
No me gusta el análisis deportivo del negocio aéreo, ése que cuenta morbosamente cuántos aviones venden Boeing y Airbus para sacar conclusiones, por lo general, inconsistentes. Pero este aviso, publicado en la revista argentina especializada Aviación y Astronáutica de marzo-abril de 1965 me planteó una pregunta que puede parecer deportiva ¿Cómo y cuándo empezó Estados Unidos a perder el liderazgo absoluto que tenía en materia de industria aérea?
Podrá decirse que tan absoluto no era, porque los ingleses y los soviéticos estuvieron en algún momento por delante en materia de jets, pero eso fue algo efímero. Los aviones que se vendían eran norteamericanos, mientras que sus competidores no pasaban de hacer experimentos. El único avión europeo comercial exitoso fue el Viscount, mientras que de este lado del Atlántico Douglas, Lockheed y Convair lideraron la era del pistón y luego Boeing, la del jet.
En materia militar, salvando las distancias, las cosas eran parecidas.
Pero hay que reconocer que los europeos nunca se rindieron, y siguieron experimentando y buscando oportunidades que no abundaban. Es impresionante la cantidad de prototipos distintos que se desarrollaron en Francia y Gran Bretaña durante los años cincuenta y sesenta. Pocos llegaron a las líneas de producción, y una cantidad ínfima llegó a exportarse, muchas veces con financiaciones o condiciones de intercambio muy favorables. Los Comet de Aerolíneas Argentinas estuvieron en esta lista.
Con el mundo aeronáutico bajo control, el liderazgo norteamericano se trasladó al espacio, y en 1961 el presidente Kennedy hizo su famoso anuncio de que en esa década un norteamericano pisaría la luna.
Entonces ocurrió lo no estaba en los cálculos de nadie, pero era posible. En enero de 1962 los soviéticos anunciaron que se habían embarcado en lo que luego sería el Tu-144 y, en noviembre, franceses e ingleses anunciaron que construirían el Concorde. Ambos eran aviones supersónicos que volarían a mach 2/2,35 llevando unos cien pasajeros.
Los norteamericanos no tenían nada parecido, pero la cosa era mucho más grave, porque sus competidores habían “marcado la cancha” de modo contundente. Los dos proyectos estaban en el límite de lo que podía ser un avión de aluminio convencional, y cualquiera que quisiera hacer algo más veloz tendría que vérsela con otros materiales, lo que significaba costos siderales.
De un modo indisimulado la industria norteamericana pidió subsidios para competir con los europeos, lo que se resolvió por un concurso de diseño que desarrolló entre 1964 y 1966 en el que participaron North American, Lockheed y Boeing (Douglas ya había iniciado su decadencia) y fue ganado por Boeing con un modelo que originariamente se conoció como Boeing SST y luego 2707, aunque tuvo otros nombres.
Era un avión muy superior a cualquiera que se hubiera ideado hasta entonces. Volaba a mach 2,7, podía llevar 250/300 pasajeros (fue el primer jet de dos pasillos diseñado en serio), tenía un alcance de casi 7.000 kilómetros e incorporaba dos novedades importantes: estaba construido en acero inoxidable[1] y tenía alas de flecha variable. Estados Unidos podía sentirse nuevamente a la vanguardia.
Pero las cosas no funcionaron. Boeing no pudo solucionar algunos temas técnicos (entre ellos el peso total de la aeronave y el ala de flecha variable, que fue descartada). Los ambientalistas plantearon una oposición férrea, y finalmente el avión resultó muy costoso y nunca terminó de convencer a las líneas aéreas.
Cuando fue evidente que los jets supersónicos eran inviables, los norteamericanos cancelaron el proyecto en 1971, mientras que sus competidores siguieron en carrera, más como cuestión de prestigio y desarrollo tecnológico que como negocio. El Tu-144 y el Concorde entraron en servicio en 1975 y 1976, respectivamente.
El aviso es de la época en que el concurso todavía no estaba adjudicado. No dice una palabra del problema del ruido, pero muestra un producto maravilloso y un fabricante que ha solucionado todos los problemas inherentes al vuelo supersónico práctico. Fue una ilusión que fracasó, pero después vino el Jumbo.
Nota:
[1] El único antecedente de avión de transporte de acero inoxidable fue el Budd Conestoga, un desarrollo de la guerra, que entró en servicio en 1943 en la US Navy; terminado el conflicto fueron vendidos y constituyeron la flota inicial de la empresa carguera Flying Tigers. Estuvo muy lejos de ser un gran avión.