
Como consecuencia de la ocupación de las islas Malvinas, en abril de 1982, Aerolíneas Argentinas se vio obligada a suspender de sus servicios a Alemania, Francia, Gran Bretaña y Nueva Zelandia, al tiempo que dejaron de volar al país Air France, British Caledonian, KLM, Lufthansa y SAS, . Es algo que ocurre en todas las guerras, y también ocurre en todas las guerras que terceros operadores salgan a captar ese tráfico. En nuestro caso el más beneficiado fue Varig-Cruzeiro.
La acción del 2 de abril tomó por sorpresa a todo el sector aerocomercial, empresas, personal y pasajeros, que, de la noche a la mañana, descubrieron que su mundo había cambiado. Si lo pensamos bien, ocurrió lo que tenía que ocurrir, pero el problema fue que en nuestro país había muy poca experiencia directa en materia de conflictos bélicos, y eso se notó, en esto y en mil otras cosas.
La suspensión de los vuelos entre Argentina y Gran Bretaña no podía llamar la atención. Tampoco podía hacerlo el caso de Nueva Zelandia, que es una monarquía constitucional cuyo monarca es el del Reino Unido. El resto de los países europeos que tenían vuelos a la Argentina no tuvieron una actitud monolítica y actuaron a partir de la interna europea o sobre la base de algún grado de oportunismo. Algunos eran miembros de la OTAN y de la Unión Europea y otros no. No hubo un “reglamento” al respecto, y está claro que para SAS fue un buen pretexto para dejar de volar a un destino que no le interesaba (ver Escandinavos en fuga) y también está claro que Suiza hizo valer su posición estratégica de país neutral.[1]
Las empresas norteamericanas no dejaron de volar a la Argentina por motivos políticos, pero Braniff quebró en mayo de 1982, suspendiendo todos sus vuelos. Muy pronto esos servicios fueron tomados por Eastern.
Cuando la guerra terminó vino el duro trabajo de reparar los daños. La primera parte de la tarea fue diplomática, y comenzó bastante pronto, con variantes, porque no era lo mismo Gran Bretaña, que el resto de los países involucrados.
La empresa estatal se planteó la estrategia de ofrecer a sus pasajeros la posibilidad de volver a los destinos anteriores, y para ello armó una red de alianzas con empresas europeas que le permitió hacer una oferta que, salvo el requisito de hacer un trasbordo, era más grande que la de preguerra, pero no ofreció ninguna posibilidad de vuelos al Reino Unido. La oferta completa se presentó en julio de 1982 con un aviso a doble página de los diarios porteños, y la campaña se completó cada día de la semana, publicando avisos de menor tamaño con los destinos del día.

Varig-Cruzeiro respondió casi en seguida, buscando mantener lo que había ganado con la guerra, y también publicó grandes avisos en los diarios locales con su oferta internacional. Un tercero en discordia que hizo mucha inversión publicitaria en esos días en toda América —aunque por otros motivos— fue Eastern.

Los tejemanejes de las negociaciones diplomáticas siempre son complejos. La Cancillería tenía el objetivo principal de lograr apoyo en la Asamblea General de la ONU a la posición argentina en cuanto a la soberanía en las islas Malvinas y la autorización a la operación aerocomercial era un punto de negociación. Por otro lado trascendió en los diarios la versión de que la Fuerza Aérea objetaba el retorno de las empresas extranjeras porque consideraba que eso no favorecía a Aerolíneas.
Francia y Alemania fueron los países que más interesados se mostraron por normalizar las relaciones con la Argentina. A fines de 1982 firmaron acuerdos para la reanudación de las relaciones comerciales y los vuelos comenzaron en enero, aunque la autorización formal llegó en julio de 1983 (decretos 1.864 y 1.865).

Aerolíneas Argentinas, obviamente, también pudo retornar a aquellas tierras, y lo reflejó en su publicidad.

Las negociaciones con KLM se demoraron algo más, pero los servicios se reanudaron en 1984, con una frecuencia en vez de dos.
Las rutas de Aerolíneas Argentinas a Nueva Zelandia fueron más difíciles de reconstruir. La empresa argentina tenía claras intenciones de retornar a este destino, e incluso lo anunció en más de una oportunidad, pero la realidad la desmintió. Finalmente, el 17 de diciembre de 1984 volvieron los servicios a Oceanía.
Por último, hubo que esperar hasta enero de 1990 para que se restablecieran los servicios aerocomerciales con el Reino Unido por parte de Aerolíneas Argentinas y British Airways, que entretanto había absorbido a British Caledonian.

La reinauguración de estos vuelos fue la más espectacular, con gaiteros en Ezeiza y gran despliegue periodístico, pero también fue la más politizada, porque la publicidad que hizo entonces la empresa destacaba que “esto reafirma la iniciativa del Sr. presidente de la Nación, Dr. Carlos Menem, de apuntar al desarrollo y al progreso común de las naciones…”
NOTA:
[1] Desde la ruptura de relaciones entre Argentina y Gran Bretaña la embajada de ésta en Buenos Aires estuvo bajo el control suizo, con bandera suiza en su puerta. Swissair no dejó de volar a Buenos Aires y Aerolíneas Argentinas siguió volando a Zurich.