 (foto: Luis Quintana).

Operaciones que marcaron su historia

A lo largo de cinco décadas, el F-5 Tigre III ha participado en múltiples operaciones y ejercicios, tanto a nivel nacional como internacional.

Sin embargo, tanto la Operación Manu Tama’i (enero de 1998) como la participación en el ejercicio Red Flag (julio/agosto de 1998) representaron la cúspide de la capacidad de proyección estratégica de la Fuerza Aérea de Chile con sus cazas F-5E/F Tigre III, compartiendo como pilar operativo la rigurosa planificación de un despliegue de largo alcance apoyado por reabastecimiento en vuelo (REVO) mediante su avión tanquero Boeing KC-707 Águila.

Manu Tama’i fue una operación que puso a prueba la capacidad de planificación de precisión para lograr, a través de una navegación transoceánica, cruzar más de 3.700 kilómetros sobre el Océano Pacífico hasta la Isla de Pascua el 12 de enero de 1998 —operando sin alternativas de desvío terrestre—, una perfecta antesala al traslado de más de 12 horas de vuelo y 8 reabastecimientos hacia la Base Aérea Nellis en Nevada meses después, para participar por primera vez en las exigentes maniobras RED FLAG.

F-5E 805 presentándose al termino del minuto de silencio por el único mártir de la institución fallecido a bordo de un F-5E: El Capitán de Bandada Carlos Cajas Palacios (Q.E.P.D.), mártir N° 323 de la FACH (foto: Luis Quintana).

En dicho adiestramiento, se experimentarían complejas dificultades operacionales como por ejemplo soportar más de 70 °C en el desierto de Nevada y participar en misiones dentro de paquetes de fuerza de hasta 80 aeronaves bajo estándares OTAN con todas las comunicaciones en inglés, consolidando así la capacidad de la FACh para operar y prevalecer en los escenarios más exigentes del planeta.

Como indico el General Hugo Rodriguez:

“El F-5 también ha permitido que nuestra institución se mida con fuerzas aéreas de primer orden. Su participación en ejercicios internacionales, particularmente en escenarios de alta exigencia como Red Flag, permitió comprobar capacidades, desarrollar interoperabilidad y someter nuestra preparación a estándares operacionales del más alto nivel”.

El Comandante en Jefe de la FACH saluda después de la entrega de distinciones a delegaciones de
oficiales y personal del Cuadro Permanente por su participación en operaciones trascendentales en la vida del F-5 en la FACH (foto: Luis Quintana).

Rumbo a los cielos australes

Y así, entre operaciones y despliegues que en cada oportunidad permitían elevar aún más la vara operativa, llegó el turno de cambiar de casa. Una profunda transformación se concretó en la aviación de caza chilena con la llegada del sistema Lockheed Martin F-16 Fighting Falcon: primero con los novísimos modelos C/D Block 50 en enero de 2006 para el Grupo de Aviación N°3 en Iquique, y posteriormente con los modelos A/B MLU en dos lotes a partir de septiembre del mismo año para los Grupos N°7 y N°8 en Antofagasta.

Este recambio generacional conllevó la baja definitiva del material Mirage —los Elkan del Grupo N°8 y los Pantera del Grupo N°4—, dejando momentáneamente a la austral Punta Arenas custodiada únicamente por el Grupo de Aviación N°12 y sus veteranos Cessna A-37B Dragonfly, aeronaves que también se aproximaban al retiro. Ante este escenario, la superioridad institucional decidió estandarizar la línea F-16 en el norte del país y trasladar la flota de F-5E/F Tigre III hacia la Base Aérea Chabunco para integrarse al Grupo N° 12, cambiando definitivamente el vuelo sobre la aridez de los desiertos y pampas atacameñas en los que operó por 34 años, por el sobrevuelo de glaciares y mares australes. Como señalo el General Hugo Rodriguez:

“Desde Antofagasta hasta Punta Arenas, esa presencia permanente permite comprender una de las contribuciones estratégicas más importantes realizadas por el F-5 durante estos 50 años: su real aporte a la verdadera disuasión”.

F-5E tigre III decorado con los escudos de los dos escuadrones FACH que lo han operado, Grupo N°7 y Grupo N°12 (foto: Luis Quintana).

El fin del vuelo en el horizonte

A 50 años de su arribo a Chile, y con algunos años aún de servicio por delante hasta su desactivación definitiva, el F-5 Tigre III trasciende su condición de simple aeronave de combate para convertirse en un ícono de continuidad, adaptabilidad y profesionalismo militar.

Desde los días de máxima tensión fronteriza hasta los despliegues multinacionales en los escenarios más exigentes del planeta, este caza ha demostrado que cuando un sistema de armas es rigurosamente integrado, modernizado y volado por tripulaciones de excelencia, puede escribir páginas imborrables en la historia de la aviación militar.

Sin embargo, el capítulo final de esta legendaria historia ya se vislumbra en el horizonte. La Fuerza Aérea de Chile ha iniciado los procesos de análisis para la selección del vector que reemplazará definitivamente a la flota F-5, cuya inevitable obsolescencia logística y estructural no permite continuar extendiendo su vida operativa.

Detalle de los misiles A-A Phyton 5 (foto: Luis Quintana).

Como lo fue en su momento el F-5, su sucesor será el impulsor de un cambio tecnológico profundo en la Fuerza aérea de Chile, como lo señalo el Comandante en jefe de la FACH al cerrar su discurso:

“Así como hace 50 años la incorporación del F-5 representó un salto cualitativo hacia la aviación supersónica, hoy generamos las condiciones que nos permitan transitar hacia una aeronave de última generación. Es una forma de concebir y ejercer el poder aéreo. Ese tránsito supondrá integrar capacidades de sensores, conectividad, fusión de información y supervivencia dentro de una arquitectura operacional más amplia, capaz de generar superioridad en ambientes disputados. Del mismo modo que el F-5 exigió nueva doctrina y una nueva cultura operacional, la ruta hacia la nueva generación exigirá una transformación profunda. Y esta transición no comenzará el día que una aeronave aterrice en alguna de nuestras bases; en muchos sentidos, ese cambio ha comenzado hoy”.


Fuentes: Fuerza Aerea de Chile.


 

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