
El reclutamiento militar, que es algo muy distinto de la búsqueda civil de personal, es una tarea que siempre fue primordial en las fuerzas armadas de todo el mundo. Históricamente ha conocido períodos muy duros, parecidos a la caza de esclavos, y con el tiempo fue evolucionando hacia servicios obligatorios o electivos.
La publicidad de reclutamiento, a partir de comienzos del siglo XX, es un clásico, con mensajes diversos a lo largo del tiempo, en los que han alternado sentimientos patrióticos, desarrollo profesional, espíritu de aventura, y, en el caso de las fuerzas aéreas, la posibilidad de tripular aeronaves únicas.
La Fuerza Aérea Argentina nació en 1945 como arma independiente, y desde enero de 1948 publica su Revista Nacional Aeronáutica (hoy Aeroespacio), un medio de divulgación que ha conocido muchas épocas, pero que siempre expresó de modo oficioso la opinión del arma, y promocionó sus actividades.
Otra dependencia fundamental de la Fuerza era, en aquel entonces, la Fábrica Militar de Aviones. Si bien es cierto que en esos años no se sabía con certeza si era una fábrica de aviones o de automotores, o quizás un club de ingenieros expatriados con buena infraestructura y razonable financiamiento, lo concreto es que era administrada por el arma. Si la Revista hubiera sido Flight u otra revista inglesa, seguramente todas sus tapas hubieran mostrado aeronaves nacionales, existentes o en proyecto, pero aquí las cosas fueron muy distintas, porque la mayor parte de los lugares destacados los ocuparon productos extranjeros. Si se mira bien, la relación entre la Fábrica y la revista fue extraña en esos años.
También podría pensarse que en una publicación de este tipo, que se distribuía en todo el país y los entusiastas del tema podían conseguir fácilmente en cualquier kiosco, el tema reclutamiento estaría a la orden del día, pero tampoco fue así, recién en abril de 1950 apareció en una página interior un aviso de los institutos de la Fuerza, sin ningún atractivo, que se repitió en algunos números, y hubo que esperar hasta septiembre de 1952 para que apareciera en la contratapa un aviso bien estructurado de la Escuela de Aviación Militar.

Nadie puede negar que el Pulqui II fue un programa muy interesante para la Argentina de los años cincuenta. Voló por primera vez en junio de 1950 y, como no podía ser de otro modo para un proyecto de avanzada en el medio en que estaba implantado, tuvo un desarrollo complejo. En febrero de 1951 la máquina fue presentada en Buenos Aires ante Perón, y el hecho logró una gran repercusión popular. El Pulqui II era uno de los símbolos de la “nueva Argentina”.
Pero en mayo de 1951 y octubre de 1952 hubo dos accidentes en los que murieron los pilotos y se destruyeron las máquinas. En 1953 se construyó un nuevo prototipo, que voló probablemente en agosto de ese año, continuando el programa de pruebas, interrumpido por falta de aviones.
Contemporáneamente, en el número de septiembre de 1953 de la Revista, apareció en la contratapa un aviso de reclutamiento en el que se ve la silueta del Pulqui II con un cartel en el que se lee en tipografía destacada “Triunfará”.
Si se lee con cuidado todo el texto (incluyendo lo que hay dentro de la silueta que es la repetición de la frase “ingrese en la aeronáutica militar”) podría suponerse que el triunfo sería del aspirante que ingresara en la Fuerza, lo que es un adelanto muy importante en el mensaje, que nunca antes había ofrecido un éxito personal a los ingresantes.
Pero el trasfondo era otro. El programa Pulqui II había sufrido inconvenientes de todo tipo, hacía un año que ni siquiera había un avión para continuar los vuelos de pruebas, y en ese momento recomenzaba el trabajo con un nuevo prototipo. Fue un voto de confianza público de la Fuerza a su producto.
