
Durante la Segunda Guerra Mundial se fabricaron, según las fuentes, entre 13.000 y 16.000 aviones de transporte Douglas C-47 y C-54. La mayor parte de ellos fueron luego convertidos en aviones civiles (DC-3 y DC-4), y fueron la base de las flotas de casi todas las empresas aerocomerciales que actuaron en la inmediata postguerra.
Esos aviones fueron pensados como máquinas civiles, que se modificaron levemente para ser transportes militares, por lo que su reconversión a equipos civiles fue sencilla. Básicamente se modificaron las puertas y el piso de la cabina, agregándose los asientos que no tenían los cargueros. En el caso del DC-3, la máquina tuvo una exitosa carrera en las aerolíneas norteamericanas previa al conflicto, pero el DC-4, que nació en 1942, prácticamente no fue fabricado para el mercado civil, y casi todos fueron conversiones.
Los excedentes de guerra se vendieron muy baratos, lo que explica el entusiasmo de los operadores por estas máquinas, que además eran rendidoras, tenían pocos problemas mecánicos y —un detalle fundamental— Douglas continuó entregando repuestos y dando servicio para garantizar la operación, lo que resultó un excelente negocio para todos.
Al mismo tiempo Douglas fracasó con las dos propuestas que hizo para reemplazar el DC-3 con un avión nuevo, ya que el DC-5 (de 1939) y el Super DC-3 (de 1949, ver Las equivocaciones de Douglas) fracasaron. Tampoco tuvo éxito con la propuesta de un avión más grande, que fue el DC-4E de 1938.
Objetivamente, los excedentes de guerra y su servicio salvaron a la empresa en los años de la inmediata postguerra, un momento dificilísimo para todos los fabricantes, que vieron desaparecer sus pedidos militares.
La gran propuesta posterior a 1945 del fabricante de Long Beach fue el DC-6, que era una versión agrandada y presurizada del DC-4, que voló por primera vez en 1946 y tuvo muy buena acogida por parte de los operadores, pero con cifras de producción que no se acercaron a las de la época del conflicto. De todas sus versiones se hicieron alrededor de 700 ejemplares en doce años de producción.
Así las cosas, el imperativo era vender el DC-6, pero el prestigio y el conocimiento de la fábrica estaba basado en los modelos anteriores.
Douglas descubrió que, en esos años, la cantidad de pasajeros que volaban en sus aviones duplicaba a la de todos los demás fabricantes juntos, y utilizó ese argumento para posicionar a la marca, realizando diversas campañas publicitarias en las que se destacaba la modernidad del DC-6, pero siempre asociada al prestigio de sus antecesores.
