No es habitual que un medio aeronáutico recuerde a un presidente de los Estados Unidos, pero en este caso pensamos que, de no haber sido por él, la aviación del siglo XXI sería otra cosa.
Jimmy Carter llegó a la presidencia en 1977, después de haber sido gobernador de Georgia, y su gestión se destacó por su preocupación por temas como la política energética, los derechos individuales, la educación y el comienzo de la política de no discriminación de los homosexuales.
En materia internacional, se lo recuerda por los acuerdos de Camp David, los tratados con Panamá que concluyeron con la devolución del canal, la segunda ronda de los tratados de limitación de las armas nucleares estratégicas y el establecimiento de relaciones diplomáticas con China. También se mostró como defensor de los derechos humanos, motivo por el que tuvo algunos conflictos con Argentina durante el gobierno militar.
El final de su mandato estuvo marcado por la crisis de los rehenes en Irán, que no pudo resolver, la escasez de combustible y el comienzo de la invasión soviética a Afghanistán.
La Deregulation Act
El sistema de transporte aéreo en Estados Unidos, después de algunos ensayos y errores, fue establecido durante los años treinta. En 1940 se creó el Civil Aeronautics Board (CAB) con la filosofía de que el transporte aéreo era un servicio de utilidad pública, que exigía una reglamentación distinta de la libertad de competencia. Su acción desarrolló el mercado en base a una protección disimulada, controlando la competencia, permitiendo subsidios cruzados (las líneas rentables pagaban los déficits de las que no lo eran, que se imponían como cargos), y regulando las tarifas. A partir de esto crecieron los “cuatro grandes” (American, Eastern, TWA y United) a los que se agregaba Pan American que sólo volaba en el ámbito internacional. Con el tiempo se abrió un poco el sector internacional y se agregaron algunas otras empresas de cierta importancia, pero el sistema tuvo pocos cambios hasta principios de los años setenta. En ese momento apareció Laker con su oferta de tarifas reducidas, y comenzó un reclamo por un cambio de reglas, que pronto estuvo en el centro de la discusión del ambiente académico y luego pasó al político. Los argumentos centrales eran que el transporte aéreo podía soportar una libre competencia similar a la de cualquier actividad, y que los defectos de ésta eran menos perniciosos que los de la reglamentación.Y
aquí entró en acción Jimmy Carter, que nombró director del CAB al profesor Alfred E. Kahn, firme defensor de la desregulación, que inmediatamente empezó a tomar medidas en ese sentido. En 1978 el organismo logró que la IATA flexibilizara su sistema de tarifas internacionales.

El último paso fue la ley, conocida como Deregulation Act, firmada por Carter el 24 de octubre de 1978, que dividió el transporte aéreo de pasajeros en un antes y un después. Básicamente, establecía que cualquier empresa norteamericana, con sólo solicitarlo y tras un trámite mínimo, podía lograr autorización para explotar nuevas rutas, pero manteniéndose las normas que impedían eliminar unilateralmente líneas sin que otro operador se hiciera cargo de las mismas. En materia de tarifas se autorizaban reducciones de hasta un 50 % con respecto a las vigentes, salvo que el CAB considerara que se producía una competencia desleal. Para lograr aumentos de hasta un 5%, también había una intervención del CAB para demostrar que no había un monopolio.
La puesta en marcha del nuevo sistema se realizaría en un período de seis años, al final del cual el propio CAB desaparecería, aunque independientemente de esto se mantuvieron los subsidios para ciertos servicios de interés social.
La idea de la desregulación se expandió por el mundo, y logró que el transporte aéreo creciera como nunca lo había hecho, con más empresas, más pares de ciudades servicios y, sobre todo, mejores tarifas para los pasajeros.