La estratósfera

Carlos Menem en un cohete espacial. Caricatura de Hernández en Ámbito Financiero del 7 de marzo de 1996.

«Dentro de poco tiempo se va a licitar un sistema de vuelos espaciales mediante el cual, desde una plataforma, que quizá se instale en Córdoba, esas naves van a salir de la atmósfera, se van a remontar a la estratósfera, y desde ahí elegirán el lugar donde quieran ir, de tal forma que en una hora y media podremos estar en Japón, Corea o en cualquier parte del mundo y, por supuesto, más adelante, en otro planeta si se detecta vida».

Estas palabras forman parte de un discurso pronunciado por el presidente Menem, el 4 de marzo de 1996, en una escuela de Tartagal, con motivo de la apertura del ciclo lectivo. La prensa del momento repitió el párrafo por todas partes, lo que llevó el desconcierto de la población en general y, sin muchas más explicaciones, esto quedó como uno de los habituales desvaríos del presidente, pero algo había detrás.

En primer lugar, hay que prestar atención al texto completo del discurso. El tema principal fue la necesidad de hacer cambios en la educación para alcanzar los conocimientos que serían necesarios en el futuro y desde ese punto trajo a colación la cuestión de los viajes espaciales. Dijo seguidamente que recientemente había recibido a una multinacional que ya estaba operando en la Argentina (todo indica que fue Lockheed Martin Argentina) que estaba constituyendo una sociedad con otras empresas “de afuera y de Argentina”, en relación con esto.

La NASA

El programa del transbordador espacial comenzó en 1969 y los vuelos operativos se hicieron a partir de 1982. En total se realizaron 135 hasta 2011. La idea central del programa era que, con una máquina reutilizable, sería posible la colocación de satélites de órbita baja y trasladar astronautas a estaciones orbitales de modo económico, pero los costos del Space Shuttle nunca fueron lo que se había pensado.

Por este motivo, alrededor de 1994, la NASA lanzó un programa de lanzadores reutilizables (RLV), que daría lugar al desarrollo del X-33, pensado como un demostrador de nuevas tecnologías que permitieran entregar cargas espaciales con menores gastos y servir de base para futuros emprendimientos comerciales.

Lockheed Martin, McDonnell Douglas y Rockwell presentaron propuestas, siendo elegida la primera. El objetivo era realizar un primer vuelo en 1999 y tener un lanzador espacial operativo en 2005.

El Lockheed Martin X-33 (imagen Lockheed Martin).

Lockheed Martin pensaba que este proyecto podría ser la base de un modelo comercial que, siguiendo la tradición estelar de la firma, fue bautizado Venture Star. De haberse construido, hubiera sido el primer dispositivo suborbital de transporte de personas a grandes distancias, exactamente lo que anunció Menem.

Pero el programa X-33 presentó problemas insolubles con la tecnología del momento, sobre todo con el tanque de combustible para hidrógeno realizado en materiales compuestos, y el proyecto fue cancelado en 2001.

Imagen comparativa del X-33 (izquierda) y el Venture Star (derecha) (imagen NASA).

La NASA, visto el fracaso de este proyecto, decidió tercerizar los lanzamientos de cargas espaciales a órbitas bajas a la empresa privada Space X, que llegó a la Estación Espacial Internacional con el cohete Dragon en 2012.

Argentina en el espacio

La Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales (CNIE), primer organismo en la materia, fue creada en 1961, en el ámbito de la Fuerza Aérea Argentina.

La CNIE, realizó diversas investigaciones y desarrolló diversos cohetes-sonda de una y dos etapas, con los que se realizaron lanzamientos desde Chamical, La Rioja, con cargas útiles científicas. Hacia 1969 la Comisión comenzó a estudiar la construcción de un lanzador satelital, plan que no pasó a mayores.

Lanzamiento del cohete Alfa Centauro en 1961. Fue desarrollado por la CNIE y fue el primer cohete lanzado en Sudamérica. Alcanzó una altura de 20 kilómetros (imagen archivo).

Al mismo tiempo la Fuerza Aérea estaba interesada en construir cohetes de uso militar, y en 1979 se aprobó un plan secreto para desarrollar un vector de uso mixto, civil y militar que se llamaría Cóndor II  y en 1979 se inició la construcción de instalaciones en Falda del Carmen para fabricarlo. Se seleccionaron diversos proveedores a nivel mundial y el desarrollo siguió hasta la Guerra de Malvinas, cuando se generó un embargo internacional que llevó a reconsiderar el proyecto, que se fue haciendo cada vez más militar y recibió socios menos confiables para occidente. Finalmente, antes de terminar el primer prototipo completo, las presiones de Estados Unidos hicieron que el programa fuera totalmente desactivado y sus partes exportadas entre 1990 y 1991.

Como consecuencia de esto hubo una reorganización importante de la industria aeroespacial del país, creándose la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), con control civil. Este organismo heredó prácticamente todas las actividades espaciales que llevaba adelante la Fuerza Aérea.

A fines de 1994 el Decreto 2076/94 dio forma al Plan Espacial Nacional y sus acciones previstas para el período 1995-2006, que incluía “el enlace regular con satélites internacionales de observación, la construcción y puesta en órbita de varios satélites artificiales propios para diversos propósitos y la realización de estudios tendientes a la exploración y explotación del espacio ultraterrestre”. También preveía misiones espaciales científicas de investigación, teleobservación para el mejor uso de nuestros recursos naturales para la preservación del medio ambiente y la prevención de catástrofes naturales. Por último, se habla del desarrollo y puesta en órbita de satélites para telecomunicaciones de órbita baja.

Maqueta del satélite Saocom en las oficinas de INVAP en Bariloche (imagen Pablo Luciano Potenze).

La principal herramienta prevista para llevar adelante este plan fue la CONAE, que encararía sus tareas “vinculándose activamente con sectores empresarios, públicos y privados u organizaciones de investigación, desarrollo tecnológico y docencia”.

Varios objetivos de este plan se cumplieron (SacB, Saocom, capacitación, infraestructura, asociaciones). Es de destacar que no hace mención alguna a todo lo que significaría el proyecto X-33 ni al transporte de pasajeros por vía suborbital.

Pero era la política definida que estaba en vigor cuando Menem hizo su famoso anuncio en Tartagal.

Lockheed Martin

La Fábrica Millitar de aviones fue privatizada en 1995, pasando a ser controlada por la norteamericana  Lockheed Martin Aircraft, que en ese momento estaba trabajando en el desarrollo del X-33. El primer contrato concreto fue para realizar en Córdoba la actualización de los A4-AR.

Pero obviamente estaba pensando en otros negocios, y así fue que, presumiblemente a principios de 1996, la CONAE firmó una carta de intención con Lockheed Martin Skunk Works, para la participación argentina en el proyecto X-33 de la NASA.

En este estado estaban las cosas cuando Menem hizo su famoso anuncio de Tartagal. La historia nos muestra que así como el X-33 fue cancelado en Estados Unidos, en Argentina —aparentemente— no se hizo nada por el mismo, pero el Decreto 176/1997, firmado el 27 de febrero de 1997, convalidó la carta de intención firmada un año atrás (ni el decreto ni la carta se publicaron).

La CONAE volvió a pensar en vectores espaciales, y en 1998 creó la empresa Vehículo Espacial de Nueva Generación (VENG SA), totalmente controlada por la Comisión. En 2007 se produjo el primer lanzamiento de la serie Tronador de cohetes sonda, a la que seguirían los suborbitales VEx.

La empresa estatal VENG, creada en 1998, de alguna manera, es la heredera de los anuncios de Menem.

 

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