Cargas perdidas

carga aérea
El aviso publicado en el antiguo diario Tiempo Argentino del 25 de septiembre de 1986.

Las cargas y los equipajes perdidos son un tema recurrente para las líneas aéreas, que no siempre resuelven las búsquedas frenéticas por todo el mundo, los seguros, los juicios o los arreglos extrajudiciales.

Es cierto que en la mayoría de los casos lo perdido termina apareciendo, y que las empresas han mejorado su capacidad para seguir a las mercancías de modo notable en la última década, a partir de sistemas informatizados de seguimiento, pero el problema, aunque atenuado, subsiste.

La cuestión tiene varios matices, que van desde las cargas o equipajes perdidos o robados a fraudes diversos, algunos muy imaginativos, hasta con cargas o valijas que jamás fueron despachadas.

En la Argentina la historia es larga, y ha dado lugar a diversos hechos, muy difundidos en algunas oportunidades por la prensa, y hasta a la creación de una palabra específica, “abrevalijas”, que designa al personal aeronáutico que durante su jornada laboral abre los equipajes de los pasajeros y sustrae diversos elementos. La tecnología les ha dado a estos delincuentes una herramienta inigualable, que son los rayos X, provistos en los aeropuertos para detectar materiales prohibidos, pero que también pueden usarse para detectar elementos atractivos para los delincuentes. Hasta chocolatines se llegaron a sacar de las valijas en Ezeiza, por no hablar de cosas de mayor precio.

Como ocurre más de una vez, cuando la justicia no llega —o no puede llegar por diversos motivos—, la alternativa que le queda a la víctima es negociar con los delincuentes, algo que puede ser éticamente objetable pero que, perdido por perdido, puede ser el único modo de recuperar el quebranto.

Por lo general estas negociaciones son muy reservadas, y se busca darles la menor trascendencia posible. Nadie publicaría en los diarios la noticia de una transacción con una sociedad criminal.

O quizás sí. El aviso que mostramos hoy, que fue publicado en el antiguo diario Tiempo Argentino del 25 de septiembre de 1986, es un llamado clarísimo a negociar con los delincuentes, aunque habla de mercadería “extraviada” y gratificación. Habían pasado veinticinco días desde la pérdida, un plazo razonable para dar por cerradas las negociaciones “legales”.

No sabemos qué pasó después, pero es un caso raro. No porque estas cosas no se hagan, sino porque no se publican en los diarios.


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