Alguien tiene que pagar

Solicitada de JURCA a propósito del impuesto docente aparecida en el diario Clarín el 30 de Noviembre de 1998 (archivo PLP).

En el entorno aeronáutico hay algunas “discusiones” que parecen eternas. Una de ellas es si los aviones y los servicios aéreos son objetos de lujo, algo difícil de responder y que no tenía la misma respuesta hace medio siglo que ahora.

Quizás podamos ponernos de acuerdo en que un jet privado de varios millones de dólares es un artículo de lujo, pero un avión utilitario, aunque se utilice para que viaje un estanciero, siempre estará en discusión.

Algo similar ocurre con el transporte aéreo. ¿Es algo para gente adinerada? La primera clase de los servicios internacionales, sin duda lo es, pero el servicio en sí, ¿qué es?

Por lo general es más caro un pasaje de avión que su equivalente por medios de superficie, y el avión, además, tiene algunos costos ocultos, como el transporte pre y post aéreo, pero lo cierto es que la diferencia no es tanta en función del aprovechamiento del tiempo que permite el avión. Los viajes aéreos de más de dos horas difícilmente pueden considerarse genéricamente caros.

Para redondear el concepto, digamos que los aviones, en todo el mundo, se llenan con las clases medias.

A fines de los años noventa había una tensión evidente, por la cuestión salarial, entre los docentes, organizados a través de sus sindicatos, y el gobierno menemista.

Esta situación llevó a que los trabajadores instalaran, el 2 de abril de 1997, una carpa frente al Congreso de la Nación como protesta en reclamo de mayores fondos para la educación (además hubo varios otros reclamos políticos). La protesta quedó en la historia como la “Carpa Blanca”, y fue la primera de varias otras carpas que vendrían después.

El presidente Menem pensó entonces que la solución era crear nuevos impuestos para destinarlos a la financiación de la educación, y así surgió un proyecto de ley que creaba un Fondo Nacional de Incentivo Docente, que sería cubierto con un impuesto anual sobre los automotores cuyo costo de mercado superara los cuatro mil pesos (un dólar era igual a un peso), motocicletas y motos de más de 200 centímetros cúbicos de cilindrada, embarcaciones y aeronaves, registrados o radicados en el territorio nacional. Era un impuesto de emergencia por cinco años.

La Carpa Blanca (foto Télam).

Evidentemente se buscó gravar algo que parecía ser suntuario: los autos a partir de cierto precio y las motocicletas a partir de cierta cilindrada, pero no hubo discriminación para buques y aviones, asumiendo que todos ellos eran suntuarios.

Por supuesto hubo protestas de todo tipo, porque nadie quería pagar un impuesto más, y una de las más notables fue la de Jurca, una entidad que siempre había mantenido un perfil bajísimo que, el 30 de noviembre de 1998, publicó en los diarios la solicitada que mostramos hoy.

Fue una de las poquísimas acciones conjuntas que unió a todas las empresas aéreas importantes del país (en ese momento Aerolíneas Argentinas, Austral, Dinar, LAPA y Southern Winds), al tiempo que se estaban preparando para competir en una temporada estival que prometía ser excelente.

Si bien es cierto que a nadie le gusta pagar impuestos, hay matices en el devenir de cada una de ellas. Aerolíneas Argentinas y Austral, en ese momento, estaba comenzando su tumultuoso matrimonio con American Airlines, y tenía una flota vieja y devaluada, Dinar también tenía aviones relativamente viejos, pero Southern Winds, y sobre todo LAPA, estaban armando flotas modernas, y veían el impuesto como una carga al progreso. LAPA estaba recibiendo sus primeros Boeing 737/700, y su presidente Gustavo Andrés Deutsch no dudó en declarar que la Argentina se convertiría en el basurero del mundo porque nadie traería aviones modernos.

No estaban solas. Las empresas de transporte de superficie también hicieron protestas por su lado, y hasta los taxistas se concentraron en el centro de la ciudad.

No hubo caso, y la ley 25.053 fue sancionada el 18 de noviembre de 1998. Hay que reconocer que muchísimos propietarios de vehículos no pagaron, y nunca pude averiguar qué hicieron las líneas aéreas.

Los salarios docentes mejoraron algo, pero como la protesta no era simplemente salarial sino que fundamentalmente era política, hubo que esperar a que el 10 de diciembre de 1999 asumiera como presidente Fernando de la Rua, una de cuyas primeras leyes fue la 25.239, promulgada el 30 de diciembre de 1999, que estableció un nuevo sistema de financiamiento de la educación y, entre otras cosas, derogó el impuesto a las aeronaves comerciales a partir del 1º de enero de 2000, con lo que la paz volvió a las empresas de transporte aéreo.

La carpa blanca fue desmantelada el 30 de diciembre de 1999. Había permanecido en la Plaza durante 1.003 días.


 

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