La confianza

Cuando vi este aviso de ferrocarriles ingleses que operaron en la Argentina, publicado en La Prensa del 25 de enero de 1940 (hace casi 75 años), sentí una extraña sensación, porque inmediatamente pensé que ninguna empresa aerocomercial argentina se atrevería hoy a hacer una apelación semejante.

Los ferrocarriles decían con una sonrisa “confíenos su equipaje”, y agregaban que se podría transportar todo el equipaje que se quisiera. Las empresas garantizaban que ese equipaje llegaría en tiempo y forma.

Esto se lograba con un sistema ferroviario muy parecido al aeronáutico. En las estaciones había un lugar donde se entregaban las valijas —que en aquella época eran más parecidas a baúles—, el pasajero recibía un recibo, y a partir de allí el transportista se encargaba de todo. Los bultos eran llevados al furgón del tren, de donde eran descargados en la estación de destino, y el pasajero los retiraba en una oficina especial con el recibo. Todo era bastante rápido, y el personal de la empresa ferroviaria se encargaba de la operación en su totalidad. Adicionalmente, los trenes tenían capacidad para albergar todo el equipaje

Hoy con un procedimiento muy parecido, los pasajeros aéreos entregan sus equipajes con temor, y no están tranquilos hasta que no abren sus maletas en destino y comprueban que no falta nada. Es cierto que en la inmensa mayoría de los casos no hay sobresaltos, pero la tasa de agresiones al equipaje, maltratos, roturas, robos es elevada, y con demasiada frecuencia los medios de comunicación informan sobre bandas bien estructuradas que abren valijas en los aeropuertos. El tema tiene trascendencia internacional, y ha llegado a los más altos estrados de la IATA (ver Demasiadas valijas plastificadas).

Adicionalmente, muchas veces los aviones no tienen capacidad para transportar todo el equipaje, o porque llevan otra cosa o porque las limitaciones de los aeropuertos impiden despegar con carga máxima.

Una diferencia importante entre los trenes de entonces y los aviones de hoy es que aquéllos prestaban todo el servicio, sin tercerizar nada, mientras que ahora una valija desde que sale hasta que llega es manipulada por diversas empresas que la tratan según distintos convenios colectivos de trabajo.

Es un tema a analizar, pero esta realidad no la podemos atribuir a un trabajador tercerizado más o menos, hay una involución que no se puede ocultar.


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