Aviones para elegir

El aviso a doble página de Pan Am publicado en Selecciones del Reader’s Digest en octubre de 1951 (imagen: archivo Pablo Luciano Potenze).

El aviso que hoy comentamos, publicado en Selecciones del Reader’s Digest de octubre de 1951, en estos tiempos sería imposible, impensable. La razón es muy sencilla, ninguna aerolínea grande podría mostrar que tiene cuatro proveedores distintos de aviones. Y menos mostrar que esos proveedores sean norteamericanos.

A lo sumo podrá decir que tiene dos, Boeing y Airbus. Sólo en el mercado por debajo de los cien asientos hay verdadera competencia entre varios fabricantes. Esa es la realidad que, posiblemente, sea buena para los accionistas de Boeing y Airbus, pero quizás no lo sea para el resto de la humanidad, empezando por los pasajeros y las líneas aéreas.

Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial la industria aeronáutica norteamericana era muy grande e importante, y no tenía parangón en el mundo. Como ocurre con las industrias bélicas cuando llega la paz, en 1945, entró en una crisis de cierta envergadura, pero la superó mirando hacia el futuro, ofreciendo a sus clientes nuevos modelos que incorporaban toda la tecnología desarrollada durante el conflicto.

Así aparecieron nuevos transportes más grandes, más veloces, que podían llegar más lejos y volar más alto. La presurización se hizo mandataria, y aparecieron muchos refinamientos en materia de motores e instrumental.

Cinco fabricantes salieron a disputarse el mercado, que estuvo dividido en dos sectores, los aviones de gran alcance, y los de corto radio, más pequeños. En el primer grupo estuvieron Boeing, Douglas y Lockheed, y en el segundo Convair y Martin. Los transportistas de aquel entonces tenían, en Estados Unidos, proveedores para elegir, y este aviso es la prueba.

Martin fue la primera en abandonar. Su modelo 2-0-2, a poco de entrar en servicio, sufrió un accidente y debió ser retirado de servicio para recibir modificaciones estructurales (2-0-2A) y ser reemplazado poco después por el modelo 4-0-4, presurizado, que no tuvo gran aceptación.

Pero los otros cuatro fabricantes serían, durante muchos años, los puntales de la industria, y propondrían permanentemente nuevos modelos o mejoras a los ya existentes.

¿Qué pasó después? Los desarrollos de aeronaves se hicieron más caros después de la crisis petrolera de 1973, y los fabricantes norteamericanos se hicieron conservadores. Innovaron con menos entusiasmo y lentamente dejaron de competir, incluso con sus propios modelos. El DC-9 se fabricó durante 34 años, el 737 ya lleva 45, y el Jumbo 44. Es cierto que hubo muchas mejoras en el medio, pero son los mismos aviones, se venden bien, y nadie piensa en tomar riesgos para hacer otra cosa. Sin competencia la innovación se adormece.

Desde el punto de vista financiero, puede explicarse por qué las empresas dejaron de fabricar aviones comerciales. Desde el punto de vista de una economía enfocada al mercado es más difícil, pero lo cierto es que así Boeing se convirtió en el gran monopolio norteamericano, con un avión para cada necesidad, es cierto, pero todo bajo un único paraguas.

En Europa las cosas fueron parecidas. Con una participación mucho más visible de los estados, quedó un solo fabricante, Airbus.


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