Austral: Comida a bordo

En 1963 Austral volaba en DC-6B, que eran más lentos que los Caravelle de Aerolíneas Argentinas, pero compensaba la diferencia con comida (Primera Plana, 7 de mayo de 1963).

Hubo un tiempo en que las comidas a bordo eran la regla en los vuelos domésticos de la Argentina, y las empresas competían por ofrecer las mejores mesas, pero no competían en materia de tarifas, que eran iguales para todos.

La costumbre de servir comidas y bebidas a los pasajeros aéreos se remonta a los primeros tiempos del servicio aerocomercial. Paul Codos, un piloto de la aerolínea francesa Air Union, probablemente la primera empresa que estableció un servicio aéreo sobre el canal de la Mancha con horario y lo cumplió, cuenta en sus memorias que, en su afán de ser más puntuales que los ingleses, salían en cualquier condición meteorológica, y que los vuelos estaban plagados de sobresaltos, entre los que se encontraba el pánico de los pasajeros. Para tranquilizarlos, los pilotos —en una época en que nadie pensaba en glamorosas azafatas— optaron por darles abundantes bebidas alcohólicas y así lograban que se durmieran o no prestaran atención a lo que sucedía a su alrededor. Pasajero borracho, pasajero que no molesta, por lo menos a principios de los años veinte.

Las costumbres evolucionaron. Durante los años treinta los servicios de Pan American, que competían con los grandes buques, eran decididamente lujosos, al punto que el avión se acondicionaba para que hubiera un verdadero salón restaurante, algo que se fue modificando en la postguerra para que hubiera solamente un bar: el subsuelo del Boeing Stratocruiser era eso, y la planta alta de los primeros Boeing 747/100, también.

Comida de autor en los vuelos de Austral, aviso publicado en agosto de 1968.

Pero la popularización de los vuelos, impulsada por la competencia en tarifas hizo que los servicios gastronómicos se fueran reduciendo con el tiempo. Los charteros del Atlántico Norte en los años sesenta y sir Freddie Laker tuvieron bastante que ver en esto, pero hubo muchos otros.

En la Argentina la oferta de comida comenzó en 1924, cuando la Compañía Rioplatense de Aviación entregaba una canasta con un lunch a los pasajeros que lo solicitaban. Aeroposta Argentina no tuvo servicio de a bordo, pero en algunas escalas se servían comidas y refrigerios a los pasajeros. Aerolíneas Argentinas nunca tuvo una gastronomía espectacular, y éste fue uno de los campos en que ALA y Austral plantearon la competencia: en los vuelos de las empresas privadas el catering era mejor y más abundante, y éstas se encargaron de decirlo.

En 1968, cuando ya todos los pasajeros sabían que en Austral se comía mejor que en Aerolíneas Argentinas, la empresa privada duplicó la oferta, y empezó a ofrecer comida de autor, promocionando a su chef, Federico Bücker.

En la década de 1970, en la que se desarrolló una guerra sin cuartel entre la empresa estatal y la privada, la publicidad de ésta, por momentos, parecía más de un restarurante que de una línea aérea, cada vuelo tenía su menú, y lo que se servía era bueno y abundante.

“La mejor comida”. No hay dudas. Publicado en La Nación del 21 de febrero de 1977.

El punto culminante de este esfuerzo de marketing llegó con verdaderas parrilladas, servidas en los horarios de almuerzo de algunos vuelos. Estaban prehechas y se calentaban en los hornos del avión, pero aun así llenaban la máquina de olor, y debieron ser suspendidas por la presión de las TCP, que no soportaban que su ropa quedara impregnada. Entonces quedó demostrado que la idea era buena, porque la ocupación de esos vuelos cayó.

Esta larga campaña publicitaria más gastronómica que aeronáutica se cortó en gran medida en el invierno de 1978, cuando la empresa cambió de imagen, lanzó su lema confort plus y poco después incorporó los primeros DC-9/50. A pesar de este cambio, los platos siguieron siendo generosos. Había un vuelo que salía temprano de Aeroparque para tocar Bahía Blanca, Trelew, Comodoro Rivadavia y Río Gallegos. En cada tramo se servía algo y, salvo el último, todo era abundante.

Aviso publicado el 28 de septiembre de 1978 en La Nación, ya con la nueva imagen, pero todavía con el BAC-111 como avión insignia. El tema gastronómico ha desaparecido.

En 1980 los sectores nacionalistas del gobierno lograron llevar a Austral a la bancarrota pero, en vez de desaparecer, fue comprada por el Estado y pasó a estar administrada por el Ministerio de Economía, que trató de levantar los conceptos de eficiencia y servicio que había tenido la antigua empresa privada. En este proceso, la publicidad con alusiones directas a la comida volvió alrededor de 1982.

Se comía mucho en los vuelos de Austral. Este aviso, que hace un juego de palabras que hoy sería inaceptable, fue publicado en la revista Visión del 31 de octubre de 1983.

Descubre más desde Gaceta Aeronautica

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo